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SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD. Los estudiantes que han realizado un intento de suicidio pueden enfrentarse no solo a las consecuencias de una crisis de salud mental, sino también al estigma y al rechazo dentro de su entorno educativo. 

Esta situación ha sido señalada por psicólogos y docentes consultados por Hoy Digital, quienes consideran necesario que el sistema escolar desarrolle una respuesta más amplia que incluya formación para profesores, orientadores, estudiantes y familias.

La preocupación coincide con las advertencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que señala que los adolescentes con problemas de salud mental pueden sufrir estigmatización, discriminación, exclusión social y dificultades educativas. 

La organización también advierte que el estigma relacionado con la salud mental y el suicidio puede hacer que algunas personas eviten buscar ayuda. Para la OMS, contar con entornos protectores en la familia, la escuela y la comunidad es un elemento importante para favorecer el bienestar de los adolescentes.

Los datos disponibles para República Dominicana muestran que la problemática no es nueva. En la Encuesta Mundial de Salud Escolar realizada en el país en 2016, el 18,1 % de los estudiantes incluidos en la muestra declaró haber considerado seriamente intentar suicidarse durante los 12 meses anteriores a la encuesta, mientras que el 15,6 % informó haber realizado un intento durante ese mismo periodo. 

Dentro de este último grupo, el 8,4 % declaró un intento, el 4,2 % dos o tres y porcentajes menores reportaron cuatro o más intentos. Estos datos corresponden a aquella encuesta y no deben interpretarse como una medición de la situación actual del país.

UNICEF República Dominicana también ha advertido sobre la necesidad de combatir el estigma y ampliar los servicios de salud mental destinados a niños, niñas y adolescentes. En octubre de 2025, el organismo señaló que entre 2017 y 2021 se registraron 17 suicidios en niños de 8 a 10 años y que en 2022 se reportaron 19 suicidios entre personas menores de edad. UNICEF indicó además que los adolescentes de 15 a 17 años continúan siendo el grupo de mayor riesgo y advirtió que el subregistro dificulta conocer la magnitud real del problema.

La evidencia internacional también apunta a la importancia de intervenir desde los centros educativos. La OMS considera que determinados programas escolares de prevención, incluidos aquellos que combinan educación sobre salud mental y desarrollo de habilidades, pueden contribuir a reducir los intentos y las muertes por suicidio entre adolescentes, aunque califica la certeza de esa evidencia como baja y su recomendación como condicional.

Por ello, una respuesta escolar adecuada no debería limitarse a identificar al estudiante en riesgo: debe contemplar la derivación a profesionales capacitados, seguimiento, apoyo familiar, protección frente al estigma y coordinación entre los sectores educativo y sanitario.

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