SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- La República Dominicana ha comenzado a probar un cambio en la forma de detectar y prevenir el cáncer cervicouterino.
El Ministerio de Salud Pública desarrolla en Elías Piña y Dajabón un proyecto piloto para incorporar las pruebas del virus del papiloma humano (VPH) como método de tamizaje dentro del primer nivel de atención.
La iniciativa cuenta con apoyo técnico y financiero de la Agencia de Cooperación Internacional de Corea (KOICA) y asistencia técnica de la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS). El anuncio fue publicado oficialmente el 12 de agosto de 2026.
El proyecto va más allá de realizar una prueba: contempla tamizaje, toma de muestras, triaje, diagnóstico, tratamiento, seguimiento, registro de información, monitoreo y evaluación, con la intención de establecer un circuito de atención que pueda posteriormente ampliarse a otras zonas del país.
¿Qué cambia con la prueba de VPH?
La incorporación de las pruebas de VPH representa una diferencia importante respecto a métodos que buscan principalmente alteraciones celulares ya existentes.
La prueba molecular de VPH permite identificar la presencia de tipos del virus asociados con mayor riesgo de desarrollar lesiones precancerosas. La OMS recomienda la detección de ADN del VPH como método primario de tamizaje, al considerar que es más eficaz para prevenir el cáncer cervicouterino que métodos basados exclusivamente en citología o inspección visual.
Esto permite buscar el riesgo antes de que la enfermedad llegue a convertirse en cáncer.
Sin embargo, hay una distinción fundamental: dar positivo al VPH no significa tener cáncer.
La infección es extremadamente común y, en la mayoría de las personas, el sistema inmunitario elimina el virus de forma natural. El problema aparece cuando determinados tipos de VPH de alto riesgo permanecen durante años y producen cambios celulares capaces de evolucionar hacia lesiones precancerosas y posteriormente cáncer.
Por eso, después de una prueba positiva se necesita determinar qué mujeres requieren seguimiento, evaluación adicional o tratamiento.
Del tamizaje al tratamiento
Este punto es precisamente uno de los elementos relevantes del piloto dominicano.
El modelo no termina cuando llega el resultado del laboratorio.
Según Salud Pública, incluye triaje, diagnóstico, tratamiento y seguimiento, además de mecanismos de registro mediante REDCap y evaluación de los resultados obtenidos en las dos provincias.
La estrategia está en línea con uno de los principios defendidos por la OMS: un programa de detección pierde buena parte de su utilidad si una mujer obtiene un resultado positivo pero posteriormente no tiene acceso a las pruebas complementarias y al tratamiento que necesita.
El objetivo, por tanto, no es simplemente encontrar VPH.
Es lograr que una mujer que presente riesgo pueda recorrer el camino completo desde la detección hasta la atención necesaria, evitando que una lesión tratable progrese durante años sin ser identificada.
Por qué el VPH es tan importante
Prácticamente todos los casos de cáncer cervicouterino están relacionados con infecciones persistentes por tipos oncogénicos del virus del papiloma humano.
La OMS señala que una infección persistente puede provocar lesiones precancerosas que, sin tratamiento, son responsables de aproximadamente el 95 % de los cánceres de cuello uterino. El proceso suele tardar entre 15 y 20 años, aunque puede avanzar con mayor rapidez en personas con sistemas inmunitarios debilitados.
Esto convierte al cáncer cervicouterino en una enfermedad particularmente susceptible de prevención.
Existen dos herramientas fundamentales: vacunar contra el VPH antes de la exposición al virus y detectar y tratar las lesiones precancerosas antes de que evolucionen a cáncer.
Elías Piña y Dajabón como punto de partida
El programa comenzará precisamente en dos provincias fronterizas.
Las autoridades explican que buscan acercar los servicios a comunidades donde existen mayores barreras de acceso y comprobar el funcionamiento del modelo antes de plantear una expansión nacional.
Entre el 10 y el 13 de agosto de 2026, personal clínico, epidemiológico, estadístico y de supervisión de Elías Piña y Dajabón participa en un proceso de capacitación con especialistas de la OPS/OMS.
El entrenamiento incluye prácticas de colposcopia y ablación térmica mediante modelos anatómicos, además de la preparación de planes operativos provinciales.
La ablación térmica es una de las opciones reconocidas por la OMS para tratar determinadas lesiones precancerosas: utiliza calor para destruir tejido anormal cuando la paciente y la lesión cumplen los criterios correspondientes.
Formar a quienes después formarán a otros
El encargado del Programa Materno Infantil del Ministerio de Salud Pública, Tammy Santana, explicó que la estrategia consiste en preparar facilitadores que posteriormente puedan transmitir los conocimientos al personal operativo de sus provincias.
Santana definió el cáncer cervicouterino como “el cáncer de la inequidad” y llamó a convertir los recursos disponibles y la capacitación en acciones concretas para las comunidades.
La expresión tiene un trasfondo epidemiológico.
