SANTIAGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- La pediatra y especialista en nutrición clínica y pediátrica Yahaira Cruz advirtió que la obesidad infantil no debe determinarse simplemente observando si un niño parece tener exceso de peso, sino mediante una evaluación clínica y antropométrica acorde con su edad y desarrollo.
Durante una entrevista en el programa Buenos Días RD, la especialista explicó que los pediatras utilizan parámetros de peso, talla y crecimiento para determinar si existe sobrepeso u obesidad y decidir cuándo intervenir.
Este planteamiento coincide con las guías de la Academia Americana de Pediatría (AAP), que para niños y adolescentes de 2 a 18 años recomienda medir peso y talla, calcular el índice de masa corporal (IMC) y evaluar su percentil según edad y sexo; la Organización Mundial de la Salud (OMS) también utiliza referencias específicas según la edad para clasificar el exceso de peso infantil.
Cruz describió la obesidad como una enfermedad multifactorial, en la que pueden intervenir predisposición genética y factores ambientales, y mencionó entre estos últimos el sedentarismo, el exceso de tiempo frente a pantallas, un descanso insuficiente, la escasa actividad física y la exposición a productos ultraprocesados y bebidas azucaradas.
La caracterización general está respaldada por la OMS, que considera la obesidad una enfermedad crónica y compleja resultante de interacciones entre genética, neurobiología, conductas alimentarias, disponibilidad de alimentos saludables, fuerzas del mercado y entorno.
La magnitud internacional es considerable: en 2022 más de 390 millones de niños y adolescentes de 5 a 19 años tenían sobrepeso y 160 millones vivían con obesidad, según las estimaciones más recientes publicadas por la organización.
La especialista también puso el foco en el sueño y las pantallas. Explicó que dormir de manera insuficiente puede alterar mecanismos relacionados con el apetito y, además, dejar al niño cansado y menos dispuesto a realizar actividad física.
Aunque en la entrevista la explicación hormonal se simplifica y menciona la grelina en el contexto de la saciedad —esta hormona está relacionada principalmente con la estimulación del hambre, por lo que conviene precisar esa formulación—, la asociación general entre menor duración del sueño y obesidad infantil sí ha sido estudiada.
Una revisión sistemática dirigida por Dorottya Felső y colaboradores examinó la relación entre duración del sueño, obesidad y posibles mecanismos fisiológicos, mientras que un metaanálisis de estudios prospectivos de Lian Li y colaboradores también evaluó la asociación entre duración del sueño y obesidad infantil. Estos estudios respaldan una asociación, pero no justifican afirmar que dormir poco, de manera aislada, cause obesidad en todos los niños.
Cruz alertó además de que el exceso de peso durante la infancia puede acompañarse de problemas metabólicos, osteoarticulares y del sueño, así como de consecuencias psicológicas y sociales derivadas del estigma y el acoso. Mencionó específicamente diabetes, alteraciones de los lípidos y apnea del sueño, y advirtió contra comentarios familiares centrados en llamar al niño “gordo” o compararlo con otros menores.
La evidencia internacional respalda el núcleo de esta advertencia: la OMS señala que la obesidad durante la infancia y adolescencia se relaciona con mayor riesgo y aparición más temprana de enfermedades no transmisibles, incluida la diabetes tipo 2, y reconoce consecuencias psicosociales como estigmatización, discriminación, acoso y deterioro de la calidad de vida.
La AAP, por su parte, recomienda evaluar posibles comorbilidades y tratar la obesidad pediátrica mediante un enfoque familiar y no estigmatizante.
La pediatra sostuvo finalmente que el abordaje no debe recaer exclusivamente sobre el menor. En los casos que lo requieren, explicó, intervienen equipos multidisciplinarios y profesionales de salud mental, mientras que en el hogar el objetivo debería ser modificar conjuntamente los hábitos de alimentación y estilo de vida, en lugar de atacar la imagen corporal.
“No es juzgar, es acompañar”, resumió Cruz al dirigirse a los padres, a quienes pidió asumir también los cambios que esperan de sus hijos: no resulta coherente, señaló, exigir al niño que evite refrescos y ultraprocesados mientras los adultos continúan consumiéndolos frente a él.
Esa orientación es consistente con la recomendación de la AAP de abordar el sobrepeso y la obesidad mediante atención longitudinal, coordinada, centrada en la familia y libre de estigmatización.
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