Un Mundial en tres países, tres husos horarios, 16 ciudades con sus respectivos estadios, 48 selecciones, 12 grupos de primera fase. Todo en Norteamérica 2026 es hiperbólico, superlativo, sobredimensionado. A partir de este 11 de junio el propósito es que las piezas sueltas que han estado a merced del caos calcen mágicamente con el prodigio del balón.
“Todo el cuerpo del malabarista, le decía su padre, debe ser como un poderoso electroimán”. La cita del relato ‘El Crack’ de Augusto Roa Bastos es la misión de los candidatos a brillar una vez que se dé el pitazo inicial: atraer hacia el fútbol las miradas que hoy están dispersas en distracciones de todo tipo.
Y es que entre restricciones migratorias, costos desproporcionados, amenazas y alianzas extrafutbolísticas, la atención se ha desviado del protagonismo real. Hombres como Kylian Mbappé, Harry Kane, Lamine Yamal o Lionel Messi tratarán de reenfocar el interés.
Claros favoritos
Para llegar a la final del 19 de julio en el estadio MetLife en East Rutherford, Nueva Jersey, los equipos tendrán que jugar un partido adicional, la ronda de dieciseisavos de final que se disputa por primera vez en un Mundial.
De las 48 selecciones que iniciarán el torneo, las dos mejores de cada grupo y las ocho mejores terceras avanzarán para completar las 32 que disputan esa nueva fase.
Francia y España son dos de los llamados a llegar a ese duelo, tal vez los que tienen las mejores opciones, impulsados por el talento de dos hombres definidos por la rivalidad en todos los terrenos: Mbappé y Lamine Yamal, enemigos habituales en la Liga española, en el escenario europeo y también en las ambiciones globales.
El torneo ha sido diseñado de tal forma que los cuatro primeros en el ranking de la FIFA (Argentina, Francia, España e Inglaterra, en ese orden) no podrán encontrarse antes de las semifinales, siempre y cuando todos cumplan con la misión mínima de clasificarse de primeros en sus respectivos grupos, para evitar cruces suicidas en las rondas de eliminación directa.
La Roja llega con 30 partidos consecutivos sin derrotas, al menos no en la acción de juego, porque en el recorrido perfecto que mantiene desde marzo de 2024, el único revés fue en una definición por penales, luego de que el tiempo regular y el añadido con Portugal en la final de la Copa de Naciones terminaran igualados.
Pero sus posibilidades están atadas a la evolución de las lesiones que mantienen en duda para el inicio del torneo a sus dos talismanes de la Euro 2024, Lamine Yamal y Nico Williams, que se recuperan ambos de molestias musculares.
Para su fortuna, los dirigidos por Luis de la Fuente tienen en Miker Oyarzábal a un jugador enrachado, con seis partidos seguidos haciendo gol y 12 en fila anotando o haciendo asistencia (todo un récord para la selección española), y en Rodri, Martín Zubimendi y Pedri a una línea medular de lujo.
Francia, por su parte, tiene la delantera con mayor profundidad del torneo, con Kylian Mbappé, Ousmane Dembélé y Michael Olise como primeras opciones, y Bradley Barcola, Désiré Doué y Rayan Cherky ofreciendo prácticamente la misma calidad como recambios.
Es probablemente el grupo más nivelado en cuanto al talento de sus 26 hombres, aunque si se trata estrictamente del 11 inicial difícilmente haya uno con más calidad individual que Portugal, un equipo animado por el mismo motor del PSG: Vitinha y Joao Neves.
Esa es precisamente la gran duda de Francia, la línea de creación, y el hecho de que comparte grupo con uno de los equipos más fuertes de la competición, la Noruega de Erling Haaland, Alexander Sorloth y Martin Odegaard, que transitó unas eliminatorias perfectas, con un impresionante caudal de 37 goles, lo que hace que el primer lugar del grupo no está necesariamente garantizado.
