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Imagen ilustrativa/ Mladen Mitrinovic / Legion-Media

SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- Los accidentes de tránsito no solo dejan fracturas, heridas o discapacidades. También pueden provocar secuelas emocionales y psicológicas que acompañan a las víctimas durante meses o incluso años.

En República Dominicana, acceder a atención especializada en salud mental después de un siniestro vial puede representar un gasto de hasta RD$84,000, una cifra difícil de asumir para muchas familias.

Así lo advirtió la psicóloga clínica Nadieska Núñez de Nova, quien señaló la necesidad de fortalecer el acceso a terapias psicológicas para sobrevivientes de accidentes y familiares afectados.

De acuerdo con la especialista, una sesión privada de terapia especializada puede costar en promedio hasta RD$7,000. Un proceso básico de recuperación emocional suele requerir al menos 12 consultas, equivalentes a unos tres meses de tratamiento.

“Las secuelas no son solamente físicas. Muchas veces el impacto emocional permanece, aunque las heridas visibles hayan sanado”, afirmó Núñez durante una entrevista con elDinero.

Ansiedad, depresión y estrés postraumático

Núñez de Nova explicó que algunas víctimas desarrollan ansiedad, depresión, miedo constante o trastorno por estrés postraumático, especialmente cuando el accidente implicó riesgo de muerte, pérdida de un ser querido o una discapacidad permanente.

Estas afectaciones pueden alterar el sueño, limitar la movilidad cotidiana, generar temor a conducir o viajar en vehículos y dificultar el regreso al trabajo, los estudios o la vida social.

La magnitud del problema se refleja también en las estadísticas viales. Entre 2016 y junio de 2026, República Dominicana registró 30,878 fallecidos por siniestros de tránsito. De esa cantidad, 3,647 correspondían a niños y adolescentes de hasta 19 años, equivalentes al 11.8 % del total de víctimas mortales.

A esas muertes se suman miles de lesionados que enfrentan procesos prolongados de recuperación, gastos médicos, rehabilitación física y, en algunos casos, discapacidades permanentes.

Una tragedia con cicatrices

La historia de Reynaldo Germosén ilustra el impacto que pueden tener estos eventos más allá de las heridas físicas.

Cuando tenía 16 años participó en una excursión escolar organizada por el colegio Juan Pablo Duarte, de Los Alcarrizos, con destino a Jarabacoa. Lo que comenzó como una actividad recreativa terminó en tragedia.

Durante el regreso a Santo Domingo, el autobús en el que viajaban más de 40 estudiantes y profesores se precipitó por una pendiente en la zona conocida como El Codo, también llamada “la curva de la muerte”. El accidente dejó más de 20 fallecidos, entre ellos su entonces novia.

Germosén sobrevivió con graves lesiones en la cabeza, el rostro y distintas partes del cuerpo. Permaneció entre 15 y 20 días inconsciente y, al despertar en el hospital Darío Contreras, no reconocía a sus familiares.

Sin embargo, asegura que las secuelas más difíciles de superar fueron las emocionales. Durante años enfrentó ansiedad, aislamiento y problemas de autoestima por las cicatrices permanentes que le dejó el accidente.

“Muchos pensaban que yo era un delincuente, que me habían macheteado o que venía de una pelea”, recordó. Las burlas y el acoso que sufrió al intentar regresar al colegio terminaron alejándolo de los estudios.

Hoy, siendo adulto, reconoce que logró reconstruir su vida, pero admite que todavía convive con consecuencias psicológicas de aquella tragedia.

Un impacto económico y familiar

La psicóloga explicó que la recuperación integral de una víctima de accidente suele requerir un abordaje multidisciplinario. En muchos casos intervienen médicos, ortopedas, terapeutas físicos, psicólogos e incluso psiquiatras.

“Cuando una persona no cuenta con los recursos necesarios para acceder a ese acompañamiento integral, puede enfrentar mayores dificultades para superar la crisis y retomar su vida cotidiana”, indicó Núñez.

Las consecuencias tampoco recaen únicamente sobre la persona lesionada. Las familias suelen enfrentar cargas económicas y emocionales importantes, sobre todo cuando la víctima era el principal sustento del hogar o cuando un familiar debe dejar su empleo para convertirse en cuidador.

En casos de amputaciones, cicatrices visibles o discapacidades permanentes, el proceso de adaptación suele ser más complejo por los cambios físicos, sociales y laborales que enfrenta el sobreviviente.

Una deuda pendiente en salud mental

Núñez de Nova consideró que República Dominicana mantiene una deuda pendiente en materia de salud mental vinculada a la seguridad vial.

Por ello, llamó a ampliar la cobertura de terapias psicológicas dentro del sistema de salud y a garantizar que las víctimas de accidentes tengan acceso a tratamientos especializados prolongados, sin que el factor económico se convierta en una barrera.

“La recuperación de una persona no debe limitarse a sanar las heridas físicas; también es necesario atender las secuelas emocionales que pueden permanecer durante muchos años después del accidente”, dijo la especialista.

También destacó la importancia del apoyo constante de familiares y amigos, especialmente durante los primeros meses posteriores al siniestro.

Evidencia científica

Los siniestros viales pueden dejar secuelas psicológicas como estrés postraumático, ansiedad, depresión, trastornos del sueño y miedo a conducir.

Un metaanálisis publicado en BMC Psychiatry concluyó que casi una sexta parte de los sobrevivientes de accidentes de tránsito desarrolla trastorno de estrés agudo, lo que refuerza la necesidad de evaluaciones psicológicas tempranas.

Otra investigación publicada en The European Journal of Public Health identificó consecuencias psicológicas en sobrevivientes de siniestros viales y resaltó la importancia de detectar factores asociados a malos resultados de salud mental.

Estas evidencias muestran que la atención posterior a un accidente no debe limitarse a la recuperación física. La salud mental también forma parte del proceso de rehabilitación y puede determinar la calidad de vida de la víctima a largo plazo.

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