El doctor Pedro Alonso Aguirre, en el Hospital Universitario de A Coruña
GALICIA, ESPAÑA/ DIARIO DE SALUD.- El cáncer de colon representa uno de los principales desafíos de salud pública en Europa y en gran parte del mundo occidental. Aunque los programas de cribado han permitido detectar miles de lesiones precancerosas antes de que evolucionen a tumores malignos, la participación ciudadana continúa siendo uno de los grandes retos.
Para el doctor Pedro Alonso Aguirre, jefe del Servicio de Aparato Digestivo del Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña (CHUAC) y presidente de la Sociedad Gallega de Patología Digestiva, el mensaje sigue siendo claro: la prevención continúa siendo la herramienta más poderosa para reducir la mortalidad asociada a esta enfermedad.
“El cáncer de colon tiene una particularidad: cuando comienza a producir síntomas, en una gran parte de los casos ya se encuentra en una fase avanzada”, advierte el especialista.
Su preocupación se centra especialmente en la necesidad de aumentar la participación en los programas de detección precoz, una estrategia que ha demostrado ser capaz no solo de detectar cáncer en fases iniciales, sino incluso de evitar que aparezca.
La evolución de la endoscopia: de diagnosticar a tratar
La colonoscopia es actualmente una de las herramientas más importantes para la prevención del cáncer colorrectal. Sin embargo, la endoscopia digestiva ha experimentado una transformación profunda en las últimas décadas.
“Seguimos realizando muchas endoscopias diagnósticas, pero cada vez hacemos más procedimientos terapéuticos”, explica Aguirre.
El especialista señala que técnicas que antes servían únicamente para identificar lesiones ahora permiten tratarlas directamente durante el mismo procedimiento.
Desde la extirpación de pólipos hasta intervenciones complejas en la vía biliar o mediante ecografía endoscópica, muchos pacientes evitan hoy cirugías que anteriormente eran inevitables.
No obstante, el médico aclara que estos avances también implican mayores exigencias técnicas y riesgos específicos.
“Cuanto más compleja es la intervención endoscópica, mayores son los beneficios porque evitamos una cirugía, pero también aumentan los riesgos y posibles complicaciones”, señala.
El desafío pendiente del cribado
Uno de los aspectos que más preocupa al gastroenterólogo es la participación en los programas de detección precoz.
En Galicia, la participación acumulada en el programa de cribado de cáncer colorrectal entre 2013 y 2024 alcanzó el 49,2 %, aunque en el último año analizado llegó al 56,5 %.
A pesar de la mejora, Aguirre considera que los resultados aún están lejos de ser satisfactorios.
“La participación está mejorando, pero todavía hay que hacerlo mucho mejor”, afirma.
El especialista compara estos datos con los obtenidos en los programas de cribado de cáncer de mama, donde las tasas de participación son considerablemente más elevadas.
“Hay comunidades que registran cifras superiores a las nuestras. No debemos conformarnos porque cuanto mayor sea la participación, mayor será el impacto en la reducción de la mortalidad”, sostiene.
El valor de detectar y eliminar pólipos
A diferencia de otros programas de detección precoz, el cribado del cáncer de colon tiene una ventaja singular: permite prevenir directamente la aparición del tumor.
Durante una colonoscopia pueden identificarse pólipos y adenomas, lesiones consideradas precursoras de gran parte de los cánceres colorrectales.
“Lo que encontramos con más frecuencia son pólipos que, si no se eliminan, pueden transformarse en cáncer”, explica Aguirre.
La extirpación de estas lesiones durante la propia exploración impide que evolucionen hacia formas malignas.
“Cuando retiramos esos pólipos ya no podrán dar lugar a un cáncer de colon. Ahí estamos haciendo verdadera prevención”, subraya.
Además, cuando el cribado detecta un cáncer ya existente, suele encontrarse en fases más tempranas que aquellos diagnosticados tras la aparición de síntomas como dolor abdominal, pérdida de peso o anemia.
El aumento de casos en menores de 50 años
En los últimos años, diversos estudios internacionales han alertado sobre el incremento de casos de cáncer colorrectal en adultos jóvenes.
Aunque Aguirre reconoce esta tendencia, insiste en que sigue siendo una enfermedad mucho más frecuente en edades avanzadas.
“Existe un aumento en menores de 50 años, pero no podemos hablar de un cáncer propio de gente joven”, precisa.
El especialista recuerda que la mayoría de los diagnósticos continúan concentrándose por encima de los 50 años, motivo por el cual los programas de cribado en España se dirigen principalmente a la población entre 50 y 70 años.
Aun así, el fenómeno ha generado un intenso debate científico sobre la conveniencia de modificar los límites de edad para las pruebas preventivas.
Hábitos de vida y prevención
Aunque no todos los casos pueden prevenirse, la evidencia científica señala que determinados hábitos saludables reducen significativamente el riesgo de desarrollar cáncer colorrectal.
Aguirre destaca la importancia de una alimentación rica en fibra, frutas, verduras y lácteos, junto con la reducción del consumo de carne roja y procesada.
También insiste en evitar el tabaquismo, controlar el peso corporal y mantener actividad física regular.
“Una alimentación saludable y el ejercicio físico no solo ayudan a prevenir el cáncer de colon, sino también muchas otras enfermedades”, señala.
¿Es posible un cribado para otros cánceres digestivos?
La experiencia acumulada con el cáncer colorrectal ha abierto el debate sobre programas similares para otros tumores digestivos, especialmente el cáncer de páncreas y el cáncer gástrico.
Sin embargo, Aguirre considera que actualmente estas estrategias deben limitarse a grupos con alto riesgo.
“El cáncer de páncreas es especialmente preocupante por su baja supervivencia, pero su frecuencia sigue siendo mucho menor que la del cáncer de colon”, explica.
Por ello, las estrategias de vigilancia se reservan actualmente para personas con antecedentes familiares, síndromes hereditarios o alteraciones genéticas que incrementan significativamente el riesgo.
Mientras tanto, los especialistas continúan insistiendo en el mismo mensaje: participar en los programas de cribado y adoptar hábitos saludables sigue siendo la mejor herramienta disponible para reducir el impacto del cáncer de colon.
“Si queremos disminuir la mortalidad, debemos seguir avanzando en prevención y aumentar la participación de la población”, concluye Aguirre.
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