La estrella francesa, Mbappé, está a un gol de igualar el récord de Olivier Giroud como máximo anotador de ‘Les Bleus’, y seguramente tendrá muchas ocasiones de superarlo, porque ha encontrado la manera de sentirse medianamente cómodo con la posición de centrodelantero puro que le toca cumplir con su selección.
Argentina intentará revalidar la corona con un equipo que incluye a 17 de los hombres que se coronaron hace cuatro años en Qatar, incluyendo a Lionel Messi, mientras que Brasil buscará resarcirse de 24 años de decepciones desde que ganaron el último de sus cinco títulos mundiales.
Inglaterra, por su parte, llega con su mejor generación de los últimos tiempos, tan llena de jugadores capaces de hacer diferencia que Thomas Tuchel se dio el lujo de prescindir de Trent Alexander Arnold, Phil Foden y Cole Palmer.
Lo hace apuntalada por el hombre más goleador de la temporada, Harry Kane, que ha firmado 60 goles en todas las competiciones, y por una de las visiones de juego más claras del fútbol mundial, la de Declan Rice.
Habrá también hitos individuales memorables. Tres jugadores se convertirán en los únicos con seis mundiales en su historia de vida: Messi, Cristiano Ronaldo y el portero mexicano Guillermo ‘Memo’ Ochoa, los tres presentes de forma ininterrumpida desde hace 20 años.
Un torneo vivido desde la zozobra
Los estados de angustia en el fútbol suelen estar asociados al resultado y al devenir del partido, pero en Norteamérica 2026 no habrá lugar ni momento seguro, salvo probablemente la sede canadiense.
México se ha visto sacudido por protestas que tratan de usar el Mundial para visibilizar la situación de los más de 100.000 desaparecidos en el país o los reclamos por reivindicaciones salariales, manifestaciones que incluso han vandalizado estructuras construidas a propósito del torneo.
Pero ninguna sede ha sido más turbulenta que la que acumula más partidos, Estados Unidos, que albergará 78 de los 104 encuentros en medio de los esfuerzos antinmigración más violentos de los últimos tiempos, que incluyen restricciones para la entrada al país de ciudadanos de decenas de países.
La selección de Irán, por ejemplo, debió establecer su base de preparación en Tijuana, México, a pesar de que jugará en Los Ángeles y Seattle, y solo podrá trasladarse a territorio estadounidense la noche antes de cada duelo.
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A 15 miembros de su delegación, incluyendo al presidente de la federación, les fue negada la visa y a adicionalmente, al país le fue retirada la asignación de entradas que la FIFA regularmente destina a las federaciones de los países clasificados.
Un árbitro somalí, que debía ser el primero de su país en oficiar en un Mundial de fútbol, fue interrogado durante 11 horas en el aeropuerto de Miami, y, a pesar de tener visa, acreditación de la FIFA y un pasaporte diplomático emitido por su país, le fue negado el ingreso.
Omar Abdulkadir Artan, designado el mejor árbitro de África en 2024, regresó a su país, luego de que funcionarios de la Administración Trump determinaran que era una amenaza para la seguridad nacional, por supuestos vínculos con «presuntos miembros de organizaciones terroristas».
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El compendio de entuertos ha incluido un tiroteo cerca de la concentración inglesa, amenazas de despliegue del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Nueva York, requisas invasivas a las selecciones de Senegal y Uzbekistán, y la retención por siete horas del goleador iraquí Aymen Hussein.
La respuesta de Gianni Infantino, presidente de la FIFA, no despeja el panorama sobre el papel de la entidad. “No somos los reyes del mundo que pueden regir gobiernos y fuerzas policiales, y no sé qué. Somos una organización deportiva, intentamos dar lo mejor de nosotros con los medios que tenemos”, dijo el 10 de junio en una conferencia de prensa en Ciudad de México.
La gentrificación del fútbol
Lejos han quedado los tiempos románticos en que un fanático podía vender su auto o algún artículo de valor para cubrir el costo de seguir a su selección, viajando en trenes, comiendo en paraderos callejeros y alojándose en hostales por amor a su camiseta.
