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SANTIAGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- La obesidad infantil no debe ser tratada únicamente como un problema de peso o apariencia. La pediatra Yajaira Cruz explicó, durante una entrevista en el programa Bienestar al Día del Hospital Metropolitano de Santiago, que se trata de una enfermedad compleja en la que intervienen factores genéticos, familiares, sociales y ambientales. 

Los niños con obesidad presentan mayor riesgo de hipertensión, diabetes tipo 2, hígado graso, apnea del sueño, problemas articulares, ansiedad y depresión.

El diagnóstico no se obtiene mirando solamente el número que aparece en una balanza. Los especialistas calculan el índice de masa corporal y lo comparan con la edad y el sexo del menor, además de revisar su velocidad de crecimiento, talla, antecedentes y posibles enfermedades asociadas. 

En las tablas de los CDC, se considera que un niño o adolescente de entre 2 y 19 años tiene obesidad cuando su índice de masa corporal está en el percentil 95 o por encima de este. El resultado funciona como una herramienta de evaluación y no sustituye el examen clínico.

Cruz sostuvo que la prevención puede comenzar antes del nacimiento mediante una alimentación adecuada durante el embarazo y un aumento de peso controlado bajo supervisión médica.

La Organización Mundial de la Salud recomienda lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses y la introducción posterior de alimentos complementarios seguros y nutritivos. 

La lactancia se asocia con un menor riesgo de sobrepeso, pero no garantiza por sí sola que un niño no desarrolle obesidad. “No es comer más; es comer mejor”, resumió la especialista.

La prevención también requiere que toda la familia participe. Beber agua en lugar de bebidas azucaradas, reducir los productos ultraprocesados, mantener horarios adecuados de sueño, realizar actividad física y evitar las comidas frente a pantallas pueden favorecer hábitos saludables. 

La especialista pidió además no ridiculizar ni culpabilizar a los menores por su cuerpo, debido a que las burlas y los comentarios sobre el peso pueden provocar aislamiento, baja autoestima, ansiedad y conductas alimentarias perjudiciales.

El tratamiento debe adaptarse a la edad, las condiciones médicas y el entorno de cada paciente. La primera línea suele incluir orientación nutricional, actividad física y cambios familiares sostenidos, sin recurrir a castigos ni restricciones extremas. Las guías de la Academia Estadounidense de Pediatría también contemplan medicamentos como complemento desde los 12 años en determinados adolescentes con obesidad y la evaluación para cirugía metabólica desde los 13 años en casos de obesidad grave. Estas decisiones requieren valoración especializada y un equipo multidisciplinario.

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