Laura López Romero
MADRID, ESPAÑA / DIARIO DE SALUD. –La realidad virtual podría convertirse en una aliada de la salud mental infantil. Investigadores de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) desarrollan el proyecto A-TRaVIeSA, una iniciativa que busca identificar indicadores tempranos relacionados con futuras dificultades emocionales y de comportamiento mediante escenarios inmersivos y mediciones fisiológicas.
La investigación está dirigida por Laura López Romero, investigadora del Instituto de Psicología de la USC, y recibió financiación de la Agencia Estatal de Investigación de España, que seleccionó el proyecto por su potencial para mejorar la detección precoz de problemas de salud mental en la infancia.
Según explicó López Romero, el objetivo no es diagnosticar enfermedades, sino desarrollar un protocolo de evaluación que permita detectar factores de riesgo antes de que aparezcan conductas problemáticas.
«El objetivo del proyecto es desarrollar un protocolo de evaluación basado en realidad virtual que nos permita obtener una medida mucho más fiable de estos indicadores temperamentales tempranos», explicó la investigadora.
Un bosque, un precipicio y la reacción del niño
A diferencia de los cuestionarios tradicionales, el proyecto recreará escenarios virtuales donde los menores interactuarán con diferentes situaciones mientras los investigadores registran variables fisiológicas como la frecuencia cardíaca.
Uno de los escenarios incluirá un bosque con un precipicio para analizar la respuesta ante el miedo.
«Cada niño puede reaccionar de manera muy distinta. Todas esas diferencias nos hablan de diferencias individuales a nivel temperamental y socioemocional», señaló López Romero.
Los investigadores estudiarán variables relacionadas con:
- Nivel de miedo.
- Empatía.
- Ira.
- Capacidad de afiliación.
- Regulación emocional.
- Respuesta fisiológica frente a distintas situaciones.
Toda esa información será complementada con cuestionarios respondidos por las familias.
¿Por qué usar realidad virtual?
La investigadora explicó que la realidad virtual ya ha demostrado utilidad en tratamientos psicológicos, especialmente para las fobias, pero todavía se utiliza poco como herramienta de evaluación.
En estudios anteriores, el equipo utilizó fragmentos de películas infantiles para provocar respuestas emocionales.
Sin embargo, los resultados mostraron limitaciones.
«Los niños están muy sobreestimulados y se necesita un extra para poder hacer la evaluación lo más próxima posible a su entorno real», afirmó López Romero.
Los científicos esperan que la inmersión virtual genere respuestas emocionales mucho más naturales y precisas.
No es un diagnóstico, pero sí una alerta temprana
La investigadora aclaró que el proyecto no pretende convertirse todavía en una prueba diagnóstica.
Su finalidad es validar un método que permita identificar indicadores tempranos que posteriormente puedan utilizarse para prevenir trastornos emocionales o problemas de conducta.
«Este proyecto pretende ayudar a avanzar en el conocimiento, no tanto ofrecer una herramienta diagnóstica como tal», explicó.
La pandemia dejó una huella
López Romero aseguró que los problemas emocionales detectados durante la pandemia de COVID-19 continúan presentes en niños y adolescentes.
Mientras algunos problemas de conducta tienden a disminuir conforme los menores maduran, las alteraciones emocionales mantienen una tendencia preocupante.
«Los problemas emocionales tuvieron un repunte muy significativo en la pandemia y vemos que ese repunte se mantiene», indicó.
El papel de las familias
La especialista considera que uno de los factores más importantes es la educación emocional dentro del hogar.
Según explicó, la sobreprotección puede limitar el desarrollo de habilidades para afrontar emociones difíciles.
«El rol de la familia es acompañar. Dar apoyo y establecer límites es fundamental. No evitarles el sufrimiento, porque es muy importante conocer todas las emociones», sostuvo.
Dos años de investigación
El proyecto tendrá una duración de dos años.
Durante el primero se diseñarán y validarán los escenarios virtuales.
En el segundo se realizarán las evaluaciones con niños, integrando mediciones fisiológicas y cuestionarios familiares para comprobar si la realidad virtual mejora la precisión respecto a los métodos tradicionales.
Si los resultados son positivos, esta tecnología podría abrir nuevas vías para la prevención temprana de trastornos emocionales y de conducta en la infancia.
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