El llamado a elecciones anticipadas en España, un anuncio esperado de Pedro Sánchez después de que el viernes el Congreso tumbara los dos decretos de medidas para la crisis de vivienda, abrió una carrera de poco menos de dos meses hasta los comicios, fijados para el 29 de noviembre próximo.

Y en la oposición de derechas, deseosa desde hace meses de un adelanto electoral, el llamado ha sido motivo de celebración.

«Por fin» fue la expresión que el conservador Partido Popular (PP) utilizó en sus redes y que lució en una lona desplegada en la sede central de la formación en Madrid. También fueron las primeras palabras que su líder, Alberto Núñez Feijóo, pronunció en su primera comparecencia ante los medios tras conocerse la noticia.

«Por fin España dirá lo que piensa, por fin volverá a hablar la mayoría, por fin decidirán los españoles (…) Por fin podemos cerrar este tiempo y abrir otro mejor. Por fin puede irse quien nunca debió llegar tan lejos. Por fin votaremos y, por fin, España podrá elegir el país que quiere ser», subrayó el político de 65 años.

Anticipando el tono de campaña, el líder del PP aseguró que «no son unas elecciones más», sino una «disyuntiva» entre «un proyecto de ambición personalista» o «un proyecto de país».

«Esto no va sencillamente de que el PP le gane al PSOE (Partido Socialista Obrero Español). No son unas elecciones como las anteriores en democracia. Esto va de que España le gane a Sánchez y a lo que representa, de que la nación y la democracia venzan a quien más daño le ha causado», insistió Feijóo.

Para el líder conservador, el 29 de noviembre se pondrá en juego «la necesidad imperiosa de abordar una reconstrucción nacional» e, incluso, comparó los problemas que enfrentaría un futuro gobierno con «los que España tuvo que afrontar hace cincuenta años», es decir, con el fin de la dictadura de Francisco Franco y el regreso de la democracia.

Desde esa postura tremendista, el dirigente gallego –cuyo partido encabeza las encuestas de intención de voto– afirmó que él representa «el cambio» frente a la «decadencia», la «mentira» o la «corrupción».

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Aunque en el Partido Popular todavía pesa el recuerdo de las elecciones anticipadas de 2023 –cuando, pese a ser la formación más votada, no pudo formar gobierno, lo que permitió que Sánchez continuara en el poder, armando su coalición actual–, la postura de Feijóo denota confianza en que esta vez sí podrá llegar a La Moncloa.

Una de las grandes bazas para ello es que, a diferencia de hace tres años, el PP hoy luce dispuesto a aliarse con el ultraderechista Vox, que ha ascendido en los sondeos y podría convertirse en el primer partido de extrema derecha en integrar el gobierno desde la caída del dictador Franco en 1975.

Su líder, Santiago Abascal, también consideró «una buena noticia» el adelantamiento electoral y fijó las líneas de una futura alianza: la «prioridad nacional» para que, según él, «los españoles no estén nunca más discriminados en su propia tierra»; la «desregulación» de la economía; y la «remigración», otro controvertido concepto que, según el jefe de la formación ultra, permita «revertir la invasión migratoria».

Fiel a su costumbre y a la de otras formaciones radicales en el mundo, Abascal planteó, sin pruebas, dudas sobre la limpieza del comicio y consideró que existen «riesgos» de que Sánchez logre «manipular este proceso electoral».

En particular puso la lupa, sin evidencias, sobre posibles alteraciones en el voto por correo, por lo que instó al electorado a «que voten en la urna y que voten con seguridad».

Coincidió con él la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, integrante del PP pero cultora de una derecha más radical. En un evento en un hotel céntrico de la capital e incluso antes de que se pronunciara Feijóo, la mandataria regional planteó que las elecciones son, supuestamente, una disputa entre «comunismo o libertad» y «democracia o Sánchez», y consultada sobre si considera al presidente del Gobierno español un «dictador», respondió que «también (Nicolás) Maduro convoca a elecciones», en referencia al exmandatario venezolano, hoy detenido en Estados Unidos.

Al otro lado del arco político, la izquierda «a la izquierda» del PSOE ha intentado amortiguar el impacto de un llamado a elecciones que encuentra al bloque fragmentado y sin un liderazgo claro.

El Frente Amplio –nueva denominación de la alianza Sumar, socio minoritario de Sánchez en el gobierno– prevé presentar a sus candidatos el 17 de octubre, un día después del cierre de las inscripciones, y la incógnita está puesta en quién asumirá su liderazgo, una discusión demorada por meses y que ahora tendrá que apurar en diez días.

