Cuba reformará varios sectores de la economía incluidos el comercio exterior, las exportaciones, el turismo, la agroindustria o la inversión extranjera, según anunció el viernes 12 de junio el presidente Miguel Díaz-Canel, quien sufre la presión de su homólogo estadounidense, Donald Trump, para alcanzar un acuerdo que transforme o derogue el modelo castrista, imperante en la nación caribeña desde hace más de seis décadas.
El mandatario cubano defendió la necesidad de amoldar la administración estatal a «las exigencias de los tiempos actuales», por lo que abogó por «descentralizar» la economía y otorgar más «autonomía» a empresas públicas y privadas, tanto en la isla como en el extranjero. «Son tiempos en que hay que cambiar y el país no puede seguir funcionando igual», remarcó en una comparecencia transmitida por la cadena informativa estatal.
Apertura a actores privados y extranjeros
Cuba apostará por ampliar las actividades permitidas a los actores privados y por agilizar la aprobación de nuevos negocios e inversiones extranjeras, con el objetivo de que “el comercio exterior sea más dinámico”, en palabras de Díaz-Canel.
Aunque evitó explicar a profundidad las medidas y no brindó un calendario para su implementación, Díaz-Canel manifestó su confianza en que ocurra «en el menor tiempo posible».
En esa senda, el líder del Gobierno cubano anunció que se eliminarán intermediarios estatales obligatorios en las operaciones de importación y exportación, lo que implica un cambio inédito en el centralizado esquema del castrismo.
Además, sugirió que podrían otorgarse beneficios arancelarios a quienes lleven materias primas a la isla y el fin de las limitaciones a la importación de vehículos.
«Para las formas de gestión no estatal, se van a limitar las actividades prohibidas para que su objeto sea lo más amplio posible», añadió el jefe de Estado en una intervención a la que solo asistió la prensa nacional.
Díaz-Canel expresó que las reformas buscan «incentivar» la inversión extranjera directa, incluidos los cubanos residentes en el exterior, quienes contarán con las mismas condiciones para invertir que sus connacionales en la isla.
Históricamente, la Administración de la nación caribeña ha limitado las aportaciones de los emigrados al sector privado al interior de la isla.
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Ricardo Torres, doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de La Habana, remarcó a France 24 la falta de claridad sobre la existencia de «un plan integral de transformación» y citó dudas sobre si la isla «se va a convertir en una economía de mercado o no». «Se han anunciado áreas donde se van a dar cambios, pero no tenemos detalles ni los tiempos de la implementación», expresó.
El Buró Político del Partido Comunista de Cuba (PCC), el único legal en la isla, deberá ratificar estos cambios en las próximas semanas, antes de que sean evaluados protocolariamente por la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), que suele aprobar por unanimidad las propuestas.
Impulso a los sectores turístico y agropecuario
Díaz-Canel anunció la apertura de Cuba a «nuevas modalidades» y «nuevos actores» en la industria del turismo, uno de los antiguos motores de la economía nacional, con el objetivo de «explotar» el parque hotelero de la isla, tras la reciente retirada total o parcial de las principales empresas extranjeras para evitar sanciones de EE. UU.
Con estas medidas, el Gobierno desea rentabilizar medio centenar de instalaciones hoteleras de propiedad del Estado cubano que eran gestionadas por cuatro grandes grupos hoteleros que se marcharon de la isla.
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El líder del Ejecutivo cubano se mostró a favor de aumentar la «autonomía» de las empresas estatales en materia de salarios, así como de permitirles invertir las utilidades, importar, exportar, asociarse con otros actores económicos, diseñar planes de negocio y obtener acceso al mercado cambiario.
Paralelamente, el sector de la agricultura también será transformado. Así, los productores podrán comprar directamente los insumos, asociarse con diferentes actores, participar del mercado cambiario y se va a tratar de hacer que sus trámites burocráticos sean «lo más ligeros posible».
La sombra de EE. UU.
Las reformas presentadas en La Habana, orientadas a liberalizar algunos aspectos del sistema económico cubano, se producen tras meses de tensiones con Washington. A inicios de 2026, la Administración Trump impuso restricciones al suministro de petróleo hacia la isla, una medida que, según analistas y autoridades cubanas, profundizó la crisis energética que afecta al país desde hace años.
El mandatario estadounidense interrumpió las exportaciones de crudo hacia Cuba desde Venezuela —hasta entonces su principal proveedor—, después de capturar al líder chavista Nicolás Maduro, en la madrugada del 3 de enero.
Semanas después, el republicano firmó una orden ejecutiva en la que amenazaba con imponer aranceles a cualquier tercer país que abasteciera de crudo a la nación caribeña, lo que repercutió en que países como México dejaran temporalmente de suministrar crudo a la isla.
Mientras la situación en Cuba se agravaba por la falta de suministro eléctrico, Trump aseguró que su Administración mantenía conversaciones con La Habana. Posteriormente, el Ejecutivo de Díaz-Canel reconoció la existencia de esas comunicaciones secretas, tras semanas de negar contactos con Washingon.
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Las presiones de EE. UU. contra Cuba han sido «un factor muy importante» que ha influido en el reciente anuncio de las reformas económicas, sostuvo el doctor en ciencias económicas Ricardo Torres, para quien un acuerdo con la Casa Blanca es imprescindible para restablecer la normalidad en la isla.
Eso sí, el analista asegura que la Administración cubana llega «disminuida» a los acercamientos con EE. UU., dada la difícil situación derivada de las restricciones al suministro de petrolero.
Los apagones en la nación caribeña se prolongan hasta más de 20 horas en la capital y hasta dos días en otras regiones. En La Habana, el transporte público ha desaparecido, las basuras se acumulan en las calles sin equipos de recogida, los hospitales apenas ofrecen algunos servicios mínimos y las oficinas gubernamentales están en modo contingencia.
En este panorama, Díaz-Canel manifestó este viernes que «el país no está paralizado», sino que «enfrenta esta situación con inteligencia».
Torres señala que aún hay obstáculos estructurales para dinamizar la economía tal como lo ha prometido el Gobierno cubano, entre los que destaca «una capacidad institucional disminuida» por la pérdida de talento y la «falta de personal calificado dentro del sector público».
Además, señala la existencia de «elementos dentro del gobierno y organizaciones políticas que se oponen a cambios que vayan en la dirección del mercado, de ampliar la propiedad privada y del papel del sector privado dentro de la economía».
Con información de EFE, AP y medios locales
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