Concretando el viaje que su antecesor Francisco soñó pero no pudo realizar, el papa León XIV completó su gira de seis días por España con una segunda jornada en las Islas Canarias, epicentro de la mortífera ruta de la inmigración irregular entre África y Europa.
Santa Cruz de Tenerife marcó el epílogo del recorrido papal por el país ibérico y, como se esperaba, el foco volvió a estar puesto en las historias y las heridas de las personas migrantes que arriesgan sus vidas para cruzar el océano Atlántico, en busca de una realidad mejor, muchas veces prometida y en varias ocasiones truncada por la tragedia o la codicia de terceros.
A ellos, a los traficantes de personas y los organizadores de las rutas migratorias más peligrosas (que cobran miles de euros por persona para subirlos a bordo de embarcaciones precarias y a menudo los obligan a prostituirse o a otras formas de trabajo ilegal), el jefe de la Iglesia católica les dedicó unas duras palabras en un discurso en la plaza del Cristo de La Laguna.
«Paren, arrepiéntanse o afronten la ira de Dios», subrayó en su mensaje, con énfasis en cada palabra en español, que le valió un prolongado aplauso del público. «Rompan esas cadenas y liberen a quienes tienen bajo dominio (…) Arrepiéntanse mientras aún hay tiempo, porque la misericordia de Dios puede alcanzar incluso al pecador más empedernido, pero solo entra por la puerta estrecha de la verdad, la justicia y la conversión”, afirmó, en un encuentro del que participaron organizaciones que asisten a los migrantes que llegan a Tenerife.
«Por cada vida perdida, cada familia engañada, cada cuerpo sometido, cada mujer amenazada, cada trabajador explotado, habrán de comparecer ante la justicia divina», sentenció, en su apelación a los miembros de estas redes delictivas.
Es un mensaje que resuena en las Canarias, que en 2024 alcanzó su punto máximo de afluencia migratoria con la llegada de casi 47.000 personas. Esa cifra ha caído drásticamente y, en los primeros cinco meses de 2026, solo han desembarcado en sus costas más de 3.000 personas.
Las «rutas de la muerte» por el Atlántico hacia Europa desde África Occidental o Marruecos son consideradas por los expertos como las más peligrosas, debido a la inmensidad del océano y la escasez de barcos de rescate y vigilancia.
Además, estos viajes a menudo son planeados no solo por traficantes de personas, sino también por migrantes que se organizan de forma independiente, entre ellos, por ejemplo, expescadores de Senegal que se quedan sin ingresos por la sobrepesca de los últimos años.
Leer también“La dignidad humana no tiene pasaporte”: León XIV llama a la conciencia frente a las muertes de migrantes
Dignidad, acogida e integración, en el centro de un encuentro con personas migrantes
En su intensa agenda en Tenerife, el papa León XIV también escuchó las historias de migrantes durante un encuentro en el centro de acogida Las Raíces, donde atienden necesidades básicas y se da orientación a las personas que logran superar la peligrosa ruta canaria.
Theodor Faye, oriundo de Nigeria, y la joven Bousso Diouf, de Senegal, asumieron el rol de voceros. Diouf le explicó al Papa la desesperación que sintió por dejar su tierra natal y a su familia, el trauma de la travesía y su gratitud por haber encontrado seguridad y una nueva vida.
«No pedimos privilegios; no pedimos compasión, pedimos respeto, humanidad y la oportunidad de vivir con dignidad», reivindicó la joven, y añadió: «Nuestra humanidad debe estar siempre por encima de cualquier condición legal».
A ellos, León XIV se dirigió en inglés y francés, siendo este último el idioma de la mayoría de los integrantes del campamento, provenientes de Senegal.
Las migraciones «pueden ser una ocasión de encuentro y enriquecimiento mutuo entre los pueblos», subrayó el sumo pontífice, quien recalcó que «todos, de algún modo, somos migrantes, todos somos peregrinos en camino a la patria celestial».