La OMS señala que casi el 94 % de las muertes mundiales por cáncer cervicouterino registradas en 2022 ocurrió en países de ingresos bajos y medianos, donde existen mayores dificultades para acceder de manera sistemática a vacunación, tamizaje, diagnóstico y tratamiento.
La desigualdad de acceso explica por qué una enfermedad altamente prevenible continúa causando cientos de miles de muertes.
“Va a cambiar la historia”
El director Materno Infantil y Adolescentes del Servicio Nacional de Salud (SNS), Martín Ortiz, considera que introducir esta tecnología representa un cambio relevante en la estrategia dominicana de detección.
Ortiz sostuvo que la adopción de la prueba puede “cambiar la historia del cáncer en este país”. Su cargo dentro del SNS también aparece confirmado por publicaciones institucionales del organismo.
El alcance real del cambio dependerá ahora de variables que deberán medirse durante el proyecto: cuántas mujeres aceptan realizarse el tamizaje, cuántas reciben sus resultados, cuántas con pruebas positivas completan el triaje y cuántas reciben tratamiento cuando está indicado.
Es justamente esa continuidad de atención la que determinará si disponer de una prueba más sensible termina traduciéndose en menos casos de cáncer avanzado.
Llevar el servicio hasta donde están las mujeres
El representante interino de la OPS/OMS en República Dominicana, Bernardino Vitoy, destacó otro componente del programa: descentralizar el conocimiento y acercar la prevención a provincias, municipios y comunidades.
La OPS lo identifica actualmente como representante interino de la organización en República Dominicana.
La estrategia coincide con las recomendaciones internacionales de integrar los servicios de detección y tratamiento de lesiones precancerosas dentro de la atención primaria, especialmente para llegar a poblaciones con mayores dificultades de acceso.
En otras palabras, la apuesta es que una mujer no tenga que llegar primero a un centro especializado después de desarrollar síntomas para entrar al sistema de prevención.
República Dominicana ya venía aumentando las pruebas
El piloto no parte completamente de cero.
En marzo de 2026, autoridades dominicanas informaron que dentro de las acciones desarrolladas hasta ese momento se habían realizado 8.397 pruebas de VPH, de las cuales 1.413 resultaron positivas, mientras se reportaron 48 diagnósticos de cáncer cervicouterino.
Estas cifras corresponden a acciones reportadas previamente por las autoridades sanitarias y no deben confundirse con resultados del nuevo proyecto piloto de Elías Piña y Dajabón, que se encuentra en fase de implementación.
El dato permite, no obstante, dimensionar por qué el país busca estructurar un modelo que conecte la prueba con el seguimiento posterior.
¿Qué significa realmente eliminar el cáncer cervicouterino?
Aquí es necesaria una precisión respecto al anuncio oficial.
El Ministerio señala que el proyecto contribuye a avanzar hacia las metas mundiales de eliminación del cáncer cervicouterino para 2030.
Eso es correcto si 2030 se entiende como el horizonte fijado por la OMS para alcanzar las llamadas metas 90-70-90, pero no significa necesariamente que el cáncer cervicouterino deba haber desaparecido para ese año.
La estrategia mundial plantea que para 2030 los países deberían alcanzar:
90 % de las niñas completamente vacunadas contra el VPH antes de los 15 años.
70 % de las mujeres examinadas con una prueba de alto rendimiento a los 35 años y nuevamente a los 45.
90 % de las mujeres con lesiones precancerosas tratadas y el 90 % de aquellas con cáncer invasivo atendidas adecuadamente.
La OMS define la eliminación como problema de salud pública cuando un país alcanza y mantiene una incidencia inferior a cuatro casos de cáncer cervicouterino por cada 100.000 mujeres.
Y aclara que alcanzar las metas 90-70-90 en 2030 coloca a los países en el camino hacia esa eliminación durante las décadas posteriores.
Una prueba positiva no es el final del proceso
La introducción del tamizaje mediante VPH puede modificar profundamente la prevención, pero también plantea un reto de comunicación.
Si una mujer recibe un resultado positivo, debe entender que se ha detectado una infección de riesgo, no un diagnóstico automático de cáncer.
La OMS explica que la mayoría de las infecciones desaparece espontáneamente. Lo que necesita vigilancia es la persistencia de determinados tipos oncogénicos y la posible aparición de alteraciones cervicales.
De ahí la importancia del triaje, seguimiento y tratamiento incluidos en el proyecto dominicano.
El verdadero cambio no estará solamente en introducir una nueva prueba de laboratorio, sino en conseguir que detectar una infección a tiempo desencadene una ruta efectiva de atención antes de que aparezca una enfermedad invasiva.
Si el piloto demuestra que esa cadena puede funcionar en el primer nivel de atención de Elías Piña y Dajabón y posteriormente reproducirse en otras provincias, República Dominicana habrá avanzado en uno de los pilares esenciales de la estrategia internacional contra uno de los cánceres más prevenibles.
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