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SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- Ser invitado a una reunión, aparecer en una fotografía o recibir unos minutos frente a un micrófono no significa necesariamente participar en una decisión.Esa es una de las principales advertencias planteadas por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en República Dominicana con motivo del Día Internacional de la Juventud, celebrado cada 12 de agosto.

El organismo reclama mecanismos permanentes que permitan a adolescentes y jóvenes no solo expresar opiniones, sino también influir en el diseño, implementación y evaluación de políticas y programas que afectan directamente sus vidas.

Anyoli Sanabria, representante adjunta de UNICEF en República Dominicana, sostiene que escuchar a esta población “no debe ser un gesto simbólico”. Su cargo está respaldado por publicaciones institucionales recientes de UNICEF.

La discusión apunta a una pregunta más profunda: ¿qué ocurre después de escuchar a los jóvenes?

Estar en la sala no significa participar

UNICEF utiliza la experiencia de Samary Santana Fernández, integrante del Consejo Consultivo Adolescente y Juvenil Altavoz, para ilustrar el problema.

Santana participó en un encuentro que reunió a más de 30 mujeres jóvenes procedentes de distintos territorios y experiencias. Según su testimonio, esperaba que pudieran plantear inquietudes y propuestas, pero la actividad estuvo dominada por discursos y presentaciones de adultos.

“Estábamos presentes, pero en las fotos, no en las voces”, resumió posteriormente.

La experiencia muestra la diferencia entre presencia y capacidad de incidencia.

Una consulta auténtica requiere, según el enfoque planteado por UNICEF, que adolescentes y jóvenes sepan para qué se les consulta, puedan presentar propuestas, dialoguen con quienes tienen capacidad de decisión y posteriormente reciban información sobre qué ocurrió con sus recomendaciones.

De lo contrario, la participación puede quedarse en una actividad simbólica que legitima una decisión ya tomada de antemano.

Un caso donde las opiniones llegaron a una política pública

República Dominicana también tiene ejemplos en la dirección contraria.

Uno de ellos surgió durante la preparación del Plan Estratégico Nacional de Seguridad Vial 2025-2030 (PENSV), coordinado por el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT).

UNICEF confirmó oficialmente en octubre de 2025 que su plataforma U-Report participó en la consulta nacional para el diseño del plan, incorporando a adolescentes y jóvenes al proceso de construcción de políticas sobre seguridad vial.

Según la información difundida por UNICEF en agosto de 2026, la consulta realizada mediante U-Report y Altavoz recibió 775 respuestas y las recomendaciones juveniles fueron incorporadas al PENSV en asuntos como educación vial, seguridad en los entornos escolares y seguimiento de muertes y lesiones por siniestros de tránsito.

La cifra de 775 respuestas y el alcance específico de esas recomendaciones proceden del balance presentado por UNICEF; no se ha localizado durante esta verificación una evaluación independiente que mida individualmente cuánto peso tuvo cada propuesta en la versión final del plan.

Sí está documentado por el INTRANT que la construcción del PENSV se realizó mediante consultas con instituciones públicas, sector privado, sociedad civil, universidades, organizaciones comunitarias y otros actores.

U-Report: una consulta desde el teléfono

La plataforma utilizada para parte de ese proceso funciona principalmente a través de herramientas digitales.

U-Report permite que adolescentes y jóvenes respondan consultas, reciban información y expresen opiniones mediante canales como WhatsApp e Instagram.

En octubre de 2025, UNICEF informaba que República Dominicana tenía más de 7.000 U-Reporters activos y que la plataforma estaba orientada especialmente a personas de entre 13 y 24 años, aunque podía participar cualquier interesado.

La organización explicaba entonces que U-Report había sido utilizado para abordar asuntos como educación, salud, igualdad de género, seguridad vial y distribución de los trabajos de cuidado dentro del hogar.

La diferencia frente a una encuesta tradicional está en el objetivo declarado: utilizar las respuestas como herramienta para conectar las opiniones juveniles con instituciones y procesos donde se toman decisiones.

De responder encuestas a liderar proyectos

UNICEF también plantea que la participación no debe terminar en responder preguntas.

El siguiente nivel es que adolescentes y jóvenes puedan organizar iniciativas, administrar proyectos y movilizar soluciones para problemas identificados dentro de sus propias comunidades.

El organismo pone como ejemplo a Wellington Rodríguez, de 17 años, a quien atribuye participación, mediante U-Report, en iniciativas destinadas a renovar instalaciones deportivas y gestionar 8.000 becas de capacitación financiera para jóvenes.

Este dato corresponde a la experiencia reportada por UNICEF y no implica que Rodríguez haya financiado personalmente las becas, sino que su liderazgo habría contribuido al proceso de gestión de esas oportunidades.

La distinción es importante para no convertir una historia de participación en una afirmación sobredimensionada.

De República Dominicana a espacios internacionales

Las experiencias juveniles dominicanas también han llegado a escenarios internacionales.

UNICEF ha documentado, por ejemplo, la participación de adolescentes dominicanas vinculadas a Altavoz en la XVI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, realizada en 2025, como parte de un proceso regional para introducir sus propuestas en las discusiones sobre políticas de cuidados e igualdad de género.

