
Culmina el tercer día de la Asamblea General de la ONU. Entre abucheos y el abandono de varios delegados de la sala, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, defendió su ofensiva en Gaza, rechazó como «mentira» las acusaciones de genocidio y sostuvo que, por el contrario, su país «impidió» que uno ocurriera. Desde otro escenario, por videollamada y tras la negativa de Washington a concederle la visa, el líder palestino Mahmoud Abbas alertó de que su pueblo atraviesa uno de los capítulos «más peligrosos» de su historia, rechazó una repetición de la Nakba y reclamó poner en marcha el plan de reconstrucción para Gaza y terminar con el cerco israelí.
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