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SANTIAGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- El temor a no despertar, sentir dolor durante una operación o sufrir complicaciones suele formar parte de las preocupaciones de quienes deben someterse a una cirugía. Sin embargo, la anestesia no consiste simplemente en “dormir” al paciente.

La anestesióloga Dra. Marta Toribio, del Hospital Especializado de Medicina Avanzada (EMA), explicó en Diario de Salud y Club de la Salud TV que el trabajo del especialista comienza antes de la intervención, con la evaluación de los antecedentes médicos, medicamentos, alergias, enfermedades y hábitos del paciente, y continúa durante la operación y el período de recuperación.

La Sociedad Americana de Anestesiólogos (ASA) coincide en que el anestesiólogo participa en la evaluación previa, administra la anestesia, vigila las funciones vitales durante la cirugía y supervisa la recuperación posterior.

Toribio señaló que existen diferentes modalidades de anestesia, entre ellas la general, la raquídea o espinal, la epidural, la anestesia local, los bloqueos regionales y distintos niveles de sedación intravenosa. La elección depende de las características del procedimiento y de las condiciones individuales del paciente, por lo que no existe una única técnica apropiada para todas las operaciones.

Antes de la cirugía, explicó, el especialista revisa la historia clínica y puede solicitar valoraciones adicionales cuando existen enfermedades cardíacas, pulmonares, neurológicas u otras condiciones que puedan modificar el riesgo anestésico.

La ASA recomienda precisamente que la evaluación preanestésica tenga en cuenta enfermedades, medicamentos, hábitos y antecedentes de problemas relacionados con anestesias anteriores.

Uno de los aspectos que Toribio considera fundamentales es que el paciente proporcione información completa y confidencial sobre sus antecedentes.

Esto incluye alergias, medicamentos, enfermedades previas, consumo de tabaco, alcohol u otras sustancias y cualquier reacción ocurrida durante anestesias anteriores. 

La especialista explicó que ocultar estos datos puede dificultar la selección de los medicamentos y la preparación de medidas preventivas.

La ASA también recomienda comunicar al anestesiólogo todas las medicaciones y suplementos utilizados, así como antecedentes de problemas con anestesia y consumo de alcohol o drogas, porque estos factores pueden modificar el manejo anestésico. 

El tabaquismo, además, se asocia con mayores riesgos respiratorios y cardiovasculares alrededor de la cirugía, por lo que dejar de fumar cuanto antes puede ser beneficioso.

Otro punto abordado en la entrevista fue el ayuno. Toribio explicó que las recomendaciones actuales son más flexibles que las de décadas anteriores, aunque los tiempos dependen del tipo y cantidad de alimentos, del procedimiento y de las condiciones particulares del paciente. 

Las guías de la ASA permiten, en pacientes sanos sometidos a procedimientos electivos, líquidos claros hasta dos horas antes de la anestesia y establecen períodos mayores para alimentos sólidos; una comida ligera requiere generalmente al menos seis horas y los alimentos grasos pueden requerir ocho horas o más. NICE también recomienda que los adultos puedan consumir líquidos claros hasta dos horas antes de una operación. 

El objetivo del ayuno es reducir el riesgo de regurgitación y aspiración pulmonar durante determinados procedimientos, por lo que el paciente debe seguir las instrucciones específicas entregadas por su equipo médico y no aplicar por cuenta propia un horario general de ayuno.

La especialista también explicó que existen complicaciones posibles durante y después de la anestesia, aunque la atención anestésica moderna incorpora monitorización continua y protocolos destinados a detectarlas y tratarlas. 

Entre los efectos posteriores más frecuentes se encuentran las náuseas y los vómitos, mientras que en determinados pacientes pueden aparecer alteraciones transitorias de la orientación o la memoria, especialmente en adultos mayores. 

La ASA señala que la llamada conciencia accidental durante la anestesia general es poco frecuente, pero puede ocurrir y debe diferenciarse de recordar momentos previos al inicio de la anestesia o posteriores al despertar; su frecuencia estimada es de aproximadamente uno o dos casos por cada 1,000 procedimientos con anestesia general. 

Toribio insistió en que el paciente debe comunicar sus temores durante la consulta preanestésica y no retrasar una cirugía necesaria únicamente por miedo a la anestesia. 

La valoración individual del riesgo, la comunicación con el especialista y el seguimiento antes, durante y después del procedimiento son elementos centrales para una atención segura.

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