En esta edición de Así es Asia viajamos a Vietnam para analizar cómo el bambú —flexible, pero resistente— se convirtió en la gran metáfora de la política exterior impulsada desde Hanói. En medio de la creciente rivalidad entre China y Estados Unidos, Vietnam busca mantener un delicado equilibrio diplomático que le permita fortalecer relaciones con ambas potencias sin alinearse completamente con ninguna. ¿Puede la llamada “diplomacia del bambú” sobrevivir en un escenario internacional cada vez más polarizado?
El bambú se dobla cuando el viento sopla fuerte, pero no se quiebra gracias a la fuerza y profundidad de sus raíces.
Para Vietnam, el viento son las convulsas tensiones geopolíticas que le rodean, y sus raíces son la independencia, el equilibrio y la no alineación.
Este país del sudeste asiático encontró en esta metáfora su forma elegante de relacionarse con el mundo. Hanói adoptó la diplomacia del bambú como una estrategia que construye vínculos económicos y de seguridad con distintos socios sin acercarse lo suficiente como para estar por completo en su órbita.
El expresidente vietnamita y líder comunista, Nguyễn Phú Trọng, fue quien doctrinó por primera vez este tipo de política exterior: la máxima expresión del equilibrio blando, la flexibilidad diplomática y la adaptabilidad al entorno, siempre y cuando las condiciones le sean favorables.
Una hoja de ruta fundamentada en cuatro principios: no a los bloques militares, no a las bases extranjeras, no a alinearse con un país contra otro y no al uso de la fuerza en el terreno diplomático.
Dicha neutralidad mesurada se ha traducido en un símbolo de estabilidad y crecimiento en la región, con una población de más de 102 millones de habitantes –la tercera más grande del sudeste asiático, según estimaciones de Naciones Unidas– y un expansivo crecimiento de su PIB, posicionándose como uno de los motores más dinámicos entre sus vecinos.
En ese sentido, el pragmatismo vietnamita ha demostrado que puede ser tan resistente e inquebrantable como el mismo bambú.
El hermetismo de Vietnam, inmune a las tensiones entre China y Estados Unidos
Dicho eso, una de las pruebas más duras que ha enfrentado este tipo de diplomacia ha sido la rivalidad entre Beijing y Washington. China sigue siendo el mayor socio comercial de Vietnam, seguido por Estados Unidos.
Y, pese a la no alineación de Hanói, ninguna de las dos potencias ha dejado de hablarle al oído a este país del sudeste asiático. Por el contrario, sus vínculos comerciales y estratégicos dan cada vez más frutos.
En el caso de China y Vietnam, ambos actores comparten un ADN comunista que se proyecta en la forma en cómo ven el desarrollo y la autonomía nacional, tal y como explica para France 24 Sergio Cesarín, profesor de la Universidad Nacional de Tres de Febrero e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.
Esta relación le da a Beijing ventajas comerciales, económicas y de posicionamiento de inversores en mercados tecnológicos, mientras que Hanói encuentra en la parte china un socio que le permite exportar y que invierte en proyectos de infraestructura, según explica Cesarin desde Buenos Aires.
Del otro lado, con Estados Unidos se trata de un vínculo cimentado en el intercambio comercial: “Estados Unidos es el principal mercado de exportación de Vietnam”, explica el profesor.
Un panorama distinto al que mantiene con su vecino, ya que con China no todo se reduce a un asunto transaccional. Estos dos actores estratégicos en Asia difieren en sus agendas estratégica, de defensa y de seguridad —con las tensiones en el Mar de China Meridional como telón de fondo—, por lo que Washington sigue de cerca la situación en la región y se perfila como un posible aliado.
Un juego en el que Vietnam busca en una superpotencia lo que la otra no le ofrece.
¿Tiene la diplomacia del bambú fecha de caducidad?
El bambú vietnamita cobra especial relevancia en un contexto geopolítico como el actual, marcado por conflictos simultáneos y por un multilateralismo cada vez más debilitado ante el avance de nuevos autoritarismos. En ese escenario, la manera en que Vietnam se proyecta ante el mundo resulta tan ambiciosa como arriesgada, y plantea interrogantes sobre su capacidad para sostenerse frente a las tensiones y coyunturas del presente.
Sin embargo, para Cesarin, el contexto actual puede ser otro escenario en el que Vietnam ponga a prueba su rol de “actor intermedio” y “equidistante”.
“No presumo que exista algún tipo de quiebre o discontinuidad dentro de la orientación general de la política exterior vietnamita”, concluye el profesor e investigador.
Con medios locales
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