WASHINGTON,EE.UU./ DIARIO DE SALUD.- Los senadores republicanos Rand Paul y Ron Johnson publicaron el 10 de agosto una cadena de mensajes privados intercambiados el 25 y 26 de enero de 2021 entre Anthony Fauci, entonces director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas; Rochelle Walensky, entonces directora de los CDC, y Vivek Murthy.
Los documentos forman parte de más de 34.000 mensajes recuperados del teléfono gubernamental de Fauci, según los legisladores. La conversación se centró en la limitada información que existía en aquel momento sobre la vacunación contra el covid-19 durante el embarazo.
En uno de los intercambios, Fauci sostuvo inicialmente que no existían datos ni razones teóricas para preferir la vacunación al principio o al final del embarazo. Poco después planteó otra posibilidad: la fiebre y la respuesta inflamatoria observadas en algunas personas después de la segunda dosis “teóricamente” podrían estar asociadas con un aborto espontáneo durante el primer trimestre. Walensky respondió que se trataba de un punto que debía considerarse.
Los mensajes muestran, por tanto, una discusión sobre una hipótesis de seguridad en una etapa en la que las embarazadas habían sido excluidas de los ensayos clínicos iniciales, no la confirmación de un efecto adverso.
La misma cadena añade un contexto que resulta fundamental. Un día después, Fauci escribió que ante una vacuna con datos limitados en embarazadas era necesario comparar posibles riesgos y beneficios, recordando que el covid-19 podía ser especialmente grave durante el embarazo.
Añadió que más de 10.000 embarazadas ya habían recibido la vacuna y que hasta ese momento no habían surgido problemas, y señaló que los estudios toxicológicos en animales tampoco habían mostrado señales de alarma. Esto impide concluir, a partir de los mensajes publicados, que Fauci supiera que existía un riesgo demostrado de aborto y decidiera ocultarlo.
El 3 de febrero de 2021, poco más de una semana después de aquella conversación, Fauci fue preguntado públicamente por JAMA sobre la seguridad de las vacunas en embarazadas. Reconoció expresamente que estas habían quedado fuera de los estudios iniciales y pidió cautela al interpretar los datos, pero explicó que el seguimiento realizado hasta entonces no había mostrado “señales de alarma”.
Paul y Johnson consideran que la diferencia entre la discusión privada de un riesgo hipotético y el mensaje público plantea interrogantes sobre transparencia e información al paciente.
Sin embargo, las palabras completas de Fauci muestran que su afirmación pública se refería a que no se había detectado hasta ese momento una señal de seguridad, no a que pudiera descartarse cualquier riesgo teórico.
La evidencia acumulada posteriormente tampoco confirmó la hipótesis del aborto planteada en aquellos mensajes. Un estudio publicado en JAMA en 2021 comparó embarazos en curso y abortos espontáneos y no encontró un aumento de las probabilidades de aborto asociado a una vacuna contra el covid-19 en los 28 días anteriores —odds ratio ajustado de 1,02, con un intervalo de confianza de 0,96 a 1,08—. Investigaciones posteriores tampoco encontraron un incremento de malformaciones estructurales importantes entre bebés cuyas madres recibieron vacunas de ARNm durante el primer trimestre.
Por ello, los mensajes aportan nueva información sobre las dudas que las autoridades discutían en privado al inicio de la campaña, pero no constituyen evidencia de que Fauci conociera un daño demostrado que posteriormente negara en público.
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