UCI

SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- La Unidad de Cuidados Intensivos no es una sala reservada para pacientes que inevitablemente van a morir. La internista e intensivista Fanny Márquez explicó durante una entrevista en Pura Vida FM que ese temor constituye uno de los mitos que escucha con mayor frecuencia cuando informa a familiares sobre la necesidad de trasladar a un paciente a UCI. 

“No es porque no hay nada que hacer”, sostuvo, sino porque el equipo dispone de monitorización, procedimientos y tratamientos especializados dirigidos a estabilizar al enfermo y ofrecerle la mejor posibilidad de recuperación. 

La Society of Critical Care Medicine (SCCM) define precisamente estas unidades como espacios para pacientes que necesitan evaluación frecuente, experiencia clínica especializada y soporte tecnológico superior al disponible en una sala convencional; entre las causas habituales figuran insuficiencia respiratoria, shock, arritmias graves y complicaciones de distintas enfermedades.

Otro temor frecuente es la ventilación mecánica. Márquez explicó que conectarse a un ventilador no significa que la máquina esté causando la muerte del paciente, sino que existe una condición pulmonar, neurológica o sistémica que requiere apoyo temporal para respirar. 

El Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de Estados Unidos describe el ventilador como una máquina que apoya la respiración cuando una persona no puede mantenerla adecuadamente por sí sola, aunque también aclara que la ventilación invasiva tiene riesgos, entre ellos lesión pulmonar e infecciones, por lo que debe utilizarse solo cuando está indicada y bajo vigilancia estrecha. 

La SCCM, además, recomienda utilizar sedación ligera frente a sedación profunda cuando sea clínicamente posible en adultos ventilados, con evaluaciones periódicas y estrategias que permitan despertar al paciente cuando su condición lo permita.

La participación de la familia también está cambiando. Márquez sostuvo que las visitas excesivamente restrictivas pueden aumentar la sensación de aislamiento y defendió una mayor flexibilidad cuando las condiciones clínicas y operativas lo permiten. 

Esa orientación coincide con las guías de atención centrada en la familia de la SCCM, publicadas en 2025, que recomiendan como práctica predeterminada políticas liberalizadas de presencia familiar, siempre que puedan aplicarse de manera segura.

Las mismas guías aconsejan comunicación estructurada con las familias, programas educativos y apoyo psicológico, además de considerar su participación en rondas y determinados cuidados al pie de la cama. Sin embargo, sería demasiado categórico afirmar que las visitas por sí solas garantizan una recuperación más rápida: la recomendación de presencia familiar se apoya en evidencia de certeza limitada y debe individualizarse.

Salir de la UCI tampoco significa necesariamente que haya terminado el proceso de recuperación. Márquez destacó la importancia de vigilar al paciente después del alta y preparar al cuidador para problemas como inmovilidad, dificultad para alimentarse, úlceras por presión u otras secuelas. 

La SCCM reconoce el síndrome poscuidados intensivos (PICS), que puede incluir alteraciones físicas, cognitivas y emocionales después de una enfermedad crítica y cuyo origen puede comenzar durante la propia hospitalización. Por ello, el enfoque moderno de cuidados intensivos no termina con salvar la vida: también busca reducir delirium, inmovilidad y sedación excesiva y favorecer rehabilitación, sueño, orientación y participación familiar, componentes incorporados en los programas de “liberación de la UCI”.

Un punto de la entrevista que debe matizarse es la afirmación de que la mortalidad general en UCI se encuentra entre 15 % y 20 % y que aproximadamente 80 % de los pacientes “sale bien”. Márquez señaló que esas cifras varían según enfermedad, tipo de unidad y país. 

Esa cautela es esencial: no existe una única tasa de mortalidad aplicable a todas las UCI, ya que el pronóstico cambia considerablemente según edad, diagnóstico, gravedad, número de órganos afectados y características del hospital. La SCCM describe a los pacientes críticos como una población muy heterogénea y no establece un porcentaje universal de supervivencia para todas las unidades.

Lo que sí cuenta con respaldo científico es que, cuando una persona realmente necesita cuidados críticos, retrasar su ingreso puede empeorar los resultados; una revisión sistemática encontró una asociación significativa entre demora en la admisión y mayor mortalidad.

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