Collage mu00e9dico de medicamentos y metabolismo

SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD. – El creciente uso de medicamentos para adelgazar, como Ozempic y otros tratamientos basados en agonistas del receptor GLP-1, ha generado preocupación entre especialistas por la posibilidad de que algunos pacientes desarrollen o agraven trastornos de la conducta alimentaria. 

Ante la falta de protocolos ampliamente establecidos, una coalición internacional de expertos propuso evaluar a los pacientes antes de iniciar estos tratamientos y realizar controles periódicos para identificar señales de anorexia u otras alteraciones relacionadas con la alimentación.

Uno de los principales desafíos para los médicos consiste en distinguir los efectos de los medicamentos de las manifestaciones de un trastorno alimentario. 

La pérdida acelerada de peso, los mareos, la caída del cabello, las molestias gastrointestinales y una ingesta insuficiente de calorías pueden aparecer en personas que utilizan estos fármacos, pero también estar relacionados con problemas de nutrición. 

Katherine Kiley, médica de medicina familiar y deportiva en California, explicó que esta coincidencia dificulta determinar si los síntomas corresponden a una reacción al tratamiento o a un trastorno alimentario que requiere atención especializada.

La preocupación aumenta por el acceso a estos medicamentos mediante plataformas digitales. Según una investigación citada por los especialistas, de 49 sitios de internet evaluados para adquirir tratamientos para adelgazar, aproximadamente un tercio exigía contacto directo con un profesional sanitario antes de emitir una receta, mientras que cerca de la mitad preguntaba por antecedentes de trastornos alimentarios.

Cynthia Bulik, investigadora de la Universidad de Carolina del Norte, también advirtió que una restricción calórica intensa podría representar un factor desencadenante en personas predispuestas a desarrollar anorexia, aunque todavía no se ha establecido con certeza la relación causal entre estos medicamentos y la aparición de nuevos casos.

La situación plantea decisiones complejas cuando un paciente necesita tratamiento para enfermedades como la diabetes, pero presenta antecedentes o síntomas de anorexia.

El caso de Amanda Martínez Beck, de 42 años, ilustra esta dificultad: comenzó a utilizar Ozempic para controlar su diabetes y posteriormente recibió un diagnóstico de anorexia atípica.

Aunque suspendió temporalmente el medicamento por preocupación sobre su alimentación, volvió a utilizarlo después de que aumentaran sus niveles de glucosa. 

Su experiencia refleja la necesidad de evaluar conjuntamente los beneficios metabólicos del tratamiento y los posibles riesgos relacionados con la conducta alimentaria, sin asumir que el medicamento fue la causa del trastorno.

Los expertos consideran prioritario mejorar la formación de los profesionales sanitarios, fortalecer la comunicación entre especialistas en obesidad y trastornos alimentarios y establecer mecanismos de seguimiento para quienes reciben estos medicamentos.

Vanessa Longley, directora ejecutiva de la organización británica Beat, destacó que uno de los principales peligros es no identificar a tiempo un trastorno alimentario.

Aunque los tratamientos GLP-1 ofrecen beneficios médicos para pacientes con indicaciones específicas, los especialistas insisten en que su utilización debe acompañarse de una evaluación individualizada y vigilancia clínica, especialmente cuando existen antecedentes de restricción alimentaria o pérdida de peso excesiva.

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