La experiencia de Norteamérica 2026 está reservada solo para aficionados VIP, luego de que la FIFA habilitara el polémico esquema de precios dinámicos, alentado por la oferta y la demanda, que elevó de 60 a 600 dólares los costos de las entradas más accesibles, y que ha disparado hasta dos millones el valor de un puesto en la final.
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Ha sido tan escandaloso el tema que tanto gobiernos demócratas como republicanos han comenzado a cuestionar a la FIFA.
Las fiscales generales de Nueva York (Letitia James) y Nueva Jersey (Jennifer Davenport) citaron a la entidad que rige el fútbol “como parte de una investigación sobre las prácticas de venta de entradas”, bajo la sospecha de que los responsables “podrían haber inflado los precios”, como reza un comunicado de James.
En Texas, el polémico fiscal Ken Paxton, anunció el inicio de una investigación sobre supuestas prácticas engañosas, alegando que la FIFA podría haber mentido a los compradores sobre la ubicación y la vista desde sus posiciones.
En el centro de la polémica está un supuesto ajuste en los mapas de asientos, que ha reasignado a los poseedores de entradas de categoría 1 (más costosos por su mejor visibilidad) a posiciones de categoría 2, con peor perspectiva del campo de juego.
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Infantino ha defendido la política de fijación de precios, diciendo que “cada dólar que entra se destina al desarrollo del fútbol”, pero lo cierto es que el escenario de los asientos vacíos que se vio en el Mundial de Clubes podría repetirse en el de selecciones.
En las plataformas de reventa quedan disponibles más de 170.000 entradas y en el portal oficial de la FIFA unas 15.000.
Mientras tanto, los organizadores han prohibido el ingreso de botellas de agua a los partidos, argumentando razones de seguridad, en una medida que los críticos han dicho que busca beneficiar a concesionarios y socios comerciales, para que en medio del inclemente calor del verano los aficionados se vean obligados a consumir en el estadio.
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Además, la FIFA ha habilitado cargos extras de 79 dólares para que en las pantallas gigantes aparezca el nombre y país de los aficionados cuando sean enfocados por las cámaras durante los partidos.
Cambios en un formato centenario
El Mundial 2026 también tendrá nuevas reglas, algunas de las cuales han sido cuestionadas como una desnaturalización del deporte.
La más polémica de ellas ha sido la introducción de pausas de hidratación obligatorias de tres minutos en medio de cada tiempo, independiente de la temperatura, la hora o la humedad.
Probablemente la salud de los jugadores lo agradezca, pero muchos críticos ven la medida como la solución de la FIFA para la adaptación que la televisión estadounidense necesitaba: convertir al fútbol en un deporte de cuatro periodos, al estilo del baloncesto, el hockey y el fútbol americano, con el consiguiente intervalo comercial.
Otras modificaciones buscan agilizar los partidos: tiros de esquina en contra como sanción por demorar la puesta en juego del balón, bien sea en saques de banda o desde el arco; plazo de 10 segundos para que los jugadores sustituidos abandonen el campo, so pena de que su suplente tenga que esperar un minuto para entrar, y lapsos también de un minuto para que los jugadores tratados por lesiones regresen al terreno.
Los futbolistas se arriesgarán a ver la tarjeta roja si se tapan la boca al dirigirse a sus rivales, para evitar que se repitan casos como el de Gianluca Prestianni ante Vinicius Jr. en el juego Benfica-Real Madrid de la UEFA Champions League.
La misma suerte le espera a quien llegue a abandonar el rectángulo de juego en protesta por una decisión del árbitro, esto para evitar que se repitan situaciones como la que se vivió en la final de la Copa Africana de Naciones, que ha acarreado el despojo del título para Senegal y posterior adjudicación a Marruecos.
Por último, ahora el VAR podrá revisar situaciones de juego nuevas, como tarjetas amarillas claramente injustificadas, errores al sancionar córners, tiros libres o penales e incluso sanciones disciplinarias.
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