Cuatro años después del acuerdo que puso fin a una devastadora guerra civil, Etiopía vuelve a enfrentarse a combates a gran escala en el norte del país. Las fuerzas federales avanzan hacia Mekelle, la capital de la región de Tigray, mientras una alianza rebelde encabezada por el Frente Popular de Liberación de Tigray (FPLT) combate al Gobierno del primer ministro Abiy Ahmed en varios frentes.
A simple vista, el escenario recuerda a la guerra de 2020-2022, que dejó cientos de miles de muertos y millones de desplazados. Pero ahora la situación es diferente. Algunos de los antiguos aliados son enemigos, grupos que antes combatían entre sí se han unido y las tensiones de Etiopía con Eritrea, Sudán y Egipto amenazan con convertir el conflicto en una guerra regional.
En los últimos días, Etiopía y Eritrea rompieron relaciones diplomáticas, mientras Adís Abeba (Etiopía) y El Cairo (Egipto) expulsaron mutuamente a diplomáticos. El Gobierno etíope acusa a esos países de apoyar a sus adversarios, pero ellos lo niegan.
¿Qué está pasando en Etiopía y por qué una nueva guerra en Tigray podría extenderse más allá de sus fronteras?
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¿Qué está pasando en Tigray?
Las tensiones entre el Gobierno federal y el FPLT venían creciendo desde hace tiempo. Desde principios de año se han registrado ataques con drones en Tigray, algunos contra escuelas y cargamentos humanitarios, y los rebeldes responsabilizaron a Adís Abeba. En agosto recrudecieron los enfrentamientos y los movimientos de tropas y artillería.
La situación escaló en septiembre, cuando el FPLT se unió a otros seis grupos armados y opositores para formar la denominada Alianza para la Supervivencia, que tiene como objetivo derrocar a Ahmed y establecer un Gobierno de transición.
El 23 de septiembre, las fuerzas de la coalición tomaron los tres aeropuertos de Tigray y anunciaron una “guerra defensiva”. Los combates se extendieron después hacia las regiones vecinas de Amhara y Afar.
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El Gobierno respondió con el despliegue del Ejército y fuerzas aliadas, que avanzaron rápidamente dentro de Tigray. Este viernes 2 de octubre las progubernamentales Fuerzas de Paz de Tigray aseguraron haber tomado Milazat, a unos 20 kilómetros de Mekelle.
En la capital regional, bancos y comercios cerraron ante el temor de que los combates lleguen a la ciudad. Una fuente diplomática dijo a la agencia Reuters que altos mandos del FPLT ya abandonaron Mekelle, aunque advirtió que una posible toma de la ciudad no necesariamente pondría fin al conflicto.
En la guerra anterior ocurrió algo similar cuando las fuerzas federales conquistaron Mekelle apenas un mes después del comienzo de los combates en 2020, pero el FPLT recuperó la ciudad siete meses más tarde.
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Por otro lado, la nueva escalada empieza a tener consecuencias humanitarias.
La ONG Médicos Sin Fronteras informó que la cifra de heridos atendidos en los hospitales de Korem y Alamata pasó de unos 180 a más de 420 en apenas 48 horas. Además, unas 150.000 personas fueron desplazadas, según una organización humanitaria local citada por la agencia AP.
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¿Por qué volvió la guerra si hubo un acuerdo de paz?
Para entender la crisis actual hay que remontarse a 2020.
El FPLT había sido durante muchos años la principal fuerza dentro de la coalición que gobernó Etiopía. Su poder comenzó a disminuir con la llegada de Abiy Ahmed al Gobierno en 2018 y la relación entre ambos terminó de romperse cuando Tigray llevó adelante sus propias elecciones regionales en 2020, pese a que Adís Abeba había aplazado los comicios nacionales y regionales.
La guerra comenzó en noviembre de 2020 y enfrentó durante dos años al Gobierno federal y sus aliados con las fuerzas tigrinas. En ese entonces, Eritrea intervino del lado de Abiy.
El Acuerdo de Pretoria, firmado en noviembre de 2022 con mediación de la Unión Africana (UA), puso fin a los combates a gran escala, pero no solucionó buena parte de los problemas que habían desencadenado la guerra.
El desarme del FPLT no fue completo y cientos de miles de desplazados no pudieron regresar a sus hogares, mientras continuaron abiertas las disputas territoriales entre Tigray y Amhara. La reintegración política tampoco fue completa: en 2025 se revocó el registro legal del FPLT como partido y la región del Tigrey quedó fuera de las elecciones nacionales de junio de 2026.
Asimismo, las alianzas también cambiaron. Fuerzas amharas que combatieron junto al Gobierno contra el FPLT durante la guerra anterior ahora están dentro de la nueva coalición opositora. Al mismo tiempo, el propio campo tigrino está fragmentado y antiguos dirigentes del FPLT abandonaron el movimiento o se alinearon con Adís Abeba.
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¿Por qué Eritrea pasó de aliado a enemigo?
Probablemente, se trata del cambio más importante respecto de 2020.
Etiopía y Eritrea fueron enemigos durante décadas. Eritrea se independizó en 1993 y ambos países libraron entre 1998 y 2000 una guerra fronteriza que dejó decenas de miles de muertos.
Sin embargo, la relación cambió con la llegada de Abiy. En 2018, el primer ministro etíope firmó un histórico acuerdo de paz con el presidente eritreo, Isaias Afwerki, que le valió la obtención del Premio Nobel de la Paz al año siguiente.
