WASHINGTON,EE.UU./ DIARIO DE SALUD.- Las metas voluntarias de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos para reducir el sodio en alimentos procesados y envasados parecen haber tenido un impacto limitado en los productos nuevos lanzados al mercado, según un estudio que será presentado en NUTRITION 2026, la reunión anual de la American Society for Nutrition.
La investigación comparó el contenido de sodio de alimentos envasados introducidos en Estados Unidos antes y después de 2021, año en que la FDA emitió sus objetivos voluntarios de reducción de sodio de Fase I.
El resultado fue poco alentador: en las nueve categorías evaluadas, que se encuentran entre las principales fuentes de sodio en la dieta estadounidense, el contenido de sodio no disminuyó de forma general.
En cuatro categorías, incluso fue más alto en los productos lanzados después de la publicación de las directrices.
“Nuestros hallazgos sugieren que el contenido de sodio en los productos de reciente introducción no disminuyó en las nueve categorías de alimentos envasados que contribuyen a la mayor parte del sodio en la dieta en los EE.UU., e incluso aumentó en cuatro categorías, a pesar de los objetivos voluntarios establecidos por la FDA”, afirmó Kenny Kusnadi, investigador de posgrado del Departamento de Salud Internacional de la Escuela de Salud Pública Bloomberg de Johns Hopkins y primer autor del estudio.
Según Kusnadi, los resultados indican que la industria alimentaria no estaría incorporando de manera suficiente los objetivos de sodio en el desarrollo y la innovación de nuevos productos.
El trabajo será presentado del 25 al 28 de julio en NUTRITION 2026, encuentro que la American Society for Nutrition celebrará en National Harbor, Maryland, cerca de Washington, D.C. La organización describe el evento como su reunión anual principal y un espacio para presentar investigaciones nuevas en nutrición, salud pública y políticas alimentarias.
El sodio es un nutriente necesario para el organismo, pero su consumo excesivo se asocia con aumento de la presión arterial.
La FDA y los CDC señalan que el exceso de sodio puede elevar la presión arterial, un factor importante de riesgo para enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares.
Las guías alimentarias estadounidenses recomiendan que adolescentes y adultos limiten el consumo de sodio a menos de 2,300 miligramos al día, una cantidad cercana a una cucharadita de sal de mesa.
Sin embargo, la ingesta promedio en Estados Unidos sigue por encima de esa cifra.
Los CDC recuerdan que la mayor parte del sodio en la dieta no proviene del salero, sino de alimentos procesados, envasados y de restaurantes.
Ese es justamente el motivo por el que la FDA optó por intervenir en la oferta alimentaria.
En octubre de 2021, la agencia emitió una guía final con metas voluntarias de corto plazo para reducir el sodio en 163 categorías de alimentos procesados, envasados y preparados, incluidos productos vendidos por fabricantes, cadenas de restaurantes y servicios de alimentos.
La lógica era simple: si buena parte del sodio llega al consumidor ya incorporado en productos comerciales, reducirlo desde la formulación podría tener más impacto poblacional que depender solo de decisiones individuales.
Pero el nuevo análisis sugiere que esa estrategia voluntaria no habría sido suficiente para modificar de forma clara los productos nuevos.
Los investigadores analizaron alimentos envasados introducidos en Estados Unidos entre 2015 y 2025, es decir, seis años antes y cuatro años después de la guía de 2021.
La información procedía de la base global de nuevos productos de Mintel, que registra alimentos vendidos en supermercados y canales minoristas importantes, incluidos lanzamientos nuevos y productos con cambios de formulación o empaque.
El análisis se concentró en nueve categorías relevantes por su contribución al consumo de sodio: panes y productos de panadería, pizzas, sándwiches y wraps, productos cárnicos, aperitivos a base de maíz, aperitivos de papa, palomitas de maíz, sopas secas y sopas líquidas.
En conjunto, el contenido de sodio no cambió de forma significativa entre los productos introducidos antes y después de 2021.
Las categorías en las que los niveles de sodio fueron más altos después de la guía fueron sopas secas, palomitas de maíz, panes y productos de panadería, y aperitivos a base de maíz.
Para los autores, este patrón plantea dudas sobre la eficacia de las metas voluntarias cuando no existen mecanismos más fuertes de rendición de cuentas.