También a contrarreloj tendrá que darse la definición de si se forma una gran plataforma de izquierdas con Podemos, partido que se ha diferenciado del Gobierno de Sánchez y de Sumar. Irene Montero, exministra de Igualdad (2020-2023), actual diputada y número dos de ese partido, aseguró este lunes que «no hay tiempo que perder» y sugirió que se realicen unas primarias abiertas el 14 y 15 de octubre «para elegir entre todas esa candidatura de la mayoría social».

Los cálculos de Sánchez para lograr una nueva remontada

Al igual que Feijóo, Sánchez también destacó que ir a las urnas es la mejor opción para que los españoles, entre quienes reconoció una «insatisfacción», decidan el rumbo a tomar: si España se suma a la «ola ultraderechista» global o si sigue siendo «un baluarte de apertura y de justicia social y de responsabilidad medioambiental».

También cargó contra la que calificó como «la peor oposición» de la historia democrática española –en referencia al PP y Vox–, «sin ningún sentido de Estado», a la que acusó de «cuestionar hasta incluso la legitimidad» del sistema electoral.

A lo largo de su carrera política, Sánchez se ha destacado por desafiar los pronósticos y aprovechar jugadas políticas arriesgadas. Llegó al poder en 2018 tras encabezar la iniciativa para destituir a Mariano Rajoy (PP), con la primera moción de censura exitosa en España, motivada por casos de corrupción.

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Imagen de portada: © France 24

Y en 2023, luego de un mal desempeño de su partido PSOE en los comicios locales, convocó a elecciones anticipadas, logrando movilizar al electorado progresista y aprovechando que el aislamiento de Vox le abrió la vía para articular una alianza heterogénea, pese a que el PP había obtenido mayor número de escaños.

Sin embargo, con el PP abierto a unirse a Vox, las probabilidades de repetir con éxito esa maniobra son menores, considerando además el desgaste del PSOE y, todavía más, de Sumar, muy por debajo de los números de 2023, según las encuestas.

Pero desde que la crisis de la vivienda volvió al centro de la escena –desplazando un poco a la crisis migratoria en Ceuta o los casos de corrupción que vienen esmerilando a Sánchez–, y luego de que conservadores y ultraderechistas se unieran para tumbar medidas de alivio para los inquilinos, el líder socialista vio una ventana de oportunidad.

«Sánchez elige este momento porque, posiblemente, sea el mejor instante para hacerlo, dado que la cuestión de la vivienda enmarca el conflicto o debate electoral en términos muy favorables a la postura (de su partido)», señaló a la agencia AP Oriol Bartomeus, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Barcelona, añadiendo que el presidente del Gobierno español puede plantear la disputa «en términos muy clásicos de izquierda contra derecha».

El analista político Eduardo Bayón agregó a Reuters que «ante la incapacidad de legislar sobre el asunto que más preocupa a la opinión pública», el difícil acceso a la vivienda en España, la meta de Sánchez es «capitalizar la movilización social».

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Desde el desalojo de Maricarmen, una jubilada de 87 años, el 23 de septiembre pasado en Madrid, se han producido numerosas movilizaciones en toda España, además de acampadas en plazas públicas, incluida la mayor en la famosa Puerta del Sol, que todavía sigue en curso. De todas maneras, Sánchez no se ha salvado de los reproches de esos manifestantes, quien le cuestionan no haber hecho lo necesario para paliar la falta de viviendas o para frenar los desahucios.

Mientras Sánchez buscará llevar la discusión a una disputa ideológica centrada, sobre todo, en la vivienda, y la oposición intentará focalizar en la crisis en Ceuta o en las investigaciones por corrupción de miembros de su gobierno y de su entorno familiar, las dudas también quedan planteadas sobre la estabilidad de una futura alianza entre PP y Vox.

Según Lorenzo Bernaldo de Quirós, economista y presidente de la consultora Freemarket Corporate Intelligence, es posible que Sánchez apueste a largo plazo por mostrarse como un líder opositor eficaz, mientras PP y Vox se desgastan por conflictos programáticos, como ha sucedido en los cuatro Ejecutivos regionales en los que actualmente comparten coalición.

«Es un gobierno que (los socialistas) creen que no durará», afirmó.

Con Reuters, AP, EFE y medios locales

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