SANTIAGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- La enfermedad de Alzheimer suele asociarse con olvidar nombres, fechas o conversaciones recientes. Sin embargo, esta condición afecta progresivamente otras capacidades necesarias para comunicarse, orientarse, tomar decisiones y realizar actividades cotidianas.
La neuróloga Zaida Luciano y la geriatra Patricia Ferreira, especialistas del Hospital Metropolitano de Santiago, explicaron que el Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa progresiva y la causa más frecuente de demencia.
La condición provoca daños graduales en las neuronas y en las conexiones que permiten el funcionamiento de distintas áreas del cerebro.
Luciano señaló que la causa exacta todavía no se comprende por completo, aunque la investigación ha identificado varios procesos relacionados con el deterioro cerebral.
Uno de los principales cambios es la acumulación anormal de beta amiloide entre las neuronas. Esta proteína puede formar placas que interfieren con la comunicación entre las células cerebrales.
También se producen alteraciones en la proteína tau, que normalmente ayuda a mantener la estructura interna de las neuronas. Cuando cambia de forma y se acumula, contribuye al daño y a la muerte celular.
Una de las primeras regiones afectadas suele ser el hipocampo, área relacionada con la formación y consolidación de nuevos recuerdos.
Esto explica por qué muchas personas tienen dificultad para recordar una conversación reciente, una cita o un acontecimiento del día, pero pueden conservar durante más tiempo recuerdos de la infancia o de décadas anteriores.
El Alzheimer no afecta únicamente la memoria. También puede provocar problemas para encontrar palabras, seguir instrucciones, reconocer lugares, manejar dinero, preparar alimentos o tomar decisiones.
Otros cambios pueden incluir pérdida de iniciativa, irritabilidad, desconfianza, alteraciones del sueño y dificultades para comprender lo que ocurre alrededor.
Estas manifestaciones no aparecen de la misma forma ni avanzan a la misma velocidad en todos los pacientes.
La edad constituye el principal factor de riesgo, pero el Alzheimer no debe considerarse una consecuencia normal del envejecimiento.
Olvidar ocasionalmente dónde se dejaron unas llaves puede ocurrir en cualquier persona. Una señal más preocupante sería no recordar para qué sirven, perderse en un lugar conocido o repetir constantemente las mismas preguntas.
También requiere atención médica el deterioro que comienza a interferir con las tareas habituales, el trabajo, las finanzas, la higiene personal o la seguridad.
Uno de los errores frecuentes es utilizar las palabras Alzheimer y demencia como si significaran lo mismo.
La demencia es un síndrome que describe un deterioro persistente de la memoria, el lenguaje, la atención, la orientación, el razonamiento u otras capacidades cognitivas.
Se considera clínicamente relevante cuando esas dificultades reducen la independencia de la persona y afectan su capacidad para realizar actividades habituales.
El Alzheimer es la causa más común de demencia, pero no es la única.
También existen la demencia vascular, la demencia por cuerpos de Lewy, la demencia frontotemporal y otras enfermedades capaces de producir deterioro cognitivo.
Por esta razón, no toda persona con problemas de memoria tiene Alzheimer. Algunas alteraciones pueden relacionarse con depresión, trastornos del sueño, medicamentos, deficiencias nutricionales, problemas de tiroides u otras condiciones tratables.
La evaluación médica puede incluir entrevistas con el paciente y la familia, pruebas cognitivas, análisis de laboratorio e imágenes cerebrales.
En determinados casos también se emplean estudios del líquido cefalorraquídeo, tomografía por emisión de positrones o pruebas de biomarcadores para buscar señales relacionadas con amiloide y tau.
El diagnóstico temprano permite identificar causas tratables, planificar el cuidado, organizar asuntos legales y financieros y seleccionar las intervenciones más apropiadas.
En la actualidad existen medicamentos que pueden aliviar algunos síntomas relacionados con la memoria, la conducta o el funcionamiento diario.
También se han aprobado tratamientos dirigidos contra la acumulación de amiloide para pacientes seleccionados que se encuentran en etapas tempranas de la enfermedad.
Estos medicamentos pueden retrasar modestamente el deterioro en algunos pacientes, pero no curan el Alzheimer ni recuperan las funciones ya perdidas.
Además, requieren confirmación diagnóstica, estudios de imágenes y vigilancia médica debido al riesgo de inflamación o pequeños sangrados cerebrales.
La decisión debe tomarse de manera individual, después de valorar la etapa de la enfermedad, los antecedentes clínicos, los posibles beneficios y los riesgos.
El ejercicio, la actividad social, el control de la presión arterial, la alimentación equilibrada, la atención de la audición y el manejo de la diabetes forman parte del cuidado general de la salud cerebral.
Estas medidas no garantizan que una persona evitará la enfermedad, pero pueden contribuir a reducir factores de riesgo y mantener la funcionalidad durante más tiempo.
Patricia Ferreira destacó que el diagnóstico transforma la vida del paciente y de toda la familia.
La especialista recomendó comprender que los olvidos, la confusión y determinados cambios de conducta no son voluntarios ni deben interpretarse como falta de interés o mala intención.
La comunicación debe ser tranquila y sencilla. Es preferible utilizar frases cortas, dar una instrucción a la vez y permitir tiempo suficiente para responder.
Discutir de manera constante para demostrar que el paciente está equivocado puede aumentar la ansiedad, la frustración y la agitación.
Las familias también pueden establecer rutinas, colocar recordatorios visibles y mantener los objetos importantes en lugares habituales.
El hogar debe adaptarse para reducir caídas, quemaduras, intoxicaciones, salidas no supervisadas y otros riesgos.
Durante las primeras etapas es conveniente favorecer la autonomía y permitir que la persona continúe realizando las tareas que todavía puede completar de forma segura.
El cuidador, sin embargo, también necesita apoyo.
La vigilancia constante, las interrupciones del sueño y la responsabilidad de atender las necesidades diarias pueden provocar agotamiento físico y emocional.
Ferreira recomendó distribuir las tareas entre familiares, aceptar ayuda, buscar orientación profesional y reservar momentos de descanso.
Cuidar al cuidador no significa abandonar al paciente. Es una condición necesaria para sostener una atención segura y humana durante una enfermedad que puede prolongarse durante años.
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