Este jueves 28 de mayo, Estados Unidos e Irán han protagonizado su segundo enfrentamiento de la semana, aunque este ha sido el de mayor consideración desde la instalación de un frágil cese al fuego, el pasado 8 de abril.
El Comando Central de Estados Unidos informó que sus fuerzas derribaron cinco drones de ataque iraníes y bombardearon una estación de control terrestre en la ciudad portuaria de Bandar Abbas.
De su lado, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria iraní (IRGC, por sus siglas en inglés) afirmó haber atacado la base estadounidense responsable del ataque cerca del aeropuerto de Bandar Abbas, mientras que Kuwait informó de la interceptación de un misil balístico disparado hacia su territorio, lo que calificó de una «grave escalada».
Si bien estos ataques siguen siendo limitados –Washington los ha calificado de acciones «defensivas»–, ambas partes se acusan mutuamente de violar una tregua, cuyo futuro ha vuelto a estar en entredicho.
«Por ahora, ambos bandos parecen comprometidos a contener las tensiones, pero la profunda desconfianza entre Washington y Teherán, combinada con la falta de canales de comunicación directa, crea un terreno fértil para el error de cálculo, incluso si ninguna de las partes busca activamente un conflicto más amplio», escribió en su cuenta de X Danny Citrinowicz, experto en inteligencia y seguridad nacional del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional en Israel.
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Ormuz, en el centro de la escena
Uno de los puntos de fricción, como ya es sabido, es la reapertura del estrecho de Ormuz y bajo qué condiciones.
El mandatario estadounidense Donald Trump y sus funcionarios han declarado en repetidas ocasiones que esa vía marítima –por la que antes de la guerra pasaba una quinta parte del suministro mundial de energía– deberá abrirse sin condiciones y respetando la libre navegación.
De hecho, el miércoles 27 de mayo, Trump desestimó un informe de la televisión estatal iraní sobre un borrador no oficial de un acuerdo para restablecer el tráfico marítimo a los niveles previos a la guerra en el plazo de un mes, con Irán y Omán manteniendo la gestión compartida del estrecho.
«Nadie va a controlar (el estrecho). Son aguas internacionales, y Omán se comportará como cualquier otro o tendremos que volarlos por los aires. Lo entienden, no tendrán problemas», afirmó el republicano, con una llamativa amenaza contra uno de sus aliados y mediadores en el conflicto.
Irán, por su parte, reafirma su control del estrecho. Sin ir más lejos, la Guardia Revolucionaria reivindicó haber detenido dos embarcaciones y permitido el paso de otras 26 en las últimas 24 horas.
Esta situación mantiene el flujo marítimo en la zona muy por debajo de los aproximadamente 70 buques con crudo, combustibles, gas natural licuado y otros productos que transitaban a diario por Ormuz hasta finales de febrero, cuando Estados Unidos e Israel iniciaron el conflicto con sus ataques contra Irán.
Según datos de la LSEG (Bolsa de Londres), desde el 1 de marzo, el promedio total de tránsitos diarios a través de Ormuz ha caído a menos de 7, y en mayo ha sido de menos de 6 barcos al día, en medio del doble bloqueo impuesto tanto por Estados Unidos como por Irán.
Para Teherán, controlar Ormuz y cobrar peajes es una forma de conseguir compensaciones por los daños sufridos por los ataques estadounidenses e israelíes. Del mismo modo, el régimen islámico insiste en que Estados Unidos libere fondos iraníes retenidos, ponga fin al bloqueo a sus puertos y levante las sanciones.
Lejos de eso, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció el miércoles la inclusión en la lista de castigos de la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico de Irán, dedicada a la gestión del tránsito por Ormuz, mientras que este jueves informó que cerrará el acceso de las aerolíneas iraníes a los lugares de aterrizaje, al reabastecimiento de combustible y a la venta de billetes.
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Los mercados, en una montaña rusa
Tras las buenas sensaciones causadas desde la semana pasada por los reportes de un posible acuerdo al alcance entre Estados Unidos e Irán, el intercambio de fuego de este jueves despertó, inicialmente, una reacción negativa en los mercados.
Las bolsas mundiales registraron caídas desde las primeras horas de actividad y los precios del petróleo subieron más de dos dólares por barril, tras haber registrado una fuerte caída el día anterior.
