“¿Cuál es el presidente que ya quedó dos años en paro? (…) A veces yo volvía a casa a pie porque no tenía dinero para pagar el autobús. No tenía ni una moneda de 50 centavos. Caminaba 18 km a pie para poder llegar a mi casa. Y no se quejó de nada. Lo cuento para que las personas sepan. (…) Yo sé de dónde vine”, afirmó el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien busca la reelección en los comicios de octubre.
Su gran rival, el aspirante de extrema derecha Flávio Bolsonaro, oficializó el 25 de junio su candidatura a la Presidencia de Brasil, respaldado por el partido de su padre, el exmandatario Jair Bolsonaro, para enfrentar a Lula da Silva en las elecciones de octubre, en medio de una caída en las encuestas y varias controversias políticas y familiares.
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¿Cuál es el origen de Lula?
Su biografía oficial destaca que Lula nació el 27 de octubre de 1945 en la ciudad de Garanhuns, en el interior de Pernambuco. Fue el séptimo de los ocho hijos de Aristides Inácio da Silva y Eurídice Ferreira de Mello —conocida como Dona Lindu—, quien ejerció una gran influencia en su vida.
En diciembre de 1952, Dona Lindu y sus ocho hijos emigraron a São Paulo para escapar de la sequía y el hambre. El viaje duró 13 días y se realizó en un camión de pasajeros improvisado, conocido como “pau de arara”. Inicialmente, la familia vivió en las afueras de Guarujá, una ciudad situada a 60 kilómetros de la capital del estado más rico de Brasil.
La falta de comida es uno de los recuerdos más vívidos de su infancia y es por eso que hizo de la lucha contra el hambre y la pobreza la razón de su vida política y personal.
En 1956, su familia se trasladó a São Paulo y se instaló en una habitación situada en la parte trasera de un bar. A los 12 años, Lula consiguió su primer empleo en una tintorería. También trabajó como limpiabotas y como chico de los recados. A los 14 años, comenzó a trabajar en unos almacenes, donde consiguió su primera libreta oficial de trabajo. Al mismo tiempo, hizo un curso para tornarse metalúrgico, una profesión que marcaría su trayectoria.
En 1964 perdió el meñique de la mano izquierda en un accidente de trabajo. Su militancia en el Sindicato de Metalúrgicos de São Bernardo do Campo y Diadema, en São Paulo, comenzó en 1969. Pocos años después, en 1975, fue elegido presidente del sindicato con el 92% de los votos, llegando a representar a 100.000 trabajadores.
Su vida personal fue marcada por una tragedia. En 1971, su primera esposa, Maria de Lourdes da Silva, murió de hepatitis en su octavo mes de embarazo, junto al niño. Posteriormente, se casó con Marisa Letícia Lula da Silva, con quien tuvo cuatro hijos.
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El salto a la Presidencia
Descontento con la falta de representación política de la clase trabajadora, en 1980 fundó el Partido de los Trabajadores (PT), junto con otros sindicalistas, intelectuales, políticos, líderes rurales, religiosos y representantes de movimientos sociales. Aquel mismo año, lideró una huelga del sindicato metalúrgico y fue arrestado por la Policía tras un enfrentamiento con los trabajadores. Permaneció detenido durante 31 días.
La dictadura militar solo acabaría en 1985. Del sindicalismo y la militancia pasó a la política activa. El PT lanzó la primera candidatura de Lula a la Presidencia en 1989, tras 29 años sin elecciones directas para el cargo. Perdió en la segunda vuelta por una pequeña diferencia de votos, pero en octubre de 2002, a los 57 años, fue elegido presidente por primera vez, con cerca de 53 millones de votos.
Durante sus dos primeros mandatos, implementó varios programas sociales para reducir la desigualdad. Entre ellos, cabe destacar la Bolsa Familia, una transferencia de renta condicionada a la educación y salud de los hijos; el Hambre Cero, un conjunto de medidas para garantizar la seguridad alimentaria mediante restaurantes populares, bancos de alimentos y apoyo a la agricultura familiar; el ProUni o Universidad para Todos, que otorgó becas de estudio parciales y totales en universidades privadas a estudiantes de bajos ingresos a cambio de exenciones fiscales para las instituciones; el Fies o Fondo de Financiamiento al Estudiante de Educación Superior, que facilitó créditos educativos; el Minha Casa, Minha Vida, enfocado en construir y financiar viviendas para familias de bajos recursos; y Farmacia Popular para ofrecer medicamentos esenciales gratuitos o con grandes descuentos.
En abril de 2010, en el último año de su segundo mandato, Lula fue elegido en el primer puesto en la lista de las 100 personas más influyentes del mundo, según la revista Time.
De la Presidencia a la cárcel: el caso Lava Jato
El 1 de enero de 2011 dejó el cargo con un índice de aprobación del 87% y entregó el relevo a Dilma Rousseff, de su mismo partido y que se convirtió en la primera presidenta de Brasil.
Sin embargo, la sombra de la corrupción lo llevó a la cárcel durante 580 días por unos crímenes de los que siempre se declaró inocente.
Todo empezó en 2014 a raíz de la operación Lava Jato. A principios de 2016, la Fiscalía de São Paulo citó a Lula a declarar en calidad de investigado por supuesto lavado de dinero relacionado con un apartamento en el balneario de Guarujá.
En marzo de 2016, la Policía le condujo a la fuerza a declarar a una comisaría por sospechas de ocultación de patrimonio y lavado de dinero, una imagen que dio la vuelta al mundo.
