El mu00e9dico Josu00e9 Hernu00e1ndez Poveda en el podcast 'Roca Project' en Diario de Salud

SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- Envejecer siempre se ha visto como una caída inevitable: menos fuerza, más dolor, peor memoria, más enfermedades y menos autonomía.

Pero esa idea empieza a ser cuestionada por una nueva visión médica: no se trata solo de vivir más años, sino de vivirlos con fuerza, lucidez y calidad.

El neurocirujano y especialista en longevidad José Hernández Poveda defiende esta idea en su libro Envejecer es opcional, publicado por Grijalbo. Su mensaje es directo: la edad avanza, pero el deterioro no tiene por qué avanzar al mismo ritmo.

Según Hernández Poveda, la clave está en romper el molde psicológico que asocia la vejez con enfermedad, pérdida de capacidad y resignación.

Para el médico, el envejecimiento no debe entenderse como una sentencia, sino como un proceso que puede ser medido, modificado y retrasado si se actúa a tiempo.

“El título viene de intentar romper el molde psicológico que tenemos sobre lo que significa envejecer”, explica el especialista. Su planteamiento es que muchas pérdidas físicas y cognitivas pueden prevenirse si se toman medidas antes de que el daño sea evidente.

El cuerpo avisa, pero hay que medirlo

Hernández Poveda sostiene que envejecer implica la pérdida progresiva de las funciones naturales del cuerpo. Los órganos comienzan a trabajar peor, aparecen desequilibrios y aumentan los riesgos de enfermedad.

Pero la medicina actual permite observar ese proceso antes de que sea tarde.

Entre los marcadores clave menciona la masa muscular, los indicadores metabólicos, el riesgo cardiovascular y la función cognitiva. Son señales medibles que pueden anticipar problemas futuros.

La idea es simple: si se mide, se puede corregir.

A nivel celular, el envejecimiento incluye alteraciones moleculares profundas. Entre ellas están la inflamación crónica, el daño epigenético, la pérdida de función de las proteínas, el deterioro de las mitocondrias y los cambios en los sensores de nutrientes.

Estas vías ya son estudiadas por la ciencia moderna del envejecimiento. Algunas pueden influirse con medidas básicas como dormir mejor, entrenar fuerza o corregir la alimentación. Otras son el objetivo de terapias avanzadas, incluida la ingeniería genética.

El músculo, el gran seguro de vida

Uno de los puntos centrales del especialista es la masa muscular.

Para Hernández Poveda, muchas personas creen que están sanas porque hacen algo de ejercicio o comen “más o menos bien”, pero cuando se mide su masa muscular se descubre que están muy por debajo de lo recomendable.

El error, advierte, es seguir consejos sin base científica clara: dietas tomadas de redes sociales, rutinas sin intensidad real o planes centrados solo en perder peso.

Su recomendación principal es el entrenamiento de fuerza.

No basta con moverse un poco. El músculo necesita carga, intensidad y estímulo suficiente para adaptarse. Sin ese esfuerzo, no se mantiene ni se recupera masa muscular.

La nutrición también es decisiva. El especialista subraya que la proteína diaria es fundamental para formar nuevas fibras musculares. Si no hay suficiente proteína, el entrenamiento pierde gran parte de su efecto.

Y hay un tercer factor: el sueño.

Durante las fases profundas del descanso nocturno se producen procesos de reparación y recuperación muscular. Por eso, dormir mal puede bloquear los beneficios del entrenamiento y de una buena alimentación.

Dormir mal también envejece

El sueño es otro pilar de la longevidad.

Hernández Poveda afirma que una gran parte de los problemas de sueño pueden mejorar con hábitos, sin recurrir de inmediato a medicamentos.

Entre las medidas más importantes están mantener horarios regulares, dormir al menos ocho horas, evitar cenas pesadas, no hacer ejercicio intenso por la noche, reducir pantallas y luces brillantes antes de dormir, y exponerse a la luz solar por la mañana.

La lógica es clara: el cuerpo necesita señales estables para ordenar su ritmo biológico.

La luz de la mañana ayuda a sincronizar el reloj interno. La luz intensa por la noche, en cambio, puede retrasar el sueño y alterar la producción natural de melatonina.

El riesgo cardiovascular: el asesino que puede prevenirse

El médico también apunta contra una de las mayores amenazas para la longevidad: la enfermedad cardiovascular.

Asegura que es una de las enfermedades más importantes del mundo occidental y una de las más prevenibles.

El foco está en las partículas ApoB, responsables de transportar colesterol en la sangre. Cuando estas partículas están elevadas, aumenta el riesgo de acumulación de placa en las arterias y, con ello, el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares.

Según Hernández Poveda, controlar estas partículas es una de las estrategias más potentes para reducir la enfermedad cardiovascular.

El estilo de vida importa: sedentarismo, exceso de calorías y mala alimentación deterioran la capacidad del organismo para manejar el colesterol. Pero también existen factores genéticos que pueden elevar el riesgo incluso en personas con buenos hábitos.

Por eso, el especialista defiende el uso inteligente de herramientas médicas.

Las estatinas siguen siendo los fármacos más utilizados para controlar el colesterol, por ser antiguas, accesibles y económicas. Sin embargo, algunos pacientes presentan molestias musculares u otros efectos que los llevan a abandonar el tratamiento.

Hernández Poveda menciona opciones más nuevas, como el ácido bempedoico y los inhibidores de PCSK9, medicamentos que pueden reducir el colesterol de forma potente y que han ganado espacio en pacientes seleccionados.

Aun así, conviene evitar una idea falsa: ningún fármaco está completamente libre de efectos secundarios. Lo correcto es decir que estas terapias pueden tener un perfil de seguridad favorable en determinados pacientes, siempre bajo indicación médica.

La nueva medicina: prevenir antes de enfermar

El mensaje central del libro es que la medicina del futuro será menos reactiva y más preventiva.

No esperar a tener síntomas. No esperar al infarto. No esperar a la pérdida de movilidad. No esperar al deterioro cognitivo.

La propuesta es medir riesgos, corregir hábitos, entrenar fuerza, mejorar el sueño, ajustar la nutrición y actuar sobre marcadores antes de que se conviertan en enfermedad.

Envejecer, en sentido cronológico, seguirá siendo inevitable.

Pero llegar a la vejez débil, enfermo y dependiente podría dejar de serlo para muchas personas.

Ese es el punto provocador del mensaje de Hernández Poveda: no se trata de prometer inmortalidad, sino de cambiar la forma en que atravesamos los últimos años de vida.

La pregunta ya no es solo cuántos años podemos vivir.

La verdadera pregunta es en qué condiciones vamos a llegar.

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