SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- El ácido hialurónico hidrata, el glicólico exfolia, el salicílico ayuda a limpiar los poros y el retinoico acelera la renovación celular. Aunque estos ingredientes aparecen cada vez más en sérums y cremas, los especialistas advierten que combinarlos sin orientación puede provocar irritación, descamación y daños en la barrera cutánea.
Los ácidos se han convertido en protagonistas de la industria del cuidado de la piel.
Están presentes en cremas hidratantes, limpiadores, tónicos, sérums, mascarillas y tratamientos destinados a combatir el acné, las manchas, la sequedad, las líneas de expresión o la falta de luminosidad.
Su creciente popularidad también ha favorecido la aparición de rutinas cada vez más complejas, impulsadas en muchos casos por recomendaciones difundidas en las redes sociales.
Sin embargo, que varios productos lleven la palabra “ácido” en su etiqueta no significa que funcionen de la misma manera.
El ácido hialurónico, por ejemplo, se utiliza principalmente para hidratar. El glicólico actúa como exfoliante químico. El salicílico puede penetrar en los poros y es empleado frecuentemente en pieles con tendencia acneica. La vitamina C funciona como antioxidante, mientras que el ácido retinoico es un medicamento derivado de la vitamina A que acelera la renovación de las células cutáneas.
Sus diferencias también implican riesgos distintos.
Algunos pueden utilizarse en una amplia variedad de pieles, mientras que otros requieren concentraciones específicas, una introducción gradual o supervisión médica.
El ácido que hidrata en lugar de exfoliar
Pese a su nombre, el ácido hialurónico no actúa como un exfoliante.
Se trata de una molécula capaz de atraer y retener agua, por lo que se incorpora a numerosos productos destinados a mejorar la hidratación y la apariencia de la piel.
El médico estético y antiedad Hugo Ávila explicó que este ingrediente ayuda a hidratar y a fortalecer la barrera cutánea, razón por la que puede emplearse en la mayoría de los tipos de piel.
Según el especialista, las fórmulas en crema suelen resultar más apropiadas para las pieles secas, mientras que los sérums, debido a su textura más ligera, pueden adaptarse mejor a pieles mixtas o grasas. Sus declaraciones fueron difundidas originalmente por el periódico dominicano Diario Libre.
La Academia Estadounidense de Dermatología también incluye al ácido hialurónico entre los ingredientes hidratantes que pueden ayudar a reducir la sequedad.
Sin embargo, un sérum de ácido hialurónico no sustituye necesariamente una crema hidratante.
Para muchas personas, especialmente quienes tienen la piel seca o una barrera cutánea debilitada, puede ser necesario aplicar después una crema que ayude a disminuir la pérdida de agua.
El resultado dependerá de la fórmula completa del producto, la humedad ambiental, la cantidad utilizada y los demás ingredientes presentes en la rutina.
Ácido glicólico: el exfoliante que renueva la superficie
El ácido glicólico pertenece al grupo de los alfahidroxiácidos, conocidos como AHA.
Su función principal es favorecer la eliminación de las células muertas acumuladas en la superficie de la piel. Este proceso puede mejorar gradualmente la textura, la luminosidad y la apariencia de algunas manchas superficiales.
Ávila señaló que suele recomendarse en personas con piel mixta o grasa, textura irregular o alteraciones de la pigmentación.
Pero advirtió que puede resultar irritante para las personas con piel muy seca, sensible o con una barrera cutánea alterada.
La Academia Estadounidense de Dermatología identifica al ácido glicólico como un exfoliante químico que puede utilizarse para ayudar a desobstruir poros y mejorar la textura de las pieles grasas o con tendencia al acné.
No obstante, sus efectos dependen de la concentración, el pH del producto y la frecuencia de aplicación.
Una fórmula cosmética de uso domiciliario no tiene la misma potencia que una exfoliación química realizada por un profesional.
El uso excesivo puede provocar ardor, enrojecimiento, resequedad, descamación y mayor sensibilidad.
En personas con tonos de piel oscuros, la irritación también puede favorecer la aparición de hiperpigmentación posinflamatoria, es decir, manchas oscuras posteriores a una lesión o inflamación.
Ácido salicílico: una opción para los poros obstruidos
El ácido salicílico es un betahidroxiácido, también conocido como BHA.