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Tras la destitución de Dilma Rousseff, el 31 de agosto de 2016, Lula fue acusado por la Fiscalía de ser el “comandante máximo” de una red de corrupción. En diciembre de aquel año, la Justicia ya contabilizaba cinco denuncias contra Lula por corrupción pasiva y lavado de dinero en el marco de la operación Lava Jato.
Tras ser condenado a 12 años y un mes de prisión, el 5 de abril de 2018, el juez Sérgio Moro emitió una orden de arresto y dio un plazo de 24 horas para que Lula se entregara.
El líder de izquierda resolvió hacerlo a su manera: pasó 48 horas rodeado de simpatizantes en el Sindicato de Metalúrgicos de São Bernardo do Campo; y el 7 de abril de 2018 se entregó a la Policía Federal, que lo trasladó a Curitiba, la ciudad donde estaba el tribunal que lo investigó.
A pesar de su detención, Lula intentó presentarse a las elecciones presidenciales de 2018, pero el 31 de agosto de 2018 el Tribunal Superior Electoral inhabilitó su inscripción, aplicando la Ley de la Ficha Limpa, que prohíbe postularse a cargos públicos a personas con condenas penales confirmadas en segunda instancia.
La anulación de dos condenas y la vuelta al poder
Finalmente, el líder de extrema derecha Jair Bolsonaro ganó los comicios de 2018. Lula solo dejó la cárcel el 8 de noviembre de 2019, después de que la Corte Suprema anulara las dos condenas dictadas por el Tribunal Federal de Paraná.
En la entrevista que Lula concedió a France 24 en octubre de 2019, poco antes de recuperar su libertad, volvió a defender su inocencia.
“Lograré desenmascarar a Sérgio Moro – el juez que le condenó y exministro de Justicia – y al fiscal Deltan Dallagnol”, aseveró. “Ellos no saben lo que es meterse con un ciudadano que sobrevivió al hambre hasta sus cinco años”, añadió.
Archivo | Lula a France 24: «Quiero que me liberen y ofrezcan disculpas a los brasileños»
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Contra todo pronóstico, en 2022 Lula consiguió derrotar a Jair Bolsonaro en una apretadísima segunda vuelta y volver al Palacio del Planalto. Los principales objetivos de su tercer mandato fueron sacar a Brasil del Mapa del Hambre de la FAO, al que el país había regresado en 2021, durante el Gobierno de Bolsonaro, y poner al país de vuelta en el escenario internacional, tras cuatro años de aislamiento.
En noviembre de 2024, Río de Janeiro fue sede de una cita del G20, desde donde Lula lanzó la Alianza Global contra el Hambre y la Pobreza. Ya en julio de 2025 fue el turno para una la reunión de los Brics, en la que el Gobierno progresista defendió la reforma de la gobernanza global, especialmente del Consejo de Seguridad de la ONU, y la defensa del multilateralismo frente a los conflictos geopolíticos, dos de sus principales banderas.
¿Un nuevo mandato a los 80 años?
Ahora Lula se prepara para enfrentar su última batalla: disputar el cuarto mandato que, en caso de victoria, comenzaría a los 81 años. No es un detalle cualquiera. A finales del año pasado, el prestigioso semanario ‘The Economist’ llegó a defender en un editorial que Lula no debería disputar la reelección, dado que completaría su cuarto mandato con 85 años.
“A pesar de todo su talento político, es demasiado arriesgado para Brasil tener a alguien tan anciano en el poder durante otros cuatro años. El carisma no es un escudo contra el declive cognitivo”, escribió la revista, que llegó a compararlo con el expresidente estadounidense Joe Biden.
Sobre el tema, el fallecido presidente uruguayo Pepe Mujica apuntó en 2024: “Lula se acerca a los 80 años. Y no tiene sucesor. Esa es la desgracia de Brasil”.
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Su salud también ha pasado por algún revés. En 2011 le fue diagnosticado un cáncer de laringe y, este año, un carcinoma basocelular en el cuero cabelludo, que ha tratado con radioterapia. Además, en 2024, tuvo una hemorragia intracraneal como consecuencia de un accidente doméstico. Debido a la artrosis, Lula también padeció un desgaste severo en los cartílagos que le obligó a colocar una prótesis de cadera en 2023. Finalmente, se sometió a dos cirugías oftalmológicas por causa de cataratas, en 2020 y 2026.
Lula, que está casado en terceras nupcias con Janja, Rosângela da Silva, 21 años más joven que él, hace alarde de su forma física en las redes sociales. A menudo hace publicaciones mostrando sus entrenamientos en la cinta de correr o haciendo musculación. También le gusta dar prueba de su atletismo corriendo hacia los actos públicos. Recientemente le echó una carrera a Tedros Adhanom, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), durante un evento en Río de Janeiro.
Los retos de la candidatura de Lula
A pesar de los buenos resultados en la economía y el paro, el actual mandatario de Brasil tiene muchos retos por delante: la posible injerencia de EE. UU. en las elecciones brasileñas; la tensa y cambiante relación con el presidente Donald Trump; el creciente aislamiento en el continente latinoamericano, cada vez más escorado a la derecha; y los omnipresentes escándalos, como la investigación de su hijo Lulinha por supuesta corrupción y tráfico de influencias; y de su amigo y exlíder del Gobierno en el Senado, Jaques Wagner, asociado al mayor fraude financiero de Brasil por su implicación con el Banco Master.
Esto sin olvidar lo que los economistas llaman «bomba fiscal», es decir, la deuda pública más alta de la historia de Brasil, equivalente al 81,9% del PIB. Hablamos del peor nivel en cinco años fuera de esa crisis sanitaria causada por la pandemia del Covid-19. Tampoco ayuda el hecho de que Brasil ocupa el segundo lugar entre los 10 países con mayores tasas de interés reales del mundo, solo por detrás de Rusia.
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