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El alergólogo Guillermo Ángeles Fernández

SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD. – “Soy alérgico a la penicilina” es una de las frases que el doctor Guillermo Ángeles Fernández, especialista en alergología e inmunología clínica, asegura escuchar con mayor frecuencia en consulta, emergencias y quirófanos. Sin embargo, explica que muchas de esas personas realmente no presentan esa alergia.

Según señaló el especialista, cerca del 10 % de la población afirma ser alérgica a la penicilina, pero cuando esos casos son evaluados, menos del 1 % mantiene una alergia verdadera. 

Entre las causas de esta confusión mencionó erupciones aparecidas durante infecciones virales en la infancia, efectos adversos como náuseas, diarrea o dolor de estómago y la creencia equivocada de que la alergia se hereda automáticamente de otros miembros de la familia.

Ángeles Fernández explicó que incluso una alergia verdadera puede desaparecer con el paso de los años, pero el problema surge cuando el diagnóstico permanece en el expediente médico sin ser revisado. “Una vez que la etiqueta entra en un expediente, casi nunca se revisa. 

Se arrastra de consulta en consulta durante toda la vida”, indicó. El especialista advirtió que esa situación puede llevar al médico a descartar penicilinas y sus derivados y utilizar antibióticos alternativos que pueden ser de mayor espectro, más costosos, menos apropiados para determinadas infecciones o producir más efectos secundarios. 

Según explicó durante la entrevista, estudios citados por él han relacionado el registro de una alergia a la penicilina con un mayor riesgo de determinadas infecciones y con complicaciones después de procedimientos quirúrgicos.

El especialista sostuvo que es posible determinar si una persona realmente presenta esta alergia. El alergólogo comienza evaluando la historia clínica y, dependiendo del nivel de riesgo, puede recurrir a pruebas cutáneas o a una exposición controlada al medicamento bajo supervisión médica. 

“A este proceso lo llamamos ‘desetiquetado’: retirar del expediente una alergia que no existe y devolver al paciente el acceso a los mejores tratamientos”, explicó. 

Añadió que en pacientes considerados de bajo riesgo existen procedimientos que permiten administrar una dosis oral bajo vigilancia médica, pero insistió en que nadie debe intentar comprobar por cuenta propia si tolera la penicilina.

Para facilitar la evaluación, recomendó recordar qué medicamento produjo la supuesta reacción, cuáles fueron los síntomas, cuánto tardaron en aparecer y cuánto tiempo ha transcurrido desde entonces.

Ángeles Fernández relacionó los falsos diagnósticos de alergia con otro problema: el uso inadecuado de los antibióticos y el avance de la resistencia antimicrobiana. 

“Cada vez que se usa un antibiótico sin necesidad, o uno más potente del que hace falta, las bacterias tienen una nueva oportunidad de adaptarse y volverse resistentes”, afirmó. 

En República Dominicana, señaló como desafíos la automedicación y la compra de antibióticos sin receta pese a las restricciones existentes. 

También llamó la atención sobre prácticas como consumirlos para gripes y resfriados de origen viral, suspender el tratamiento cuando el paciente comienza a sentirse mejor, guardar los medicamentos sobrantes o compartirlos con familiares y amigos. 

“Cada uno de estos gestos contribuye a que, el día que realmente los necesitemos, puedan no funcionar”, advirtió.

El especialista recomendó que quienes tengan registrada o sospechen una alergia a la penicilina soliciten una evaluación con un alergólogo antes de enfrentarse a una infección grave o una cirugía. Para el uso general de antibióticos, aconsejó no consumirlos sin indicación médica, evitar utilizarlos para enfermedades virales y cumplir el tratamiento en la forma prescrita. 

También consideró fundamental que los profesionales de la salud distingan entre una verdadera alergia, una intolerancia y un efecto adverso, y que actualicen el expediente cuando una evaluación descarte la alergia. 

“La penicilina fue uno de los grandes avances de la medicina moderna y sigue siendo uno de los antibióticos más eficaces y seguros que tenemos. Renunciar a ella por una alergia que no existe, y desperdiciar los antibióticos con un mal uso, nos pone a todos en riesgo”, concluyó Ángeles Fernández.

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