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SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- Durante décadas, la creatina ha estado vinculada principalmente con los gimnasios, los deportistas y las personas que buscan aumentar su fuerza o mejorar su rendimiento muscular.

Pero este suplemento, uno de los más estudiados en el ámbito deportivo, comienza a atraer la atención de otro campo de la medicina: la psiquiatría.

Una nueva revisión sistemática examinó si la creatina podría servir como complemento de los tratamientos para la depresión al mejorar la disponibilidad de energía en el cerebro.

Los resultados ofrecen una señal científica interesante, aunque todavía contradictoria.

Dos ensayos clínicos encontraron que las personas que recibieron creatina junto con un antidepresivo o con psicoterapia experimentaron una mayor mejoría de los síntomas. Sin embargo, otros tres estudios no observaron diferencias significativas frente a un placebo.

La conclusión de los investigadores es prudente: la creatina podría tener potencial, pero la evidencia actual no permite considerarla un tratamiento probado ni sustituir con ella los medicamentos, la psicoterapia u otras intervenciones recomendadas.

Cinco ensayos y una respuesta sin resolver

La investigación fue dirigida por Bassam Jeryous Fares, de la Faultad de Medicina de la Universidad de Ottawa, junto con Carl Zhou, Nicholas Fabiano y Stanley Wong.

En lugar de realizar un experimento nuevo, el equipo revisó las investigaciones clínicas disponibles sobre creatina y trastornos depresivos.

Los autores identificaron seis publicaciones correspondientes a cinco ensayos controlados aleatorizados. En este tipo de estudios, los participantes son asignados al azar para recibir el tratamiento investigado o una sustancia de comparación, generalmente un placebo.

Los ensayos se llevaron a cabo en Corea del Sur, Estados Unidos, Brasil, Israel e India.

En conjunto, incluyeron a 238 participantes al inicio de las investigaciones. De ellos, 126 recibieron creatina y 112 fueron asignados a los grupos de placebo.

La edad promedio fue de aproximadamente 36 años. Solo alrededor de una cuarta parte de los participantes eran hombres, por lo que las mujeres estuvieron ampliamente sobrerrepresentadas.

Cuatro ensayos estudiaron a personas con trastorno depresivo mayor. El quinto se concentró en pacientes con trastorno bipolar que atravesaban un episodio depresivo.

Las dosis de creatina variaron entre dos y diez gramos diarios y los tratamientos duraron entre cuatro y ocho semanas.

Debido a las diferencias entre los estudios —en las dosis, las edades, los diagnósticos y las terapias utilizadas—, los investigadores decidieron no combinar todos los resultados en un único metaanálisis.

Los dos estudios que encontraron beneficios

Dos ensayos, ambos relacionados con mujeres que padecían trastorno depresivo mayor, mostraron resultados favorables.

En uno de ellos, las participantes recibieron cinco gramos de creatina al día junto con escitalopram, un antidepresivo perteneciente al grupo de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina.

Después de ocho semanas, las mujeres que tomaron creatina presentaron una reducción mayor de los síntomas depresivos que aquellas que recibieron el antidepresivo junto con un placebo.

La diferencia se reflejó en la Escala de Depresión de Hamilton, una herramienta utilizada por profesionales de la salud para evaluar la intensidad de los síntomas.

El estudio reportó un tamaño del efecto elevado, identificado mediante una medida estadística conocida como d de Cohen, cuyo valor fue de 1,13.

También se observó que una mayor proporción de participantes del grupo de creatina alcanzó la remisión.

En otro ensayo, la creatina fue utilizada junto con terapia cognitivo-conductual.

Las personas que combinaron la psicoterapia con el suplemento mostraron una reducción mayor de los síntomas en una de las escalas utilizadas, en comparación con quienes recibieron terapia y placebo.

Estos resultados despertaron interés porque sugieren que la creatina podría funcionar como un tratamiento complementario, es decir, como una intervención añadida a una terapia convencional y no como un reemplazo.

Tres estudios no encontraron mejorías

Los otros tres ensayos ofrecieron una imagen muy diferente.

Uno de ellos evaluó dosis de cinco y diez gramos diarios en personas cuya depresión no había respondido adecuadamente a tratamientos farmacológicos anteriores.

