Modifican el ADN de gusanos Diario de Salud

Medicine.washu.edu / Makedonka Mitreva

SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- Durante décadas, los anquilostomas han sido considerados parásitos responsables de infecciones que afectan a millones de personas en regiones tropicales del mundo.

Ahora, esos mismos organismos podrían convertirse en herramientas médicas capaces de producir medicamentos directamente dentro del cuerpo humano.

Un grupo de científicos logró modificar genéticamente gusanos intestinales para que fabriquen y liberen moléculas terapéuticas en organismos vivos, un avance que podría transformar la manera en que se administran ciertos tratamientos en el futuro.

La investigación, publicada en la revista científica Nature Communications y divulgada por Live Science, representa una de las primeras demostraciones exitosas de que un parásito puede ser convertido en una especie de «biofábrica viviente» capaz de generar medicamentos desde el interior del organismo.

Cómo transformaron un parásito en productor de medicamentos

El experimento se centró en el anquilostoma Ancylostoma ceylanicum, un pequeño gusano intestinal que normalmente infecta a humanos y animales en zonas tropicales.

Utilizando la tecnología de edición genética CRISPR, conocida popularmente como unas «tijeras moleculares» capaces de modificar el ADN con gran precisión, los investigadores insertaron en el genoma del parásito un gen diseñado para producir un anticuerpo específico.

El objetivo era comprobar si el gusano podía fabricar una sustancia terapéutica funcional una vez dentro de un organismo vivo.

Los resultados mostraron que los anquilostomas modificados fueron capaces de producir anticuerpos que neutralizaron parcialmente la tetrodotoxina, una de las toxinas naturales más potentes conocidas y presente en el pez globo.

La prueba se realizó en hámsteres, aunque los investigadores señalan que la meta final es trasladar esta tecnología a aplicaciones médicas en seres humanos.

Una investigación con interés estratégico

El proyecto recibió financiamiento del Departamento de Defensa de Estados Unidos, que busca desarrollar nuevas herramientas capaces de proteger a personal militar frente a amenazas químicas y biológicas.

Según explicó Alex Loukas, investigador de la Universidad James Cook de Australia y coautor del estudio, la iniciativa tiene un potencial mucho más amplio que el inicialmente planteado.

«El objetivo es desarrollar tratamientos protectores para personal militar expuesto a amenazas químicas o biológicas», explicó Loukas a Live Science.

Sin embargo, los científicos creen que las aplicaciones futuras podrían extenderse a numerosos campos de la medicina.

El secreto está en millones de años de evolución

Uno de los aspectos que más entusiasma a los investigadores es la extraordinaria capacidad de los anquilostomas para sobrevivir durante largos períodos dentro del cuerpo humano.

A lo largo de millones de años de evolución, estos parásitos han desarrollado mecanismos altamente sofisticados para interactuar con el organismo huésped y liberar moléculas biológicamente activas en su interior.

Para los científicos, esa capacidad natural podría convertirse en una ventaja terapéutica.

«El anquilostoma ha pasado millones de años perfeccionando cómo asegurar la supervivencia a largo plazo dentro de un huésped humano y cómo sacar moléculas de su cuerpo y pasarlas al nuestro», señaló Makedonka Mitreva, investigadora de la Universidad de Washington y coautora del estudio.

Una posible revolución para enfermedades crónicas

Los investigadores consideran que la tecnología podría utilizarse para desarrollar tratamientos prolongados para enfermedades que requieren administración continua de medicamentos.

Entre las patologías que podrían beneficiarse figuran la diabetes tipo 2, el síndrome del intestino irritable, la enfermedad celíaca y otros trastornos crónicos que requieren terapias constantes.

La posibilidad de contar con organismos capaces de producir medicamentos desde el interior del cuerpo podría reducir la necesidad de inyecciones frecuentes, tratamientos repetitivos o complejos esquemas de administración farmacológica.

¿Es seguro vivir con un parásito?

La idea de utilizar gusanos intestinales como herramienta terapéutica puede resultar inquietante para muchas personas.

Sin embargo, los investigadores sostienen que los anquilostomas presentan características biológicas que permiten controlar su presencia de manera relativamente segura.

Una de las razones es que estos parásitos no pueden multiplicarse indefinidamente dentro del organismo humano.

Sus huevos necesitan salir al exterior para completar su ciclo de vida, lo que limita el crecimiento de la población de gusanos dentro del huésped.

Además, si fuera necesario eliminar la infección, existen tratamientos antiparasitarios convencionales capaces de erradicar los anquilostomas en aproximadamente 24 horas.

«Es realmente emocionante y está abriendo una forma completamente nueva de administrar y producir moléculas terapéuticas», afirmó Loukas.

Los desafíos que aún quedan por resolver

A pesar del entusiasmo generado por los resultados iniciales, los científicos advierten que la investigación todavía se encuentra en una etapa temprana.

Los próximos estudios buscarán aumentar la duración y estabilidad de las moléculas terapéuticas producidas por los gusanos, además de evaluar su eficacia y seguridad a largo plazo.

También será necesario demostrar que la tecnología funciona de manera consistente en humanos antes de plantear aplicaciones clínicas reales.

Un cambio de paradigma en la medicina

Si las futuras investigaciones confirman los resultados obtenidos hasta ahora, la medicina podría encontrarse frente a una nueva estrategia para administrar tratamientos.

En lugar de depender exclusivamente de pastillas, inyecciones o infusiones periódicas, algunos medicamentos podrían ser producidos continuamente dentro del propio organismo mediante organismos modificados genéticamente diseñados específicamente para cumplir esa función.

Lo que hoy parece una idea propia de la ciencia ficción podría convertirse en una de las innovaciones biomédicas más disruptivas de las próximas décadas.

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