Ariel Baez

Por Lic. Ariel Báez

Psicólogo

Hace unos años, mientras buscaba información sobre un tema no tan científico, me encontré con una historia en la que un viejo sabio conversaba con un joven atento, quien lo cuestionaba sobre su elocuencia y sabiduría. Al final de la conversación, la pregunta de cierre era predecible. El joven le preguntó: «¿Cómo es que sabe tanto?». A lo que el viejo respondió: «No es que sepa mucho; lo que sucede es que me he equivocado lo suficiente».

A simple vista, esta respuesta podría parecer una metáfora; sin embargo, termina siendo una afirmación sumamente precisa desde la perspectiva del comportamiento humano.

De manera general, los seres humanos tendemos, en la mayoría de los casos, a responder ante las demandas de nuestra vida de la manera más «correcta» posible, muchas veces sin contar con las herramientas, los argumentos o las experiencias suficientes que sustenten nuestras decisiones. Por ello, no sería desacertado afirmar que los errores pueden enseñarnos más que los intentos bien intencionados.

Partiendo de este análisis, sería interesante preguntarnos si los errores humanos son tan negativos como nos han enseñado o si, por el contrario, poseen un componente más didáctico que emocional.

De aquí surge una de las series de investigaciones psicológicas más importantes sobre la toma de decisiones, desarrolladas por Daniel Kahneman y posteriormente divulgadas en algunas de sus obras. Kahneman fue reconocido, además, con el Premio Nobel de Economía por sus aportes al campo de la economía conductual, a pesar de ser psicólogo y no economista.

En su interés por comprender las razones y circunstancias que influyen en la manera en que los seres humanos tomamos decisiones, Kahneman se adentró en un mundo de variables psicológicas que, dependiendo del contexto, podían manifestarse de diferentes maneras y sin que siempre existiera un patrón evidente.

Su trabajo en el desarrollo de la Teoría de las perspectivas demostró que los seres humanos tendemos a ser menos racionales en contextos de incertidumbre y que valoramos de manera asimétrica las posibilidades de éxito y fracaso de una acción. La aversión a la pérdida suele tener un peso mayor que la satisfacción asociada a una ganancia equivalente.

En otras palabras, en momentos difíciles podemos inclinarnos hacia la opción que percibimos como menos riesgosa, incluso cuando asumir un mayor riesgo podría conducirnos a obtener un mejor resultado.

De igual manera, en su libro Pensar rápido, pensar despacio, Kahneman explica de manera magistral la relación funcional entre la percepción, la atención y la respuesta, y cómo estas interactúan en nuestros procesos de toma de decisiones.

Para explicar estos procesos, plantea la existencia de dos sistemas de pensamiento. El Sistema 1 es más automático, rápido e intuitivo, mientras que el Sistema 2 es más racional, deliberativo y analítico. Ambos sistemas interactúan de manera constante, y su participación dependerá de los estímulos y las circunstancias que precedan a cada decisión.

Sin embargo, si deseamos comprender por qué cometemos errores al decidir, conocer de dónde surgen nuestras respuestas y qué procesos intervienen en ellas constituye el primer paso para comprender posteriormente sus efectos.

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