“Estos hallazgos se suman a un conjunto sustancial de evidencia que indica que los objetivos voluntarios y no vinculantes son un enfoque menos eficaz para reducir significativamente el contenido de sodio en los alimentos”, afirmó Matti Marklund, profesor adjunto del Departamento de Salud Internacional de la Escuela Bloomberg de Salud Pública de Johns Hopkins y autor principal del estudio.
Marklund sostuvo que los esfuerzos futuros podrían requerir mecanismos más robustos, como metas obligatorias de sodio y consecuencias financieras por incumplimiento.
Esa posición contrasta con el enfoque actual de la FDA, que hasta ahora ha trabajado con metas voluntarias.
En agosto de 2024, la agencia inició una segunda fase de reducción de sodio mediante una nueva guía preliminar para la industria.
La FDA explicó que los objetivos de Fase II buscan avanzar sobre las metas de 2021 y reducir todavía más el sodio en alimentos comerciales durante los próximos tres años.
La agencia indicó que, si esas metas se cumplen, la ingesta promedio de sodio podría bajar a unos 2,750 miligramos diarios, cifra todavía superior al límite recomendado de 2,300 miligramos, pero menor que los niveles previos.
Reuters reportó en 2024 que la FDA observaba señales tempranas de avance: cerca del 40 % de las categorías de alimentos habían alcanzado los objetivos de la primera fase o estaban dentro de un margen de 10 % para lograrlos.
El nuevo estudio no contradice necesariamente todos esos datos, porque evalúa un segmento específico: productos de reciente introducción.
No analiza todo el inventario disponible en los estantes ni mide directamente cuánto sodio consume cada persona.
Esa diferencia metodológica es importante.
Un fabricante podría reducir sodio en productos existentes, pero seguir lanzando nuevos productos con niveles altos.
También podría haber cambios en ventas, tamaños de porción o consumo real que no se captan solo observando etiquetas de productos nuevos.
Por eso, los autores reconocen que el estudio es útil para evaluar tendencias de innovación del sector, pero no ofrece una imagen completa del éxito o fracaso de toda la política de reducción de sodio.
Tampoco permite estimar por sí solo la ingesta real de sodio de la población.
Aun así, el hallazgo es relevante porque los productos nuevos ayudan a definir hacia dónde se mueve el mercado.
Si la innovación alimentaria no incorpora metas de menor sodio, las mejoras poblacionales pueden ser más lentas o quedar limitadas a algunos productos ya existentes.
Para los consumidores, la recomendación práctica sigue siendo leer las etiquetas nutricionales, comparar productos, elegir opciones bajas en sodio cuando sea posible, cocinar más en casa y reducir la dependencia de comidas preparadas o ultraprocesadas.
Los CDC recomiendan comparar el sodio entre productos similares y recordar que alimentos que no siempre parecen salados, como panes o productos horneados, también pueden aportar cantidades relevantes por la frecuencia con que se consumen.
Pero los investigadores advierten que la responsabilidad no puede recaer solo en el consumidor.
Cuando la mayor parte del sodio proviene de productos procesados y comidas preparadas, las políticas públicas y la reformulación industrial se vuelven herramientas centrales para reducir el riesgo a escala poblacional.
El estudio será presentado por Kusnadi el sábado 25 de julio durante una sesión oral sobre perspectivas globales del estado de micronutrientes, deficiencias nutricionales y resultados en salud.
Como ocurre con muchos trabajos presentados en congresos, los resultados fueron evaluados y seleccionados por un comité científico, pero aún no han pasado por el mismo proceso de revisión por pares que exige una publicación formal en revista científica.
Por esa razón, sus conclusiones deben considerarse preliminares.
La lectura principal es clara: las metas voluntarias pueden ayudar, pero podrían no ser suficientes si la industria no las incorpora en el diseño de nuevos productos.
La reducción de sodio sigue siendo una prioridad de salud pública porque puede impactar en hipertensión, enfermedad cardíaca y accidente cerebrovascular.
La pregunta que deja abierta el estudio es si Estados Unidos necesita pasar de recomendaciones voluntarias a reglas con mayor fuerza para lograr cambios reales en la composición de los alimentos.
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