La estomatóloga Aimée Román junto a Jissel Pérez
SANTIAGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- Perder un diente puede parecer inicialmente un problema estético, pero sus consecuencias pueden extenderse a toda la salud bucal. La falta de una pieza modifica la forma en que se distribuyen las fuerzas al masticar y puede afectar los dientes vecinos, las encías, el hueso y la articulación de la mandíbula.
La estomatóloga Aimée Román explicó que los implantes dentales son estructuras que sustituyen la raíz del diente perdido. Generalmente se fabrican en titanio o circonia y sirven de soporte para colocar posteriormente una corona que imita la parte visible de la pieza natural.
Durante una entrevista en Diario de Salud y Club de la Salud TV, Román señaló que una de las principales diferencias entre un implante y un puente dental es que el implante reemplaza la raíz sin necesidad de desgastar los dientes cercanos.
En un puente convencional, las piezas situadas a ambos lados del espacio pueden necesitar ser talladas para sostener la prótesis. El implante, en cambio, se coloca directamente en el hueso y funciona como una base independiente.
El titanio continúa siendo el material más utilizado debido a su trayectoria clínica, resistencia y capacidad de integrarse con el hueso. A este proceso se le conoce como oseointegración.
La circonia, por su color blanco, puede ofrecer ventajas estéticas en determinadas zonas visibles. Sin embargo, la selección del material debe realizarse de forma individual, tomando en cuenta la ubicación del diente, cantidad de hueso, características de las encías, fuerza de mordida y experiencia del profesional.
Román identificó la periodontitis entre las causas frecuentes de pérdida dental. Esta enfermedad comienza con inflamación y sangrado de las encías y puede avanzar hasta destruir los tejidos y el hueso que sostienen las piezas.
La diabetes mal controlada también puede aumentar el riesgo de enfermedad periodontal, infecciones y cicatrización lenta. Por esa razón, las personas con alteraciones de glucosa necesitan controles médicos y odontológicos más estrictos antes y después de un implante.
Los traumatismos por accidentes de tránsito, golpes y lesiones deportivas representan otra causa de pérdida de dientes. En algunos casos la pieza puede restaurarse, pero cuando el daño es severo puede ser necesaria la extracción y posterior rehabilitación.
Cuando un diente no se reemplaza, los dientes vecinos pueden desplazarse hacia el espacio vacío. Esto facilita la acumulación de placa, altera la mordida y puede aumentar la carga sobre otras piezas.
La pérdida de molares también reduce el soporte de los tejidos de la cara. “Cuando no tenemos soporte, sobre todo de los molares, nuestra cara se ve afectada y puede lucir un poco más hundida”, explicó Román.
Antes de colocar un implante es necesaria una evaluación clínica completa. El profesional debe revisar las encías, los dientes restantes, la higiene, la mordida y cualquier señal de infección activa.
La planificación suele incluir estudios tridimensionales, como la tomografía de haz cónico, para medir la altura, anchura y calidad del hueso. También pueden solicitarse análisis de sangre y evaluaciones de cardiología, endocrinología u otras especialidades según los antecedentes del paciente.
No todas las personas califican inmediatamente.
La inflamación activa, la periodontitis sin controlar, la glucosa elevada, algunas enfermedades cardíacas y determinados tratamientos contra la osteoporosis pueden requerir atención previa o cambios en el plan.
La edad, por sí sola, no impide la colocación de un implante. Una persona mayor con buen estado general podría ser candidata, mientras alguien joven con enfermedades no controladas podría necesitar posponer el procedimiento.
Cuando no existe suficiente hueso, pueden considerarse técnicas de regeneración o injerto. En casos de pérdida ósea avanzada, el especialista podría recomendar otro tipo de prótesis.
El postoperatorio varía según cada intervención. La colocación de un implante sin extracción ni injerto puede producir molestias moderadas, mientras los procedimientos combinados suelen generar más inflamación y requieren mayores cuidados.
Después de la cirugía se recomienda seguir la dieta y las indicaciones dadas por el profesional, evitar alimentos duros durante la cicatrización y no utilizar los dientes o coronas para romper objetos, abrir botellas o morder materiales resistentes.
Los implantes requieren la misma disciplina de higiene que los dientes naturales. La placa puede provocar inflamación alrededor de ellos y, si no se trata, afectar el tejido y el hueso que los sostienen.
Román recomendó acudir a controles periódicos, generalmente cada seis meses o según el riesgo individual.
También insistió en mantener bajo control la diabetes, la osteoporosis y otras condiciones que podrían aparecer con el tiempo.
La especialista indicó que recuperar una pieza puede mejorar la masticación, la seguridad al hablar y la percepción de la propia imagen. “El momento en que pierdes una pieza dentaria, tu calidad de vida y tu salud pueden verse afectadas”, afirmó.
La recomendación principal es no posponer la evaluación. Cuanto más tiempo permanece un espacio sin rehabilitar, mayor puede ser el desplazamiento de los dientes vecinos y la reducción del hueso disponible para futuros tratamientos.
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