PSIQUIATRA

SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- La psiquiatra Biaris Rodríguez puso el foco en lo que denominó “ansiedad digital”: la necesidad repetida de revisar el celular, buscar validación en redes sociales y permanecer conectado incluso durante momentos destinados a la familia, el descanso o la conversación cara a cara. 

Durante su intervención en Pura Vida planteó una idea central: la tecnología puede ser útil mientras sea la persona quien controle su utilización y no al contrario. Desde el punto de vista clínico, conviene matizar el término.

El DSM-5-TR es el sistema utilizado por la Asociación Americana de Psiquiatría para clasificar los trastornos mentales, mientras que la OMS reconoce específicamente trastornos como el juego patológico y el trastorno por videojuegos dentro de las conductas adictivas; “ansiedad digital” no figura como una enfermedad independiente en esas clasificaciones. 

La Asociación Americana de Psiquiatría sí utiliza expresiones como uso problemático o excesivo de la tecnología cuando este genera malestar y dificultades en la vida cotidiana.

La preocupación de Rodríguez tiene, sin embargo, respaldo en una línea creciente de investigación. Un metaanálisis que reunió 27 estudios y 120.895 participantes encontró una relación entre el uso problemático del teléfono inteligente y síntomas de ansiedad y depresión. Otra revisión de 2024 encontró una asociación positiva entre ansiedad social y uso problemático de redes sociales en 53 estudios con cerca de 60.000 participantes.

Además, una revisión sistemática publicada ese mismo año encontró que el uso de medios electrónicos, especialmente cuando se vuelve problemático, se relaciona con peor calidad del sueño. Estos resultados no significan que tener Instagram, utilizar WhatsApp durante varias horas o mirar el teléfono provoque automáticamente un trastorno de ansiedad: gran parte de la evidencia disponible es observacional y no permite establecer en todos los casos qué apareció primero.

Para recuperar cierto control, Rodríguez aconsejó introducir espacios deliberadamente libres del teléfono. Entre sus propuestas están dejar pasar unos 20 o 30 minutos después de despertar antes de entrar a las redes, reservar períodos del día sin conexión, disfrutar una película o una comida sin revisar continuamente el dispositivo y reducir su utilización antes de acostarse. 

La evidencia sí respalda prestar atención al uso nocturno: una revisión sistemática de 2024 que reunió 55 trabajos y más de 41.000 participantes encontró una relación entre medios electrónicos y problemas de sueño. Sin embargo, 20 minutos al despertar o exactamente una hora antes de dormir no constituyen umbrales médicos universales; deben presentarse como estrategias prácticas propuestas por Rodríguez y no como cifras científicamente establecidas para todas las personas.

La especialista también relacionó la hiperconectividad con un estado de alerta constante y habló de amígdala cerebral, cortisol y dopamina para explicar por qué algunas personas parecen quedar pendientes de notificaciones, noticias negativas o respuestas en redes. Esa explicación necesita prudencia editorial. 

La investigación respalda asociaciones entre uso problemático del teléfono, ansiedad, estrés y alteraciones del sueño, pero no permite reducir el fenómeno a una fórmula según la cual el celular necesariamente “sobreestimula la amígdala”, mantiene el cortisol elevado o dispara constantemente la dopamina. 

Por ejemplo, un estudio experimental sobre teléfonos y luz azul nocturna observó cambios en algunos indicadores de sueño, pero las variaciones de cortisol registradas no fueron estadísticamente significativas.

El uso problemático de tecnología es un fenómeno complejo en el que también intervienen hábitos, personalidad, miedo a perderse algo, contexto social, problemas emocionales previos y el propio diseño de las plataformas.

El criterio más útil para saber cuándo buscar ayuda no es únicamente cuántas horas se utiliza el teléfono, sino cuánto está interfiriendo con la vida. Rodríguez llamó la atención sobre personas incapaces de leer, conversar, compartir con su pareja o descansar sin consultar la pantalla y defendió recuperar la conexión presencial con familiares y amigos. 

En otro momento de la entrevista, una oyente relató el caso de una menor que reaccionaba agresivamente y hablaba de suicidarse o hacer daño a su madre cuando se quedaba sin teléfono; Rodríguez fue clara en que esa situación sobrepasa cualquier etiqueta de “ansiedad digital” y requiere ayuda profesional. 

La Asociación Americana de Psiquiatría coincide en que el uso tecnológico se vuelve clínicamente preocupante cuando es excesivo, compulsivo y produce malestar o deterioro en áreas importantes de la vida.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Check Also

Drake sorprende a fans de Karol G como invitado en Houston para ‘Ahí’, ‘Janice STFU’ y ‘One Dance’

Trending on Billboard Drake hizo una aparición sorpresa en el concierto de Karol G en Hous…