NUEVA YORK,EE.UU./ DIARIO DE SALUD.- La semaglutida, principio activo de medicamentos como Ozempic, Wegovy y Rybelsus, es conocida por su uso en diabetes tipo 2, control de peso y reducción de ciertos riesgos cardiovasculares en poblaciones específicas. Ahora, un estudio publicado en Nature Communications sugiere que este fármaco también podría influir en algunos procesos biológicos asociados al envejecimiento.
La investigación ofrece la primera evidencia aleatorizada, doble ciego y controlada con placebo en humanos de que la semaglutida puede modificar marcadores epigenéticos relacionados con el envejecimiento biológico en adultos que viven con VIH y presentan lipohipertrofia, una condición caracterizada por acumulación anormal de grasa, especialmente abdominal.
El estudio fue liderado por investigadores de la Universidad de California en San Diego y colaboradores de otras instituciones. El primer autor es Michael J. Corley, profesor asociado de la Facultad de Medicina de UC San Diego y del Instituto Stein para la Investigación sobre el Envejecimiento.
Los investigadores analizaron datos de un ensayo clínico previo en el que participaron 108 adultos con lipohipertrofia asociada al VIH. Aproximadamente la mitad recibió semaglutida una vez por semana durante 32 semanas, mientras que el resto recibió placebo.
Para medir el envejecimiento biológico, el equipo utilizó varios relojes epigenéticos. Estas herramientas estiman cambios relacionados con la edad a partir de patrones de metilación del ADN, es decir, marcas químicas que influyen en cómo se activan o silencian genes sin alterar la secuencia genética.
Las personas que viven con VIH pueden experimentar envejecimiento biológico acelerado, incluso cuando el virus está bien controlado con terapia antirretroviral. Este fenómeno se ha relacionado con inflamación persistente, activación inmunitaria crónica, alteraciones metabólicas y mayor riesgo de enfermedades asociadas a la edad.
En comparación con el grupo placebo, los participantes tratados con semaglutida mostraron una señal de envejecimiento biológico más lento en múltiples relojes epigenéticos. Según UC San Diego, los cambios estuvieron vinculados a procesos relacionados con inflamación y salud de sangre, cerebro, corazón, riñones, hígado y metabolismo.
Uno de los resultados más llamativos se observó con DunedinPACE, un reloj epigenético que estima el ritmo de envejecimiento biológico. En ese marcador, la semaglutida se asoció con una reducción aproximada del 9 % en el ritmo de envejecimiento.
El estudio también encontró cambios favorables en PCGrimAge, un reloj epigenético relacionado con procesos biológicos asociados a enfermedades vinculadas con la edad y riesgo de mortalidad por todas las causas.
Estos hallazgos no significan que la semaglutida “revierta” el envejecimiento ni que rejuvenezca a una persona. Lo que sugieren es una posible desaceleración de algunos marcadores moleculares asociados al envejecimiento, en una población específica y bajo condiciones controladas de investigación.
Los investigadores creen que el efecto podría explicarse por varias vías. Los medicamentos GLP-1 mejoran parámetros metabólicos, reducen peso y grasa visceral, y pueden disminuir señales inflamatorias. En personas con VIH, donde la inflamación crónica y la disfunción metabólica pueden contribuir al envejecimiento acelerado, estos efectos podrían tener relevancia especial.
La grasa visceral, ubicada alrededor de órganos internos, no es solo una reserva de energía. También puede funcionar como un tejido metabólicamente activo que libera señales inflamatorias. Reducirla podría disminuir parte de la carga inflamatoria que acelera procesos asociados a enfermedades crónicas.
Corley señaló que datos emergentes sugieren que los fármacos GLP-1 podrían reprogramar ciertas células en distintos órganos. Esa hipótesis podría ayudar a explicar por qué el estudio observó señales en varios sistemas biológicos, aunque todavía se requiere más investigación para confirmarlo.
