Max Miller «no cumple ese estándar mínimo básico» para ocupar un cargo público. El señalamiento partió del mismo hombre que impulsó su carrera política en un principio, el senador por Ohio, Bernie Moreno, su exsuegro. Y surge en medio de agrias acusaciones de presunto maltrato doméstico y violencia machista que pesan contra el representante de 37 años.
De un lado de la arena está Moreno, un senador nacido en Colombia y nacionalizado estadounidense que ha apoyado el esfuerzo de Donald Trump por eliminar el derecho a la ciudadanía por nacimiento. Del otro está Miller, un representante que también rompió lanzas por Trump, avalando su tesis de que las elecciones de 2020 fueron manipuladas.
En el medio está el Partido Republicano en plena campaña previa a las elecciones de medio término y, casi seguramente, el endoso del presidente Donald Trump para Miller, que mantiene su candidatura a la reelección, pese a que atraviesa por una investigación del Comité de Ética, solicitada por él mismo con el objetivo de “limpiar” su nombre.
Detrás de todo el vendaval están varios años de silencio del senador Moreno, que recién el pasado domingo 2 de agosto salió al ruedo para respaldar a su hija y apuntar, en una publicación en X, que Miller “necesita buscar ayuda profesional para acabar con el claro patrón de abuso que ha dejado a su paso”.
Para Trump, nada está claro todavía con respecto a Miller, que fue uno de sus asesores durante su primer mandato. El domingo, cuando fue consultado a bordo del Air Force One sobre la situación tras las revelaciones de Moreno, se limitó a decir que “hasta ahora son (solo) acusaciones”, a las que “echaré un ojo”.
El mandatario agregó luego que era “triste”, que se trataba de un tema que las familias debían resolver y confesó que se sentía “mal” por Miller.
Sin embargo, el propio Miller reconoció durante una entrevista con la cadena local ‘CNN’ que Trump (quien no le ha retirado el endoso) lo llamó el lunes para decirle: «No sé si vas a poder salir adelante con esta”, refiriéndose a la campaña de reelección.
Miller es la apuesta republicana para tratar de impedir un costoso triunfo demócrata en el 7º distrito de Ohio, que pondría en riesgo la mayoría de los conservadores en la Cámara Baja.
Un largo historial sobre acusaciones de abuso
Las acusaciones de Emily Moreno no son las primeras que apuntan al supuesto historial de violencia de Max Miller, quien recibió el apoyo de la organización juvenil de ultraderecha Turning Point (encabezada por el fallecido Charlie Kirk) cuando optó por primera vez a un escaño en la Cámara de Representantes.
Un reportaje del medio ‘Politico’, publicado en 2021, relata un episodio de su adolescencia, cuando fue señalado de empujar por unas escaleras a una joven estudiante de secundaria que lo rechazó.
Miller también fue acusado por la exsecretaria de Prensa de la Casa Blanca Stephanie Grisham (con quien tuvo una relación durante sus tiempos como asesor de Trump) de haberla abofeteado y arrojado contra una pared.
Grisham reveló el episodio en un artículo de opinión publicado en ‘The Washington Post’ sin atribuírselo explícitamente, pero cuando se reveló poco después que se refería a él, Miller la demandó por difamación.
El tema se resolvió con un acuerdo extrajudicial, pero Grisham lo reactivó semanas atrás, cuando regresó a los tribunales para denunciar que Miller incumplió los términos de ese acuerdo al descalificarla públicamente.
También han surgido acusaciones de violencia y problemas de durante su adolescencia, incluyendo huir de la Policía, alteración del orden público y consumir alcohol siendo menor de edad.
Pero la más costosa de las acusaciones surgió cuando Moreno decidió romper el silencio, que mantuvo durante dos años de amargas disputas por la custodia de la hija que Miller tuvo con la hija del senador, Emily, con el argumento de que intentaba “proteger a nuestra hija y a nuestra nieta” y tenía “preocupación por la seguridad de mi familia”, como él mismo lo explicó en X.
“Como ha admitido en privado, Max Miller necesita ayuda psicológica seria. Es un peligro para mi hija, y contengo la respiración cada minuto que tiene la custodia de mi nieta”, agregó Moreno en la publicación.
Como consta en el expediente de su divorcio, Emily denunció a Miller de haberle arrojado agua caliente, provocándole quemaduras, además de apuntar una pistola a su cabeza y empujarla contra una pared durante una pelea, en un incidente en el que supuestamente la pequeña hija de ambos sufrió una fractura de clavícula.
¿Qué responde Miller? El republicano publicó su propio video en X, negando los señalamientos, asegurando que «mi exmujer está siguiendo un patrón de informar de acusaciones increíblemente graves y destructivas sin ninguna prueba», atribuyendo el episodio del agua caliente a una “broma” con la manguera del lavaplatos y citando “importantes problemas de salud mental” de Emily.
“El séptimo anillo del infierno”: crece la presión para la renuncia de Miller
Miller se ha puesto a disposición del Comité de Ética y ha prometido proporcionar toda la información necesaria para desmentir a sus detractores.
«Nunca, jamás, jamás dejaré que mi niña vea a su padre marcharse como alguien que renuncia. Seguiré hasta poner fin a esto», proclamó Miller.
Pero Moreno, que anteriormente se había negado a «litigar estos asuntos en los medios», ha comenzado a ser más abierto al respecto, y en declaraciones a los periodistas el 4 de agosto describió lo que su familia ha vivido con Miller como “el séptimo anillo del infierno”.
El Comité de Ética revisará no solo el supuesto historial de violencia del representante, sino también buscará determinar si ha incurrido en “abuso o en el consumo ilegal de drogas», de acuerdo con un comunicado de esa instancia parlamentaria.
Y mientras la investigación avanza, crecen también las presiones para que renuncie a su candidatura y evite poner en riesgo un escaño que se considera seguro para los republicanos.
«Si Moreno cree que debería renunciar, lo apoyo», afirmó la senadora republicana por Virginia Occidental Shelley Moore Capito.
Otra republicana, Lisa Murkowski, senadora por Alaska, afirmó que «las acusaciones son muy graves, y si son ciertas, soy de las que piensan que nuestros funcionarios electos deben estar sujetos a altos estándares».
La diatriba encuentra al Partido Republicano afectado por otro escándalo, luego de que un representante investigado por el Comité de Ética, Chuck Edwards, decidiera retirar su candidatura a la reelección por el 11º distrito de Carolina del Norte, en medio de acusaciones de «conducta persistentemente poco profesional e inapropiada» hacia dos empleadas.
El Comité concluyó que el comportamiento de Edwards, quien solía ofrecer costosos regalos a trabajadoras mujeres bajo su cargo, «llevaría a un observador razonable a interpretarlo como acercamiento sexual o romántico».
El reloj está corriendo tanto para Miller como para los conservadores, porque el plazo para nombrar un reemplazo vence el 10 de agosto. Después de esa fecha, si Miller debe retirarse de la contienda, entonces el Partido Republicano no tendrá derecho a nominar a un candidato para enfrentar al demócrata Brian Poindexter.
Con AP, Reuters, EFE y medios locales
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