Los investigadores no encontraron una mejoría significativa frente al placebo.

Otro estudio se llevó a cabo con adolescentes y probó distintas dosis de creatina. Tampoco encontró una reducción clara de los síntomas depresivos.

El tercer ensayo incluyó a personas con depresión bipolar y no detectó una ventaja estadísticamente significativa del suplemento.

Esta división en los resultados impide afirmar que la creatina funciona de manera consistente.

También plantea la posibilidad de que sus efectos dependan de factores como el sexo, la edad, el tipo de depresión, el tratamiento que la acompaña, la dosis utilizada o determinadas características metabólicas de cada persona.

“La señal es interesante, pero no es un veredicto”, afirmó Bassam Jeryous Fares, primer autor de la revisión.

Según el investigador, dos ensayos apuntaron hacia un beneficio y tres lo hicieron en la dirección contraria. Esa evidencia, sostuvo, no justifica todavía un cambio en la práctica clínica, aunque sí respalda la necesidad de continuar investigando.

La advertencia para las personas con trastorno bipolar

Uno de los hallazgos más delicados de la revisión se produjo en el ensayo sobre depresión bipolar.

Dos de las 17 personas con trastorno bipolar que recibieron creatina desarrollaron hipomanía o manía.

La hipomanía puede provocar un aumento anormal de la energía, una disminución de la necesidad de dormir, impulsividad, irritabilidad y aceleración del pensamiento. En la manía, esos síntomas son más intensos y pueden alterar gravemente la conducta y el funcionamiento cotidiano.

Este resultado no demuestra que la creatina cause manía de manera generalizada, debido al reducido número de participantes.

Sin embargo, representa una señal de seguridad que no debe ignorarse y refuerza la recomendación de que las personas con trastorno bipolar no utilicen creatina con fines psiquiátricos sin consultar a un especialista.

La posibilidad de un cambio hacia manía también se ha observado con algunos tratamientos antidepresivos, especialmente en pacientes vulnerables.

Por eso, cualquier intervención que pueda modificar el estado de ánimo debe evaluarse de forma diferente según el diagnóstico de cada persona.

Por qué la creatina podría influir en el cerebro

La hipótesis sobre sus posibles efectos antidepresivos parte del elevado consumo energético del cerebro.

La creatina contribuye a regenerar rápidamente el trifosfato de adenosina, conocido como ATP, una molécula que funciona como una fuente inmediata de energía para las células.

En los músculos, este mecanismo ayuda a sostener esfuerzos breves y de alta intensidad. En el cerebro, el sistema de creatina y fosfocreatina también participa en el mantenimiento de la energía necesaria para las neuronas y otras células.

Algunas investigaciones han encontrado alteraciones en el metabolismo energético cerebral de personas con trastornos del estado de ánimo.

Esto ha llevado a los científicos a plantear que mejorar la disponibilidad de energía celular podría contribuir a aliviar determinados síntomas de depresión.

La creatina también ha sido relacionada, en estudios experimentales, con sistemas cerebrales en los que intervienen la serotonina y la dopamina.

Estos neurotransmisores participan en procesos como la motivación, el placer, la atención y la regulación emocional. Además, constituyen objetivos de varios medicamentos empleados en psiquiatría.

No obstante, estas explicaciones continúan siendo hipótesis.

Las alteraciones energéticas observadas en el cerebro podrían ser una causa de la depresión, una consecuencia de la enfermedad o una combinación de ambos procesos.

La depresión tampoco responde a un único mecanismo biológico. Factores genéticos, psicológicos, sociales, hormonales, inmunológicos y ambientales pueden intervenir en su aparición.

¿Es realmente segura?

Nicholas Fabiano, autor principal y médico residente de psiquiatría en la Universidad de Ottawa, señaló que la creatina fue generalmente bien tolerada en los ensayos.

Los efectos adversos más habituales fueron molestias gastrointestinales leves.

Sin embargo, describir el suplemento como completamente seguro sería una simplificación, especialmente ante los episodios de hipomanía y manía observados en participantes con trastorno bipolar.

La seguridad también puede depender de la dosis, la duración del consumo, las enfermedades preexistentes, la función renal y los medicamentos que utilice cada persona.