A diferencia de algunos exfoliantes que actúan principalmente sobre la superficie, el salicílico es soluble en grasa y puede penetrar en el interior de los poros.
Por esa razón se utiliza con frecuencia en limpiadores, lociones y sérums dirigidos a personas con piel grasa, puntos negros y determinadas formas de acné.
Ávila explicó que este ingrediente ayuda a controlar la grasa, favorece la renovación de la piel y puede reducir la obstrucción de los poros.
Sin embargo, subrayó que el tratamiento debe ajustarse a cada paciente, debido a que no todos los tipos de acné tienen el mismo origen ni responden a los mismos productos.
La Clínica Mayo señala que el ácido salicílico puede ayudar a evitar la obstrucción de los folículos pilosos, aunque también puede causar irritación leve o alteraciones de la pigmentación.
El acné inflamatorio, quístico o persistente puede requerir otros tratamientos, entre ellos retinoides, peróxido de benzoilo, antibióticos u opciones hormonales prescritas por un especialista.
Por ello, utilizar concentraciones cada vez más altas de salicílico no necesariamente resolverá el problema y puede empeorar la irritación.
Su uso también requiere precaución durante el embarazo. La Academia Estadounidense de Dermatología aconseja consultar con un dermatólogo y limitar el empleo de concentraciones elevadas, especialmente las superiores al 2 %.
Vitamina C: protección antioxidante y luminosidad
El ácido ascórbico es la forma química más conocida de la vitamina C.
En productos tópicos se utiliza principalmente por su acción antioxidante, es decir, por su capacidad para ayudar a neutralizar moléculas inestables generadas por factores como la radiación solar, la contaminación y otros procesos ambientales.
También participa en la producción de colágeno y puede ayudar a mejorar la luminosidad y la apariencia de ciertas alteraciones de la pigmentación.
Ávila explicó que, aunque la vitamina C puede aportar luminosidad y estimular el colágeno, no siempre constituye la primera opción para tratar las manchas.
La respuesta dependerá del origen de la pigmentación, la estabilidad de la fórmula y la tolerancia de la piel.
El especialista agregó que algunas personas pueden presentar sensibilidad, especialmente cuando utilizan concentraciones elevadas.
Uno de los principales desafíos de la vitamina C es su estabilidad.
El ácido ascórbico puede degradarse cuando se expone a la luz, el aire o determinadas temperaturas. Por eso, el envase, la formulación y las condiciones de almacenamiento son importantes.
Un cambio intenso de color, olor o textura puede indicar que el producto se ha oxidado.
La vitamina C tampoco reemplaza el protector solar. Puede complementar la protección antioxidante, pero no bloquea por sí sola la radiación ultravioleta.
Ácido retinoico: uno de los más eficaces y también de los más irritantes
El ácido retinoico, conocido médicamente como tretinoína, es un derivado de la vitamina A.
Se utiliza en el tratamiento del acné y del fotoenvejecimiento porque acelera la renovación celular y estimula procesos relacionados con la producción de colágeno.
Ávila lo describió como uno de los activos más empleados contra el envejecimiento cutáneo y el acné.
Sin embargo, advirtió que puede provocar irritación, enrojecimiento y descamación, por lo que recomienda incorporarlo gradualmente y con orientación médica.
La Clínica Mayo confirma que la tretinoína tópica puede aumentar la sensibilidad de la piel al sol y causar sequedad o irritación, especialmente durante las primeras semanas de tratamiento.
En muchos países, el ácido retinoico es un medicamento que requiere receta.
No debe confundirse con el retinol, un ingrediente cosmético también derivado de la vitamina A, pero generalmente menos potente.
Ambos pueden irritar, aunque la tretinoína suele producir efectos más intensos y requiere mayor vigilancia.
La irritación inicial asociada con los retinoides puede manifestarse mediante tirantez, ardor, enrojecimiento, descamación o sensación de sensibilidad.
Introducirlos de manera gradual, utilizar una cantidad pequeña y acompañarlos de una crema hidratante puede mejorar la tolerancia, siempre que estas medidas sean compatibles con las indicaciones del médico.
Los retinoides tampoco deben utilizarse durante el embarazo sin evaluación médica. La Clínica Mayo advierte que los derivados de la vitamina A empleados para el cuidado cutáneo deben evitarse durante este periodo.