Cuando estalló la guerra de Tigray, las tropas eritreas combatieron junto al Ejército etíope contra el FPLT.
Ahora ocurre lo contrario. Adís Abeba acusa a Eritrea de financiar y facilitar apoyo a los rebeldes, pero Asmara (Eritrea) lo niega.
En el centro de la nueva disputa está el mar Rojo. Etiopía quedó sin litoral con la independencia de Eritrea y depende de Yibuti para la gran mayoría de su comercio marítimo. Abiy dijo que la recuperación de un acceso directo al mar es una cuestión “existencial” para su país.
Eritrea teme que Etiopía intente hacerse por la fuerza con Assab, uno de sus principales puertos, pero Abiy niega que planee una invasión y asegura que busca conseguir acceso al mar por medios pacíficos.
La tensión terminó de explotar esta semana cuando Etiopía cerró su embajada en Asmara y expulsó a diez diplomáticos eritreos. Eritrea respondió rompiendo por completo las relaciones diplomáticas.
Ahora sí, el vuelco es total: el país que ayudó a Abiy a combatir al FPLT hace cuatro años es señalado por su Gobierno como uno de los principales apoyos de ese mismo grupo rebelde.
¿Qué tiene que ver Sudán?
Tigray también limita con Sudán, un país que desde 2023 está sumido en una guerra entre el Ejército y las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR). Ahora las dos crisis empiezan a cruzarse.
Etiopía acusa a Sudán de ayudar a sus adversarios. El Ejército sudanés lo niega y, a su vez, acusa a Adís Abeba de facilitar apoyo a las FAR, incluso mediante entrenamiento y suministros desde territorio etíope. Etiopía rechaza también esa acusación.
Varios diplomáticos dijeron a Reuters que algunos combatientes tigrinos han luchado junto al Ejército sudanés y que Jartum (Sudán) albergó reuniones que llevaron a la creación de la nueva alianza rebelde etíope.
Además, Sudán ya es escenario de una competencia regional. Egipto y Eritrea mantienen vínculos estrechos con el Ejército sudanés, mientras Emiratos Árabes Unidos ha sido acusado por expertos de Naciones Unidas de respaldar a las FAR, algo que Abu Dabi niega.
El peligro es que ambas guerras se alimenten una a la otra. Los adversarios de un Gobierno podrían encontrar armas, rutas de suministro o refugio del otro lado de la frontera.
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¿Y por qué aparece Egipto?
La disputa entre Egipto y Etiopía es anterior a esta guerra y gira principalmente alrededor de un recurso vital para ambos: el agua.
Etiopía construyó sobre el Nilo Azul la Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD), una enorme central hidroeléctrica inaugurada en 2025. Para Adís Abeba es una infraestructura más que importante para el desarrollo del país y una reivindicación de su derecho a utilizar las aguas que atraviesan su territorio.
Pero Egipto tiene otra mirada. El país depende del Nilo para alrededor del 97% de su riego y suministro de agua potable y exige garantías sobre el funcionamiento de la presa y el caudal que recibirá río abajo.
Años de negociaciones no consiguieron cerrar un acuerdo definitivo.
El presidente estadounidense Donald Trump incluye la disputa entre Egipto y Etiopía entre las ocho “guerras” que asegura haber terminado desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025. De todas maneras, ambos países nunca llegaron a enfrentarse militarmente y la disputa por el Nilo continúa sin resolverse.
Ahora apareció otro motivo de enfrentamiento. El jefe del ejército etíope acusó a Eritrea de respaldar al FPLT e insinuó que sus operaciones necesitarían también apoyo de Egipto y Sudán, aunque no presentó pruebas adicionales. Ambos países rechazaron cualquier injerencia.
La tensión ya llegó al terreno diplomático. Etiopía expulsó esta semana a un diplomático egipcio y El Cairo respondió de la misma manera.
¿Puede convertirse en una guerra regional?
Para muchos, ese es el principal temor.
Etiopía se encuentra en el centro de una región en la que varias crisis que hasta ahora podían verse por separado empiezan a converger.
Al norte está Eritrea, que acaba de romper relaciones diplomáticas con Adís Abeba y mantiene con Etiopía una disputa por el acceso al mar Rojo. Al oeste está Sudán, inmerso en su propia guerra civil, mientras Egipto mantiene su enfrentamiento con Etiopía por el Nilo y estrechos vínculos con el Ejército sudanés.
Más allá aparecen otros actores. Emiratos Árabes Unidos ha estrechado su relación con Etiopía y ampliado durante los últimos años su presencia política, económica y militar en el Cuerno de África. Arabia Saudita, por su parte, mantiene vínculos con Egipto, Eritrea y el ejército sudanés. A esto se agrega la creciente rivalidad entre Riad y Abu Dabi.
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El mar Rojo también adquirió mayor importancia estratégica por la guerra contra Irán, las acciones de los rebeldes hutíes de Yemen y la preocupación por una de las principales rutas comerciales del mundo, el estrecho de Bab el-Mandeb.
Esto no significa que una guerra regional sea inevitable, pero explica por qué la situación es más peligrosa que una simple repetición del conflicto de 2020.
En ese entonces, la guerra enfrentaba principalmente al Gobierno federal y sus aliados con las autoridades de Tigray. Cuatro años después, el acuerdo que debía resolver aquel enfrentamiento quedó incompleto, los antiguos aliados cambiaron de bando y varias disputas regionales se superponen alrededor de Etiopía.
Con EFE, AP, Reuters y medios locales
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