Además, los suplementos alimenticios pueden variar en calidad, pureza y concentración según el fabricante.

Por ello, la existencia de creatina en tiendas deportivas o plataformas comerciales no significa que deba utilizarse como automedicación contra la depresión.

Una persona que atraviesa síntomas depresivos, pensamientos suicidas o cambios intensos de ánimo necesita una evaluación profesional y no debería suspender ni modificar su tratamiento para sustituirlo por un suplemento.

Estudios pequeños y de corta duración

La revisión encontró varias limitaciones importantes.

Los ensayos fueron relativamente pequeños y duraron un máximo de ocho semanas, un período insuficiente para conocer los posibles beneficios y riesgos a largo plazo.

La mayoría de los participantes eran mujeres y dos de los estudios incluyeron exclusivamente a mujeres.

Esto dificulta saber si los resultados pueden aplicarse de la misma manera a los hombres.

Dos ensayos fueron considerados de bajo riesgo de sesgo. Los otros tres generaron ciertas dudas, principalmente por aspectos relacionados con la asignación de los participantes y la falta de algunos datos.

También existieron diferencias importantes en las dosis y en los tratamientos utilizados junto con la creatina.

En algunos casos, el suplemento se combinó con antidepresivos; en otros, con psicoterapia. También participaron personas con depresión resistente, adolescentes y pacientes con trastorno bipolar.

Estas poblaciones no pueden considerarse equivalentes.

¿Por qué podría funcionar mejor en mujeres?

Los dos ensayos con resultados positivos se concentraron en mujeres con trastorno depresivo mayor.

Los investigadores señalan que este patrón podría tener una explicación biológica, aunque todavía no está clara.

Experimentos en animales han encontrado que la creatina puede producir efectos diferentes en machos y hembras sobre conductas relacionadas con la depresión.

También se ha sugerido que las mujeres podrían presentar diferencias en las concentraciones cerebrales de creatina, en el metabolismo energético o en la respuesta hormonal.

Pero la revisión no permite concluir que la creatina funcione solo o principalmente en mujeres.

El reducido número de estudios y la limitada participación masculina podrían haber producido una imagen distorsionada.

Para resolver esta cuestión, serán necesarios ensayos que incluyan grupos más amplios y equilibrados.

La próxima etapa de la investigación

Los autores recomiendan realizar ensayos clínicos de mayor duración y con cientos o miles de participantes.

También proponen estudiar si la creatina funciona mejor cuando se combina con ejercicio físico, debido a que ambas intervenciones pueden influir en la energía celular y en el estado de ánimo.

Otra pregunta pendiente es la dosis.

Los estudios utilizaron entre dos y diez gramos diarios, pero no existe evidencia suficiente para determinar cuál sería la cantidad más eficaz para tratar síntomas depresivos.

Una dosis mayor tampoco garantiza mejores resultados y podría aumentar los efectos adversos.

Las futuras investigaciones deberán estudiar además qué perfiles de pacientes podrían responder mejor, cómo se modifica la creatina dentro del cerebro y si existen marcadores biológicos capaces de anticipar quién obtendría beneficios.

Una posibilidad, no un tratamiento aprobado

La revisión amplía el debate sobre la relación entre metabolismo, energía cerebral y salud mental.

También muestra cómo una sustancia conocida por sus efectos musculares puede tener funciones más amplias dentro del organismo.

Pero la conclusión principal está lejos de ser que la creatina “cura” la depresión.

Los resultados positivos proceden de dos estudios pequeños. Otros tres no encontraron beneficios, y existe una señal de posible riesgo en personas con trastorno bipolar.

Por ahora, la creatina debe considerarse una línea de investigación prometedora, no un tratamiento psiquiátrico comprobado.

El desafío científico consiste en determinar si la señal observada en algunos pacientes puede confirmarse en estudios más grandes o si terminará desapareciendo cuando la evidencia sea más sólida.

Hasta entonces, el suplemento que durante años ha ocupado los estantes de los gimnasios seguirá generando una pregunta que la ciencia todavía no puede responder: ¿puede la energía que proporciona a los músculos ayudar también a un cerebro afectado por la depresión?

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