El peligro de mezclar demasiados activos
Uno de los errores más frecuentes consiste en aplicar varios ingredientes potentes durante la misma rutina.
Una persona puede combinar, por ejemplo, un limpiador con ácido salicílico, un tónico con glicólico, un sérum de vitamina C y un retinoide durante la noche.
Aunque cada producto puede ser seguro por separado, la suma puede sobrepasar la tolerancia de la piel.
El resultado puede ser una alteración de la barrera cutánea, la capa externa encargada de reducir la pérdida de agua y proteger frente a irritantes, microorganismos y agresiones ambientales.
Cuando esta barrera se debilita, la piel puede presentar ardor incluso al aplicar agua, descamación persistente, enrojecimiento, picazón, brotes y mayor sensibilidad a productos previamente tolerados.
La Academia Estadounidense de Dermatología recomienda probar los productos nuevos antes de incorporarlos por completo a la rutina, especialmente en personas con antecedentes de sensibilidad.
Introducir un activo a la vez también permite identificar con mayor facilidad qué producto está causando una reacción.
El protector solar, una parte indispensable
Ávila recordó que el uso de estos ingredientes debe acompañarse de un protector solar de amplio espectro durante el día.
La advertencia es particularmente importante para quienes utilizan retinoides o exfoliantes químicos, ya que la piel puede volverse más susceptible a la irritación provocada por la radiación solar.
La Clínica Mayo recomienda aplicar diariamente un protector de amplio espectro con un factor de protección solar de al menos 30 y reaplicarlo cada dos horas, o con mayor frecuencia después de nadar o sudar.
La fotoprotección también es esencial para tratar las manchas.
Sin una protección adecuada, la exposición ultravioleta puede intensificar la pigmentación y reducir los beneficios obtenidos mediante otros productos.
Además del protector solar, las medidas incluyen buscar sombra, utilizar sombreros y evitar la exposición prolongada durante las horas de mayor intensidad solar.
No existe un ácido universal
La elección del producto debe responder al problema que se desea tratar.
Una persona con piel seca puede necesitar principalmente hidratación y reparación de la barrera cutánea, mientras que alguien con puntos negros podría beneficiarse de un producto con ácido salicílico.
Las manchas también requieren una evaluación cuidadosa. No todas tienen el mismo origen: pueden relacionarse con exposición solar, inflamación, acné, cambios hormonales, medicamentos o determinadas enfermedades.
De igual manera, el enrojecimiento persistente no siempre es una reacción cosmética. Puede ser una manifestación de rosácea, dermatitis, alergia u otra condición dermatológica.
Aplicar ácidos sin conocer la causa puede empeorar el problema o retrasar el diagnóstico.
Una rutina sencilla puede ser más eficaz
La creciente oferta de cosméticos puede generar la impresión de que una rutina necesita numerosos pasos para funcionar.
Sin embargo, una rutina básica suele comenzar con tres elementos: limpieza suave, hidratación y protección solar.
Los activos se agregan después, de acuerdo con objetivos concretos y con la tolerancia individual.
En las personas que ya presentan irritación, ardor o descamación, puede ser necesario suspender temporalmente los exfoliantes y retinoides y concentrarse en productos suaves hasta que la barrera se recupere.
Los especialistas recomiendan buscar atención médica cuando una reacción es intensa, aparece hinchazón, se forman ampollas, el dolor persiste o las lesiones empeoran.
“La piel debe ser evaluada”
El principal mensaje de Ávila es que estos ingredientes no deben seleccionarse únicamente porque estén de moda o sean recomendados por una persona en las redes sociales.
El ácido hialurónico, el glicólico, el salicílico, la vitamina C y el ácido retinoico tienen funciones, indicaciones y niveles de potencia diferentes.
Su eficacia depende de factores como el tipo de piel, la concentración, la formulación, la frecuencia de uso y los demás productos aplicados.
Por ello, el especialista aconseja evitar la combinación indiscriminada de varios ácidos y acudir a una evaluación dermatológica o de medicina estética antes de iniciar tratamientos intensivos.
La meta no debe ser incorporar la mayor cantidad posible de ingredientes, sino elegir aquellos que respondan a una necesidad real sin comprometer la barrera protectora de la piel.
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