El Chisme

Imagen ilustrativa/ 123RF

ÁMSTERDAM, PAÍSES BAJOS/ DIARIO DE SALUD.- Desde tiempos antiguos, el chisme ha cargado con una reputación negativa. Diversas culturas, religiones y normas sociales lo han considerado una práctica indeseable, asociada a la maledicencia, la intriga y los conflictos interpersonales. Sin embargo, la ciencia está comenzando a cuestionar esa visión tradicional.

Un estudio publicado en la revista científica Nature Communications plantea que el intercambio informal de información sobre otras personas puede desempeñar funciones importantes para la convivencia social. Lejos de ser únicamente una práctica perjudicial, el chisme podría ayudar a reforzar normas colectivas, fomentar la cooperación y fortalecer relaciones de confianza.

Según los investigadores, cuando una persona observa que alguien incumple una norma social, generalmente puede reaccionar de tres maneras: confrontar directamente al infractor, evitarlo en futuras interacciones o informar a otros sobre lo ocurrido.

Esta última opción, que comúnmente se identifica como chismear, podría ofrecer beneficios sociales que hasta ahora habían sido subestimados.

Lo que reveló el experimento

Para analizar cómo circula este tipo de información en la vida cotidiana, los investigadores realizaron un experimento con más de 300 voluntarios.

Durante diez días, los participantes recibieron mensajes varias veces al día en los que debían informar si habían compartido información sobre alguien o si habían recibido comentarios de terceros acerca de otra persona.

Al finalizar el estudio, los participantes habían reportado más de 5.000 episodios de intercambio de información. Aproximadamente un 15 % de esos comentarios estaban relacionados con comportamientos considerados inapropiados o contrarios a normas sociales, como arrojar basura en la vía pública o realizar comentarios ofensivos.

Los resultados mostraron que quienes recibían información negativa sobre una persona tendían a confiar menos en ella, mostraban menor disposición a ayudarla e incluso preferían evitar futuras interacciones.

Los investigadores también observaron que los chismes se compartían con mayor frecuencia entre personas cercanas, fortaleciendo vínculos de confianza dentro de los grupos sociales.

Una herramienta para establecer normas sociales

Los autores del estudio sostienen que el chisme puede funcionar como una forma de aprendizaje colectivo.

Al intercambiar información sobre conductas consideradas aceptables o inaceptables, las personas desarrollan criterios compartidos sobre cómo actuar y qué comportamientos esperar de los demás.

De esta manera, el chisme contribuye a crear una especie de código ético informal que orienta las relaciones sociales sin necesidad de reglas escritas.

Investigaciones previas sobre cooperación humana también han encontrado que las personas suelen comportarse de manera más responsable cuando saben que sus acciones pueden ser observadas y comentadas por otros miembros de la comunidad.

Los científicos señalan que este mecanismo favorece la reputación individual y estimula conductas cooperativas dentro de los grupos.

Entre la cooperación y la competencia

No obstante, los especialistas advierten que el chisme no siempre tiene consecuencias positivas.

Terence Dores Cruz, investigador de la Universidad de Ámsterdam y experto en comportamiento social, explicó que esta práctica posee una doble función: cooperativa y competitiva.

“Las personas comparten información para saber cómo comportarse y en quién confiar. Esto ayuda a identificar con quién es conveniente colaborar y a quién es mejor evitar”, señaló el investigador.

Sin embargo, también existe una dimensión competitiva. En algunos casos, quien difunde determinada información puede buscar beneficios personales, influir en la reputación de otros o mejorar su propia posición dentro de un grupo social.

Por ello, comprender mejor los mecanismos psicológicos y sociales detrás del chisme resulta fundamental para potenciar sus efectos positivos y reducir los daños derivados de su uso malintencionado.

“Una mejor comprensión de las funciones del chisme puede ayudar a comprender su potencial para la cooperación y reducir el daño del chisme dirigido a la competencia”, concluyó Dores Cruz.

Los investigadores consideran que, lejos de desaparecer, el chisme seguirá siendo una herramienta central de la interacción humana, tanto en la vida cotidiana como en los entornos digitales donde la información circula cada vez con mayor rapidez.

Fuentes y referencias

  • Revista científica Nature Communications.
  • Universidad de Ámsterdam.
  • Declaraciones de Terence Dores Cruz.
  • Estudios sobre cooperación y comportamiento social.

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