Presion arterial Diario de Salud

NUEVA YORK,EE.UU./ DIARIO DE SALUD.- Los ataques cardíacos y los accidentes cerebrovasculares suelen percibirse como eventos repentinos e impredecibles. Sin embargo, una investigación internacional publicada en 2025 concluye que la inmensa mayoría de estos episodios graves está precedida por factores de riesgo identificables y, en muchos casos, controlables.

El estudio, publicado en el Journal of the American College of Cardiology, analizó datos de más de nueve millones de adultos de Estados Unidos y Corea del Sur y encontró que el 99 % de los eventos cardiovasculares graves estuvo asociado a al menos uno de cuatro factores de riesgo principales: hipertensión arterial, colesterol elevado, niveles altos de azúcar en sangre y tabaquismo, ya sea actual o previo.

Los investigadores observaron que incluso entre las mujeres menores de 60 años —el grupo con menor riesgo cardiovascular dentro del análisis— más del 95 % de los infartos y accidentes cerebrovasculares estaban relacionados con alguno de estos factores preexistentes.

La hipertensión arterial emergió como el factor más frecuente. En ambos países, más del 93 % de las personas que sufrieron un infarto, un accidente cerebrovascular o insuficiencia cardíaca habían presentado presión arterial elevada antes del evento.

“Creemos que el estudio demuestra de manera muy convincente que la exposición a uno o más factores de riesgo no óptimos antes de estos resultados cardiovasculares es de casi el 100 %”, afirmó Philip Greenland, cardiólogo de la Universidad Northwestern y autor principal de la investigación.

La prevención sigue siendo la herramienta más poderosa

Los autores sostienen que los hallazgos cuestionan la percepción creciente de que los eventos cardiovasculares graves ocurren cada vez con más frecuencia en personas aparentemente sanas y sin factores de riesgo conocidos.

Según Greenland, muchas investigaciones previas podrían haber pasado por alto diagnósticos no registrados o factores de riesgo que todavía no alcanzaban los criterios clínicos para ser catalogados como enfermedad.

“El objetivo ahora es esforzarnos más por encontrar maneras de controlar estos factores de riesgo modificables, en lugar de desviarnos del camino persiguiendo otros factores que no son fácilmente tratables y que no son causales”, señaló el especialista.

En un editorial que acompañó la publicación, la cardióloga Neha Pagidipati, de la Universidad de Duke, destacó que los resultados refuerzan la necesidad de intervenir antes de que aparezcan consecuencias potencialmente mortales.

“Podemos —y debemos— hacerlo mejor”, escribió la experta.

El caso de las mujeres: causas que suelen pasar desapercibidas

Los investigadores advierten que el riesgo cardiovascular no siempre se explica únicamente por la aterosclerosis tradicional, especialmente en las mujeres.

Un estudio independiente desarrollado por la Clínica Mayo y publicado en 2025 analizó 1,474 casos de infarto en personas menores de 65 años y encontró diferencias importantes entre hombres y mujeres.

Mientras la aterotrombosis —la formación de coágulos que bloquean arterias coronarias— explicó el 75 % de los infartos en hombres, en mujeres solo representó el 47 % de los casos.

Esto significa que más de la mitad de los infartos femeninos estuvieron relacionados con otras causas.

Entre ellas destacan los llamados infartos por desequilibrio entre oferta y demanda de oxígeno, que pueden desencadenarse por condiciones como anemia, infecciones graves u otros factores de estrés fisiológico.

Más allá del colesterol y la presión arterial

Los investigadores identificaron además otros mecanismos menos conocidos que pueden provocar infartos, entre ellos la disección espontánea de arterias coronarias (SCAD), una condición en la que se producen desgarros en las paredes arteriales, y las embolias, causadas por coágulos que se desplazan desde otras partes del organismo.

La cardióloga Claire Raphael destacó que estas causas han sido históricamente subestimadas, especialmente en mujeres.

“Esta investigación pone de relieve causas de infarto que históricamente han sido subestimadas, especialmente en mujeres”, afirmó.

La especialista advirtió que no comprender el origen exacto de un infarto puede derivar en tratamientos menos eficaces e incluso perjudiciales para algunos pacientes.

“Comprender por qué se produjo un infarto es tan importante como tratarlo. Puede marcar la diferencia entre la recuperación y la recaída”, agregó.

Un llamado a actuar antes de que aparezcan los síntomas

Los expertos coinciden en que estos hallazgos refuerzan la necesidad de fortalecer la prevención cardiovascular mediante el control de la presión arterial, la reducción del colesterol, el manejo adecuado de la diabetes y el abandono del tabaco.

Aunque la medicina ha avanzado significativamente en el tratamiento de los eventos cardiovasculares agudos, los investigadores subrayan que la mejor estrategia sigue siendo evitar que ocurran.

En ese sentido, los resultados recuerdan una realidad contundente: la mayoría de los infartos y accidentes cerebrovasculares no aparecen de la nada. En la gran mayoría de los casos, el organismo había estado enviando señales de alerta durante años.

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