Dra. Karina Soto, especialista en autismo en Diario de Salud

Dra. Karina Soto, especialista en autismo

SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- La realidad del Trastorno del Espectro Autista (TEA) ha ganado visibilidad en República Dominicana durante los últimos años gracias al trabajo de familias, organizaciones y profesionales comprometidos con la inclusión. Sin embargo, detrás de una mayor conciencia pública persisten desafíos estructurales que limitan el acceso a diagnósticos oportunos y tratamientos especializados.

La educadora especializada Karina Soto advirtió que, pese al creciente debate sobre el autismo, muchas familias continúan enfrentando largas listas de espera para obtener un diagnóstico y dificultades para acceder a terapias respaldadas por evidencia científica.

“La conversación pública ha avanzado, pero los servicios que necesitan las familias no han crecido al mismo ritmo”, sostuvo Soto al referirse a la situación que enfrentan numerosos niños y adolescentes dentro del espectro.

Terapias insuficientes para necesidades complejas

Según la especialista, uno de los principales problemas radica en la limitada intensidad de las intervenciones que reciben muchos pacientes.

“Resulta paradójico e ineficaz que a un niño con autismo de nivel tres se le asignen apenas 45 o 60 minutos de Análisis Conductual Aplicado (ABA), terapia del habla o terapia ocupacional”, afirmó.

Soto explicó que, en muchos casos, el tiempo disponible apenas permite que el menor se adapte al entorno terapéutico antes de que concluya la sesión.

“Para cuando el niño logra asimilar el entorno, la sesión ha terminado”, señaló, al describir un escenario que genera frustración tanto en las familias como en los propios terapeutas.

Diversas investigaciones internacionales han identificado la intervención temprana y la intensidad adecuada de las terapias como factores determinantes para mejorar las habilidades comunicativas, sociales y adaptativas de las personas con TEA.

Adolescentes y adultos, los grandes olvidados

La especialista también llamó la atención sobre una realidad poco discutida: la falta de servicios dirigidos a adolescentes y adultos autistas.

“Los adolescentes y adultos dentro del espectro parecen haber sido olvidados por el sistema, obligando a muchas familias a convivir con una resignación que no debería existir”, manifestó.

Ante esta situación surge el Proyecto Isaías, una iniciativa enfocada en implementar programas de intervención temprana basados en la ciencia del comportamiento, particularmente en la terapia ABA, una metodología ampliamente utilizada a nivel internacional para el abordaje del autismo.

De acuerdo con Soto, el proyecto busca no solo intervenir directamente con los menores, sino también capacitar a padres y cuidadores para que puedan convertirse en agentes activos del proceso terapéutico dentro del hogar.

“El objetivo es transformar vidas, fortalecer comunidades y promover una inclusión real y sostenible”, indicó.

El factor tiempo puede marcar la diferencia

Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es la edad en que se realiza el diagnóstico.

Soto explicó que el autismo se diagnostica mediante la observación sistemática de conductas y necesidades de apoyo, clasificándose generalmente en niveles uno, dos o tres según la intensidad del acompañamiento requerido.

La educadora señaló que mientras en países como Estados Unidos el diagnóstico suele establecerse alrededor de los tres años de edad, en muchos países de América Latina y el Caribe, incluida República Dominicana, este proceso puede demorarse hasta los siete años.

“Esta diferencia es crítica porque entre el nacimiento y los cinco años el cerebro presenta una extraordinaria capacidad de desarrollo y adaptación”, explicó.

La especialista destacó que el cerebro autista procesa y percibe el entorno de manera diferente, una característica que puede traducirse en formas únicas de pensamiento, creatividad e innovación cuando existe el apoyo adecuado.

Un desafío pendiente para el sistema

Organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) destacan que la detección temprana y el acceso oportuno a intervenciones especializadas mejoran significativamente la calidad de vida de las personas con autismo y sus familias.

Para Soto, el reto actual consiste en transformar la creciente sensibilización social en políticas públicas concretas que permitan ampliar la cobertura diagnóstica, fortalecer los servicios especializados y garantizar una atención continua a lo largo de todas las etapas de la vida.

“La verdadera inclusión comienza cuando las familias encuentran respuestas, apoyo y oportunidades reales para desarrollar el potencial de sus hijos”, concluyó.

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