
Los estadios aún no se han llenado, pero uno de los grandes protagonistas del Mundial de 2026 ya está presente: el calor. Diversos estudios advierten que los episodios de temperaturas extremas han aumentado en 14 de las 16 ciudades que albergarán partidos del torneo en Estados Unidos, México y Canadá, una tendencia que refleja el impacto creciente del cambio climático en los grandes eventos deportivos. La preocupación va más allá de la comodidad de los aficionados. Expertos alertan de que los futbolistas podrían verse expuestos a elevados niveles de estrés térmico, con consecuencias para su rendimiento físico y, en casos extremos, para su salud. ¿Está preparado el Mundial más grande de la historia para jugarse bajo temperaturas cada vez más extremas?
Este Mundial de fútbol será uno de los certámenes de mayor calor hasta ahora. Al desafío de jugarse en pleno verano de Canadá, Estados Unidos y México; se suma un factor crítico: el aumento global de la temperatura por el cambio climático.
Una investigación de la organización ‘Climate Central‘ reveló que 14 de los 16 estadios donde se juega la Copa del Mundo tienen ahora más días de calor extremo entre junio y julio que los que tenían en 1970, cuando se jugó el Mundial en México. La organización añade que 97 de los 104 partidos que se disputarán tienen mayor probabilidad de ver afectado su rendimiento por el calor. Esa posibilidad aumenta en ciudades como Miami, San Francisco, Houston, Ciudad de México y Guadalajara, donde las temperaturas son más altas que en otras localidades. Incluso la final en Nueva York podría verse impactada por las altas temperaturas.
Los deportistas ya sienten los efectos del termómetro. El delantero Erling Haaland y su selección de Noruega fueron fotografiados tumbados al sol sin camiseta durante un entrenamiento en Greensboro, Carolina del Norte. La temperatura era de 32ºC, más alta de lo normal para los nórdicos.
Pero más que una foto para conmemorar, el calor extremo afecta a los deportistas. Un ejemplo es la Copa Mundial de Clubes de la FIFA, que también fue en Estados Unidos durante el verano de 2025. “Algunos equipos tuvieron problemas con los entrenamientos por el estrés térmico que experimentaron. Sí, son deportistas de élite, altamente acondicionados. Pero siguen en riesgo para una enfermedad por calor inducida por el ejercicio. Eso sin mencionar el efecto del calor en el desempeño de los jugadores”, explicó Ollie Jay, profesor de Calor y Salud en la Universidad de Sídney a la Convención de ONU para el Cambio Climático (UNFCCC, por sus siglas en inglés).
Las condiciones ambientales han cambiado tanto el fútbol ya ha tenido modificaciones. Normalmente, los mundiales son durante los veranos. Pero en Qatar en 2022 se hizo una excepción para jugarse a finales del otoño, entre noviembre y diciembre, precisamente para evitar las altas temperaturas del país del Golfo.
Y para esta Copa, desde diciembre de 2025, la FIFA se vio obligada a introducir pausas de hidratación obligatorias: serán dos recesos durante cada partido, de tres minutos cada uno y en cada tiempo. También existen otras medidas como toallas refrigerantes, collares helados y vestuarios climatizados para intentar bajar las temperaturas corporales de los jugadores.
Un indicador para el estrés térmico
Eso es lo que en el mundo ambiental se llama adaptación al cambio climático. Pero son medidas insuficientes porque el único riesgo no es el calor.
En el deporte, se utiliza la temperatura de bulbo húmedo y globo (conocida como WBGT, por sus siglas en inglés). Es el índice que mide el estrés térmico. Además de la temperatura, esta medición calcula la humedad, la luz solar, el viento y la radiación. Por ejemplo, si el índice WBGT está en 26ºC, significa que el termómetro realmente marca 40 grados y la humedad relativa es del 30%, según estimaciones del Servicio Meteorológico Nacional de EE. UU. Y ese índice de 26 grados es el que la Federación Internacional de Asociaciones de Futbolistas Profesionales pone como límite máximo para que no se afecte el rendimiento.
Sin embargo, en este Mundial cinco partidos se jugarán con un índice de 28ºC, un nivel en el que la Federación dice que no es seguro jugar, de acuerdo con la información recopilada por ‘World Weather Attribution‘. Y ese mismo límite se superó en 31 de 57 partidos que se jugaron el año pasado en la Copa Mundial de Clubes, como lo reveló un estudio. Esto expuso a los jugadores a un riesgo extremo de sufrir enfermedades relacionadas con el calor. Aun así, para la FIFA el límite es todavía mayor pues solo consideran aplazar un partido si el WBGT supera los 32ºC, como lo indican en su manual para urgencias.
Por ello, además de la temperatura importa la humedad.
“La razón por la que la humedad es tan importante es porque el sudor es la única manera fisiológica en la que el cuerpo puede mantenerse fresco. Y la humedad en el ambiente determina qué tan bien se evapora ese sudor. Y si la humedad es alta, ese sudor no se evaporará igual y por lo tanto no podrá evacuar el calor corporal, lo que aumenta dramáticamente el riesgo de enfermedad por calor”, señaló Jay.
De ahí que los expertos señalen que la adaptación de los futbolistas no sea suficiente. Primero, porque el calor extremo también afecta a hinchas, al equipo arbitral, a los voluntarios y a todos los que trabajan en los eventos deportivos. Y segundo, porque apuntan a la necesidad de buscar medidas estructurales.
Un impacto que va más allá
Rob McDonald es científico principal para Europa en soluciones basadas en la naturaleza de la organización ‘The Nature Conservancy’. Él explicó que los árboles no solo sirven para dar sombra, sino que además transpiran agua. Esto contribuye a refrescar el ambiente y a facilitar la evaporación del sudor durante el ejercicio al aire libre. Por supuesto, no se trata de sembrar árboles en los campos de fútbol, pero diferentes investigaciones apuntan a que ciudades más arborizadas contribuyen a bajar las altas temperaturas.
Por su parte, Simon Stiell, secretario ejecutivo de la ONU para el Cambio Climático, apunta a la necesidad de revertir las causas estructurales de la crisis del clima. “Todos estábamos viendo el partido, pero se detuvo porque hace demasiado calor. Un calor sofocante para los jugadores, para los aficionados, para todos. Cada vez hace más calor y esto no es casualidad. Es el cambio climático. El planeta se está calentando tras más de un siglo de quemar combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas. Eso atrapa el calor en la atmósfera. Y ahora lo estamos sintiendo en todas partes”, concluyó.
Y esas consecuencias son tan generalizadas, que hasta el Mundial de Fútbol enfrenta las altas temperaturas y busca maneras para adaptarse a ellas.
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