«Los informes contradictorios sobre los detalles de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán mermaron el optimismo en los mercados, que se muestran cada vez más cautelosos ante esa posibilidad», afirmó Tan Boon Heng, del banco Mizuho de Singapur, en un comentario citado por la agencia de noticias AP.
«Si bien existe el deseo de mantener el alto el fuego –Irán y Estados Unidos han moderado su discurso sobre los nuevos ataques y persisten los canales de comunicación indirectos–, sigue siendo sumamente difícil imaginar cómo se puede alcanzar un compromiso en cuestiones clave», añadió.
Otro dato negativo llegó de la mano de la inflación en Estados Unidos, que en abril se aceleró hasta alcanzar el nivel más alto en tres años, de la mano del aumento vertiginoso de los precios de la gasolina y la subida del costo de los alimentos.
Según informó el Departamento de Comercio, el índice de precios al consumidor creció un 3,8% en abril, en comparación con el mismo mes del año anterior, un 0,3% que el mismo dato de marzo. En la medición mensual, en abril, los precios subieron 0,4%, un poco menos que el 0,7% del mes anterior.
Sin embargo, en la tarde del jueves, la tendencia negativa comenzó a revertirse, luego de que el medio ‘Axios’ reportara un principio de acuerdo entre Estados Unidos e Irán para extender el cese al fuego por 60 días e iniciar las negociaciones sobre el programa nuclear iraní, un plan que aún necesitaría el visto bueno de Trump.
Esa información permitió que las bolsas estadounidenses revirtieran sus pérdidas iniciales, mientras que las acciones europeas repuntaron de los mínimos de la sesión, aunque se mantuvieron con fuertes caídas. Del mismo modo, el reporte también causó una caída del precio del dólar en relación con monedas extranjeras y de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense.
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¿Un acuerdo a merced de la volatilidad de Trump?
Tomando en cuenta lo informado por ‘Axios’, el acuerdo preliminar que habrían alcanzado Washington y Teherán dependería del visto bueno de Trump, cuya posición se ha vuelto aún más impredecible.
Si bien el inquilino de la Casa Blanca ha afirmado repetidamente que el fin de la guerra está cerca, el miércoles el presidente estadounidense expresó su insatisfacción con las conversaciones con Irán, al que acusó de estar «negociando con las reservas agotadas», y aseguró que, o llegan a un acuerdo, «o simplemente tendremos que terminar el trabajo».
Varios expertos han señalado que Trump está buscando un pacto para reabrir el estrecho de Ormuz y conseguir una «imagen de victoria» para un conflicto impopular en Estados Unidos. Algo que preocupa a los republicanos, inquietos porque la prolongación de la guerra (que ha alimentado el aumento del costo de vida y del precio del petróleo) deteriore sus posibilidades en las elecciones legislativas de noviembre.
Pese a ello, Trump descartó el miércoles que los comicios influyan en su estrategia sobre Irán. «Pensaban (en referencia a Irán) que podrían esperar más que yo. Ya saben, ‘Le ganaremos. Él tiene las elecciones de medio término’. No me importan las elecciones de medio término», sostuvo.
Los lineamientos del posible memorando de entendimiento con Irán podrían no ser suficientes para «vender» un triunfo en un conflicto supuestamente iniciado para minimizar o destruir las capacidades iraníes nucleares y de misiles, y que incluso planteó la posible caída del régimen islámico que, por el contrario, se ha reforzado.
Por eso, algunos analistas han atribuido a ello las recientes declaraciones que parecían ligar el acuerdo con Irán con una presión a los países del Golfo Pérsico (como Arabia Saudita, Omán o Qatar) para que normalicen sus relaciones con Israel. «Nos lo deben», afirmó Trump el miércoles.
Arabia Saudita, la potencia más importante del mundo árabe y considerada desde hace tiempo como el premio principal para unirse a los llamados ‘Acuerdos de Abraham‘, ha insistido en que garantizar la creación de un Estado palestino sigue siendo una condición para establecer relaciones con Israel, que se niega vehemente a esa posibilidad.
Para Citrinowicz, «Trump está intentando, con todas sus fuerzas, fabricar una imagen de ‘victoria'» y, «si Irán no se la concede, tal vez los estados del Golfo lo hagan».
«No hace falta decirlo, hay virtualmente ninguna posibilidad de que esta idea se materialice. Pero la persistencia de Washington está erosionando de manera constante la confianza con Riad en un momento en que el liderazgo saudita ya está profundamente preocupado por una renovada escalada regional», sentenció.
Con Reuters, AP y medios locales
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