
La iniciativa «No a una Suiza de diez millones» fue rechazada por la mayoría de los ciudadanos suizos en un referendo celebrado este domingo.
El proyecto planteaba que, si antes de 2050 el país llegaba a los 9,5 millones de habitantes, Suiza debía imponer medidas para frenar el crecimiento demográfico mediante mayores restricciones a la inmigración y al derecho de asilo.
La propuesta fue impulsada por el partido populista Unión Democrática de Centro (UDC), que fue el único actor político relevante que la defendió. Sin embargo, no logró imponerse: cerca del 55 % de los votantes se opuso a la iniciativa, según resultados preliminares con un margen de error de más o menos tres puntos porcentuales.
En contra de la iniciativa se unieron los demás partidos. Incluso el Partido Socialista formó una inusual alianza con la patronal para advertir a la ciudadanía sobre las posibles consecuencias negativas del cambio, que durante la campaña llegó a aparecer en algunos sondeos con opciones de ser aprobado.
La migración, en el centro del debate
Suiza registra un aumento de población del 25 % en 24 años, al pasar de 7,3 millones de habitantes en 2002 a más de 9,1 millones en 2026, uno de los crecimientos demográficos más rápidos de Europa Occidental.
La fertilidad está lejos de explicar esta situación, ya que ronda apenas los 1,3 hijos por mujer, según la Oficina Federal de Estadística (OFS), por debajo del umbral de renovación demográfica, situado en 2,1 nacimientos por mujer.
La razón principal de este incremento está en la migración, que representa cerca del 80 % del crecimiento poblacional. Actualmente, el 27 % de la población, más de dos millones de personas, es extranjera, con Ginebra entre los cantones con las tasas más elevadas.
Entre los defensores de la iniciativa existe la percepción de que una inmigración excesiva aumenta la presión sobre los servicios públicos y el sector inmobiliario, en un país con precios de alquiler entre los más altos de Europa.
Suiza dice no a cerrar la puerta a Europa
Más allá de evitar que la población del país sobrepase los diez millones de personas en 2050, la iniciativa generó polémica porque planteaba limitar la inmigración, incluida la procedente de países vecinos de la Unión Europea, así como endurecer las normas de asilo.
Los argumentos de los opositores se centraron en la dependencia de sectores como la sanidad, la construcción, la hostelería y la restauración de la mano de obra extranjera, así como en la necesidad de las empresas suizas de incorporar trabajadores altamente calificados del exterior.
Las relaciones entre Suiza y la Unión Europea también podían haberse visto afectadas si el «sí» hubiera triunfado en el referendo. Con el rechazo de la iniciativa, por ahora no se alteran los vínculos políticos, económicos y comerciales entre ambas partes.
Un pilar fundamental de esa relación es el Acuerdo de Libre Circulación de Personas, que permite a los ciudadanos de la UE entrar, residir y ejercer una actividad profesional en Suiza en condiciones similares a las de los ciudadanos suizos.
Con EFE y medios locales
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