Asimismo, durante el acto central en la plaza del Cristo de La Laguna, León XIV volvió a implorar a las comunidades de acogida que reciban a las personas que huyen de la guerra, la pobreza y la crisis climática, y que les evitaran el «naufragio silencioso» del abandono, del desamparo de quedar en la calle sin nada tras sobrevivir al peligroso trayecto por mar.
«Una conciencia humana, y más aún una conciencia cristiana, no puede permanecer indiferente ante estos cementerios marinos, ante las víctimas de los naufragios y la falta de ayuda. Cada vida perdida en estas rutas es un fracaso para la humanidad», subrayó.
Del mismo modo, a los migrantes les instó a «abrirse con confianza a la comunidad que les recibe, aprender su lengua, respetar sus leyes, conocer sus costumbres, participar en la vida común y ofrecer con gratitud sus dones».
«Toda sociedad que acoge tiene deberes hacia quienes llegan; y quien es acogido descubre también que la dignidad reconocida como derecho florece cuando se convierte en responsabilidad y deseo sincero de construir junto a los demás», aseveró.
Por último, en su misa de despedida frente a cerca de 40.000 personas, León XIV hizo otro guiño al papa Francisco al recordar una observación suya sobre el desequilibrio, que lleva a muchas personas a actuar «a toda velocidad para sentirse ocupadas» y a «atropellar todo lo que tienen alrededor».
En ese sentido, tras aludir a la «vocación turística de Tenerife», pidió «no reducir todo a comercio o beneficio».
Asimismo, agradeció a los tinerfeños «por lo que son y por lo que hacen», por mostrar un «rostro amigo» y construir «comunidades fraternas» para quienes llegan allí.
Tras una avería, León XIV vuelve al Vaticano en un avión cedido por el rey
Cuando ya había concluido sus seis días de actos en España (que, antes de Canarias, había tenido jornadas de eventos multitudinarios en Madrid y en Barcelona, con el punto culmine de la bendición de la Torre de Jesucristo en la Sagrada Familia) y se había despedido del rey Felipe VI, el papa León XIV vio demorado su regreso a Roma por una avería del avión de la compañía Iberia, que debía trasladarlo a él y al resto de la comitiva vaticana.
Mientras los especialistas intentaban reparar la falla técnica, el sumo pontífice volvió a descender del avión y se lo vio dialogar, entre risas y con rostro distendido, con el monarca español.
Finalmente, el capitán del avión indicó que probablemente el motor no había arrancado por el viento y ordenó el desembarco de todos los pasajeros debido a que el problema no podía resolverse de inmediato.
Para permitir el pronto regreso de León XIV, el rey Felipe VI le cedió el avión del Ejército del Aire, un Falcon para el transporte de autoridades, que había trasladado al monarca hacia Tenerife. Según indicaron fuentes de la Casa Real a la agencia EFE, se dispuso de otra aeronave de la Fuerza Aérea española para llevar de regreso al jefe del Estado español hacia Madrid.
En tanto, para trasladar a las decenas de personas que acompañaron al papa en su primer gran viaje a un país europeo (unos 80 periodistas, 25 personas del equipo del Vaticano y 16 miembros de seguridad), Iberia ha enviado otro avión de la compañía desde la capital española hacia Tenerife.
En la agenda papal, se asoma una fecha simbólica. El próximo 4 de julio, el sumo pontífice pasará el Día de la Independencia de Estados Unidos, su país natal, en la isla italiana de Lampedusa, otro punto simbólico del drama migratorio europeo, en el que en 2013 el papa Francisco denunció por primera vez la «globalización de la indiferencia» que el mundo muestra hacia las personas migrantes y solicitantes de asilo.
Con EFE, AP y Reuters
Olivia Rodrigo, BTS, Jack White y más: Tu Guía de Nueva Música
Trending on Billboard Tu Guía de Nueva Música de Billboard sirve como una prácti…