El comunicado por el Día Internacional de la Juventud también señala participación de jóvenes dominicanos en espacios como la COP16 del Convenio sobre la Diversidad Biológica, la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer y el Comité de los Derechos del Niño en Ginebra. Esa relación procede de UNICEF y debe mantenerse con esa atribución.

El desafío, sin embargo, vuelve a ser el mismo: estar representado en un foro no garantiza por sí solo que una propuesta modifique una decisión.

Las oportunidades no son iguales para todos

La discusión sobre participación juvenil adquiere otra dimensión cuando se observan las condiciones sociales en las que viven adolescentes y jóvenes dominicanos.

Los resultados de la ENHOGAR-MICS 2025, elaborada por la Oficina Nacional de Estadística (ONE) con apoyo de UNICEF, muestran importantes diferencias asociadas con territorio, educación y condiciones socioeconómicas. La encuesta tuvo una muestra efectiva de 29.676 viviendas y una tasa de respuesta del 98,6 %.

Uno de los resultados se refiere a la maternidad temprana.

El informe establece que 15,9 % de las mujeres dominicanas de entre 20 y 24 años había tenido un hijo nacido vivo antes de cumplir los 18 años. La proporción cambia considerablemente por territorio: fue de 13,6 % en la región Ozama o Metropolitana y llegó a 20 % en El Valle.

La estadística debe interpretarse exactamente como fue medida: se refiere a mujeres de 20 a 24 años que tuvieron un hijo nacido vivo antes de los 18, no al porcentaje total de adolescentes actualmente embarazadas.

Más de una de cada cuatro estuvo casada o unida antes de los 18

Otra cifra resulta particularmente significativa.

La ENHOGAR-MICS 2025 encontró que 27,6 % de las mujeres de entre 20 y 24 años se había casado o iniciado una unión antes de cumplir los 18 años.

Las diferencias territoriales vuelven a ser considerables.

Entre las mujeres de ese grupo de edad, la proporción llegó a 38,6 % en Cibao Noroeste, frente al 23 % registrado en Ozama o Metropolitana.

Hay además una precisión jurídica necesaria.

Desde 2021, República Dominicana prohíbe mediante la Ley 1-21 el matrimonio de personas menores de 18 años sin excepciones. Sin embargo, el indicador de ENHOGAR-MICS mide conjuntamente matrimonio y uniones tempranas, por lo que la prohibición legal del matrimonio infantil no significa que hayan desaparecido las convivencias informales antes de la mayoría de edad. El propio informe de la ONE hace esta diferenciación.

¿Qué tienen que ver estas cifras con la participación política?

Mucho.

Una adolescente que abandona la escuela, entra tempranamente en una unión, se convierte en madre o vive en condiciones de pobreza puede enfrentar obstáculos muy diferentes a los de otro joven con acceso estable a educación, transporte, tecnología y recursos económicos.

Por eso, abrir una consulta por internet o convocar una reunión no garantiza automáticamente una participación representativa.

Una política de participación juvenil debe preguntarse quiénes pueden llegar a esos espacios y quiénes continúan quedándose fuera.

UNICEF sostiene que los mecanismos deben ser accesibles e inclusivos precisamente para impedir que las decisiones terminen reflejando únicamente las opiniones de quienes tienen mayores posibilidades de participar.

El riesgo de la participación decorativa

Este es probablemente el punto central del llamado.

Una institución puede organizar una mesa juvenil, tomar fotografías, publicar declaraciones y afirmar que realizó una consulta.

Pero la prueba de una participación efectiva aparece después:

¿Cambió alguna propuesta? ¿Se modificó un presupuesto? ¿Entró una recomendación al programa? ¿Los participantes recibieron una explicación sobre lo aceptado y lo rechazado?

Son estas preguntas las que diferencian un mecanismo de incidencia de una actividad puramente protocolar.

Carmen Padua, vinculada a Altavoz, resumió la aspiración juvenil con una frase: “queremos decidir con ustedes”.

El desafío es pasar del micrófono a los resultados

UNICEF propone que instituciones públicas, gobiernos locales, universidades, organizaciones sociales y empresas desarrollen mecanismos permanentes de colaboración con adolescentes y jóvenes.

Esto implica incorporarlos desde las primeras etapas y no únicamente cuando un proyecto ya está diseñado.

La experiencia de U-Report en seguridad vial ofrece un ejemplo de cómo una consulta puede conectarse con un proceso concreto de política pública, aunque el impacto definitivo de esas aportaciones debe evaluarse posteriormente con resultados medibles.

Mientras tanto, las cifras de maternidad y uniones tempranas recuerdan que hablar de “la juventud” como si todos los jóvenes vivieran bajo las mismas condiciones puede ocultar profundas desigualdades.

El verdadero desafío, por tanto, no es solamente conseguir que adolescentes y jóvenes hablen.

Es crear las condiciones para que quienes normalmente tienen menos oportunidades también puedan hacerlo y para que, cuando hablen, exista una vía verificable entre su propuesta y la decisión final.

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