Imagen ilustrativa Legion-Media
NUEVA YORK,EE.UU./ DIARIO DE SALUD.- Pequeñas interrupciones del sueño que una persona puede no recordar al despertar podrían ofrecer información sobre cambios cerebrales asociados con la enfermedad de Alzheimer mucho antes de que aparezcan problemas evidentes de memoria.
Investigadores de la Universidad de Lieja, en Bélgica, analizaron registros de sueño de 540 adultos sanos: 453 jóvenes, con una edad promedio de 22 años, y 87 personas de mediana edad avanzada, con una media de 59,3 años.
El estudio, publicado el 22 de mayo de 2026 en la revista Sleep, comparó la actividad cerebral registrada mediante electroencefalografía durante el sueño con puntuaciones de riesgo poligénico para Alzheimer.
Los científicos no observaron simplemente cuántas veces se producía un microdespertar, sino qué tipo de activación ocurría durante ese episodio. En los participantes de mediana edad, los despertares asociados con una transición entre etapas del sueño pero sin aumento del tono muscular estuvieron relacionados con un mayor riesgo poligénico de Alzheimer, peor rendimiento inicial de la atención y mayores cambios de memoria durante el seguimiento.
En cambio, los despertares acompañados por un incremento de la actividad muscular mostraron el patrón opuesto: se asociaron con menor puntuación genética de riesgo, mejor atención y menor cambio de memoria. Estas relaciones no fueron observadas en el grupo de adultos jóvenes.
El seguimiento cognitivo de las personas de mayor edad se extendió hasta dos y siete años, lo que permitió estudiar si esas características microscópicas del sueño se relacionaban también con la evolución posterior de algunas funciones cognitivas.
“Estos microdespertares no son, por tanto, insignificantes”, señaló Puneet Talwar, investigador del laboratorio GIGA de ULiège. El científico planteó que determinados perfiles podrían estar relacionados con una mayor vulnerabilidad a procesos involucrados en el Alzheimer. El equipo insiste, sin embargo, en que la puntuación genética utilizada no determina si una persona desarrollará la enfermedad y que los resultados describen asociaciones estadísticas, no una prueba diagnóstica.
Otra pieza que interesa a los investigadores es el locus coeruleus, una pequeña estructura del tronco cerebral involucrada en la vigilia, la atención y la regulación del sueño. “Esta región es difícil de observar, pero parece desempeñar un papel en los mecanismos tempranos relacionados con la enfermedad”, explicó Gilles Vandewalle, investigador del FNRS y codirector de la plataforma de imágenes in vivo de GIGA.
Un trabajo anterior del mismo grupo, publicado en 2025, utilizó resonancia magnética de 7 teslas y encontró asociaciones entre el funcionamiento del locus coeruleus y características del sueño, incluida la calidad del sueño REM. Esta región resulta especialmente interesante porque se encuentra entre las primeras áreas cerebrales donde pueden aparecer alteraciones relacionadas con proteínas implicadas en el Alzheimer.
Los autores consideran que, si estos resultados se reproducen en estudios más amplios, el análisis detallado del sueño podría convertirse en una herramienta complementaria para identificar personas vulnerables antes del desarrollo de síntomas clínicos. “El sueño podría convertirse en un marcador accesible para identificar tempranamente a individuos vulnerables”, afirmó Vandewalle.
Pero la investigación está lejos de demostrar que despertarse brevemente durante la noche signifique padecer Alzheimer: las asociaciones aparecieron únicamente en determinados tipos de microdespertares, en un grupo relativamente pequeño de adultos de mediana edad y dentro de un estudio que no puede establecer causalidad.
Por tanto, actualmente un reloj inteligente, una pulsera de actividad o una noche de sueño fragmentado no pueden utilizarse para calcular el riesgo individual de Alzheimer.
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