Los autores consideran que los hallazgos podrían tener implicaciones más amplias, porque muchos procesos estudiados en personas con VIH también participan en el envejecimiento de la población general. Sin embargo, el estudio no prueba que el mismo efecto ocurra en personas sin VIH, ni en todos los usuarios de semaglutida.
La longevidad saludable no se refiere simplemente a vivir más años. Se refiere a vivir más tiempo con buena salud, sin enfermedades importantes relacionadas con la edad o con menor discapacidad. Por eso, cualquier intervención que modifique procesos biológicos del envejecimiento genera interés científico.
El equipo también citó un estudio piloto relacionado, publicado en npj Aging, que evaluó semaglutida durante 24 semanas en personas con VIH y enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, conocida como MASLD. Ese estudio encontró señales adicionales de desaceleración en algunos relojes epigenéticos y cambios vinculados a grasa hepática, telómeros y función física.
En conjunto, ambas investigaciones se suman a una línea emergente que explora si los medicamentos GLP-1 pueden afectar rutas biológicas relacionadas con envejecimiento, inflamación, metabolismo y función orgánica.
Pero los investigadores insisten en la cautela.
“No estamos diciendo que la semaglutida revierta el envejecimiento ni que rejuvenezca a las personas”, explicó Corley en la comunicación de UC San Diego. “Lo que observamos es una señal de que podría ralentizar algunos de los procesos biológicos asociados al envejecimiento”.
Esa advertencia es importante porque los medicamentos GLP-1 ya han generado enorme interés público por sus efectos en peso corporal. Presentarlos ahora como tratamientos antienvejecimiento podría alimentar expectativas exageradas, uso indebido, automedicación o consumo fuera de indicación.
La semaglutida es un medicamento que debe usarse bajo prescripción y seguimiento médico. Puede causar efectos adversos gastrointestinales y no es adecuada para todas las personas. Su indicación depende del producto, la dosis, el país, el perfil clínico del paciente y las aprobaciones regulatorias vigentes.
También es importante distinguir entre edad cronológica y edad biológica. La primera es la edad medida en años. La segunda intenta estimar el estado funcional o molecular del organismo. Los relojes epigenéticos son herramientas útiles para investigación, pero todavía no son una guía clínica rutinaria para decidir tratamientos en la mayoría de los pacientes.
El estudio abre una pregunta científica relevante: si mejorar metabolismo, inflamación y distribución de grasa puede traducirse en una desaceleración medible de procesos relacionados con el envejecimiento.
Pero responderla exigirá ensayos más grandes, más largos y con poblaciones más diversas. También será necesario determinar si los cambios observados en relojes epigenéticos se traducen en beneficios clínicos concretos, como menos fragilidad, menos enfermedad cardiovascular, mejor función física, menor deterioro cognitivo o menor carga de enfermedades crónicas.
Los investigadores también desean saber si combinar medicamentos GLP-1 con hábitos saludables —dieta equilibrada, ejercicio, buen sueño y control de factores de riesgo— podría tener efectos mayores sobre la salud a largo plazo.
Por ahora, el mensaje más prudente es que la semaglutida mostró señales prometedoras en marcadores de envejecimiento biológico en un grupo específico de personas con VIH y lipohipertrofia.
No es una prueba de rejuvenecimiento.
No es una autorización para usar GLP-1 como terapia antiedad.
Y no sustituye intervenciones conocidas para proteger la salud metabólica: alimentación saludable, actividad física, control del sueño, seguimiento médico, prevención cardiovascular y manejo adecuado de enfermedades crónicas.
El valor del estudio está en abrir una nueva vía de investigación.
Si futuros ensayos confirman estos resultados, los GLP-1 podrían convertirse en herramientas no solo para tratar diabetes u obesidad, sino también para comprender cómo el metabolismo y la inflamación influyen en el envejecimiento humano.
Hasta entonces, la semaglutida debe seguir viéndose como lo que es: un medicamento potente, con beneficios comprobados en indicaciones específicas, y con un posible efecto sobre marcadores de envejecimiento que todavía está en fase de investigación.
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