OJOS

SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- Pasar varias horas frente a computadoras, teléfonos y tabletas puede provocar fatiga visual digital, un conjunto de molestias que incluye cansancio ocular, dolor de cabeza, picazón, lagrimeo, sensación de pesadez y visión borrosa. 

El cirujano oftalmólogo Adolf Segura explicó durante una entrevista radial que ha visto pacientes expuestos durante ocho e incluso doce horas diarias a dispositivos y relacionó ese patrón con un aumento de síntomas de ojo seco y cansancio visual. 

La American Academy of Ophthalmology (AAO) confirma que mirar pantallas durante períodos prolongados puede generar incomodidad ocular, principalmente porque las personas parpadean menos y mantienen durante mucho tiempo el enfoque a corta distancia. Sin embargo, la institución aclara que no existe evidencia científica de que la luz procedente de las pantallas digitales esté dañando los ojos de manera permanente.

Una de las medidas más sencillas consiste en introducir descansos. Segura recomendó aplicar la conocida regla 20-20-20: cada 20 minutos, mirar durante unos 20 segundos un objeto situado aproximadamente a 20 pies —unos seis metros—, además de recordar parpadear y mantener una posición adecuada frente a la pantalla. El National Eye Institute incluye esta misma regla entre sus recomendaciones para descansar la vista durante el trabajo con computadoras. 

La AAO también aconseja mantener el monitor aproximadamente a una distancia de un brazo, ajustar el brillo y tratar problemas de ojo seco cuando existan. Esto es diferente de asumir que toda persona que usa pantallas necesita gotas lubricantes: su elección y frecuencia dependen de los síntomas y del estado de la superficie ocular.

Durante la entrevista, Segura también vinculó el uso prolongado de dispositivos con el aumento de la miopía, especialmente entre jóvenes. La relación merece un matiz: la investigación actual apunta a que el trabajo prolongado de cerca —que incluye leer, estudiar y utilizar pantallas— y pasar menos tiempo al aire libre pueden contribuir al desarrollo de miopía durante la infancia, junto con una importante influencia genética. 

El National Eye Institute señala que los niños que pasan más tiempo al aire libre presentan menor probabilidad de desarrollar miopía y que el aumento mundial de esta condición parece vincularse a una combinación de factores ambientales y hereditarios. Por eso, sería excesivo afirmar que “el teléfono causa miopía” de forma aislada: la asociación es más compleja y la evidencia resulta especialmente relevante durante el desarrollo ocular infantil.

La entrevista abordó además cataratas y cirugía refractiva. Segura explicó correctamente que la cirugía es el tratamiento definitivo para eliminar una catarata, pero situó su realización “a partir de los 50” y afirmó que después de los 30 años una persona ya no sería candidata a cirugía refractiva. Esas edades no deben presentarse como límites clínicos. 

El National Eye Institute establece que la cirugía de catarata suele recomendarse cuando la pérdida de visión comienza a interferir con actividades cotidianas como conducir, leer o ver televisión, no simplemente cuando se alcanza determinada edad. En el caso de LASIK, la FDA indica que ningún láser está aprobado para menores de 18 años, pero no establece un límite superior general de 30 años; la candidatura depende, entre otros factores, de estabilidad de la graduación, córnea, ojo seco, enfermedades oculares y expectativas del paciente.

Segura también recomendó acudir al oftalmólogo una vez al año aunque no existan síntomas, con el argumento de que enfermedades como glaucoma o retinopatía pueden avanzar silenciosamente. La importancia de los controles es correcta, pero la frecuencia no es idéntica para todos. 

La AAO recomienda para adultos menores de 40 años, sanos y sin factores de riesgo, un examen completo aproximadamente cada cinco a diez años; la frecuencia aumenta con la edad y los antecedentes, y después de los 65 años suele aconsejarse cada uno o dos años. 

El National Eye Institute recomienda controles dilatados cada uno o dos años para determinados grupos con mayor riesgo de glaucoma y, en general, al menos anualmente para muchas personas con diabetes o hipertensión. El mensaje práctico, por tanto, no es que toda persona necesite exactamente una consulta anual, sino que no conviene esperar a perder visión para evaluar los ojos, especialmente cuando existen factores de riesgo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Check Also

Llamado a la paz: el principal mensaje del papa León XIV durante su visita a Francia

En el cuarto y último día de la visita del papa León XIV a Francia, el pontífice se dirigi…