Estados Unidos puso un marco temporal a una medida largamente anticipada: la reducción de su presencia militar en Europa como parte de su reposicionamiento en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Durante la reunión de ministros de Defensa de la OTAN en Bruselas, en preparación para la cumbre de líderes que se celebrará el 7 y 8 de julio próximo en Ankara, el secretario de Guerra de EE. UU., Pete Hegseth, informó este jueves 18 de junio que su oficina iniciará una «revisión» por seis meses «que examinará la postura de fuerza y las bases de EE. UU. en Europa».
Esto forma parte de lo que el alto funcionario de la Administración de Donald Trump calificó como la construcción de una «OTAN 3.0», una «alianza equilibrada en la que Europa asuma el liderazgo de su propia defensa».
En el proceso de revisión, que «implicará consultas con el Congreso de Estados Unidos y con nuestros aliados», Hegseth anticipó que Washington someterá a una suerte de examen a los integrantes de la alianza, y «vigilará de cerca» a aquellos aliados que, a su parecer, no cumplan con sus aportes para la defensa conjunta, o «que digan ‘no’, ‘quizás’ o ‘esperemos a ver qué pasa'».
«Es una revisión en la que algunos países suspenderán y otros aprobarán con nota», amenazó.
Y es que, aunque Estados Unidos ha planteado su objetivo de reducir su participación en la OTAN desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca a inicios de 2025, estos avances se producen en medio de las tensiones entre Washington y sus aliados europeos por la negativa de algunos países a permitir el uso de las bases estadounidenses en sus territorios para lanzar ataques contra Irán.
Con esa «vergonzosa» decisión, en la opinión de Hegseth, «estos aliados pusieron en riesgo a los hijos e hijas de Estados Unidos ,a nuestros hijos e hijas, al negarles el acceso, el establecimiento de bases y los sobrevuelos previsibles que nunca debieron estar en entredicho».
Por eso, esta reestructuración, indicó el secretario de Guerra, garantizará que sus fuerzas estén «preparadas para las necesidades globales de Estados Unidos» y «que nuestro acceso a las bases y al sobrevuelo esté claramente delimitado y asegurado».
Un potencial examen, con premiados y castigados
Estas declaraciones de Hegseth ocurren un par de semanas después de que Estados Unidos comunicara a sus aliados que dejaría de suministrar un portaaviones, buques de apoyo, aviones de reabastecimiento en vuelo y decenas de aeronaves de combate, entre otros activos militares, para la fuerza de respuesta rápida a un eventual ataque contra uno de los miembros de la OTAN.
Aunque la Administración Trump insiste en que estos movimientos se dan por la necesidad de reorganizar el despliegue de sus fuerzas para poder responder a potenciales amenazas, como un conflicto con China en el Indo-Pacífico, los reproches a lo que considera la falta de apoyo de algunos aliados y las diferencias ideológicas con algunos liderazgos europeos hacen temer que la maniobra se convierta en un potencial sistema de premios y castigos, como informaron algunos medios estadounidenses tiempo atrás.
En su discurso, Hegseth lamentó que Europa «en lugar de tanques, cazas y defensas aéreas» haya centrado su atención «en la equidad de género, el cambio climático y la austeridad en defensa».
«Las fronteras de Europa se abrieron de par en par, los estados de bienestar se expandieron y los presupuestos de defensa se desplomaron. Junto con la fe de Europa en sí misma y en su civilización», afirmó el secretario de Guerra, haciendo gala de una retórica típica de los movimientos de extrema derecha europeos, que simpatizan con Trump.
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Es, en gran medida además, una tergiversación de las políticas europeas actuales, que, sobre todo desde la invasión rusa en Ucrania en 2022, han multiplicado el gasto militar, han reactivado sus esfuerzos para expandir sus fuerzas armadas y han adoptado una línea más dura contra la inmigración, luego de haber recibido a un gran número de migrantes y solicitantes de asilo hace más de una década.
En este contexto, hay algunos países europeos con mayor afinidad hacia la Administración Trump que manifiestan abiertamente su interés en recibir a tropas europeas.
Uno de ellos es Polonia, cuyo gobierno aprobó el martes pasado una resolución para permitir la instalación de una base permanente de Estados Unidos en el país.
Habitualmente, hay unos 10.000 soldados estadounidenses en Polonia, la mayoría de forma rotatoria, por lo que Varsovia espera que miles de efectivos se estacionen de forma permanente, una posibilidad sobre la que Estados Unidos ha manifestado «interés», según señaló el viceministro de Defensa polaco, Cezary Tomczyk, a la agencia AP.
Del mismo modo, el gobierno de Lituania manifestó este jueves 18 de junio su intención de asegurar una presencia a largo plazo de unidades militares estadounidenses, según se desprende del acuerdo de coalición firmado para remodelar el Ejecutivo, que se espera sea liderado por el socialdemócrata Mindaugas Sinkevicius.
Por su parte, Kosovo está sufriendo los efectos de los recortes en su fuerza KFOR, desplegada en 1999 para mantener la paz con Serbia. Hace tiempo se ha alejado de los 50.000 efectivos que tuvo en su momento y, aunque las reducciones graduales han sido sistemáticas, la OTAN informó el miércoles que retirará a más de 1.000 efectivos, considerando que el territorio está lo suficientemente en calma como para «optimizar» el tamaño de la KFOR.
Rutte minimiza los efectos del recorte estadounidense
Frente al ajuste anunciado por la Administración Trump, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, que suele mostrar simpatía y a veces hasta excesiva adulación hacia el mandatario estadounidense, ha buscado minimizar el impacto de sus efectos.
Como en otras ocasiones, este jueves, Rutte ha señalado que «sabíamos que esto iba a pasar» porque Estados Unidos «tiene que ocuparse de múltiples teatros de operaciones» y «no pueden dispersar demasiado sus recursos».
Y aunque admitió que «si estalla una guerra» es posible que Estados Unidos no pueda «cumplir todo lo que prometieron en el marco del modelo de fuerzas de la OTAN», afirmó que «sí darán lo máximo de sí mismos»,
«Eso dependerá, por supuesto, del tipo de guerra de que se trate, de qué otras limitaciones haya y de qué otros retos surjan. Pero estoy bastante seguro de que lucharemos en esa guerra y la ganaremos», subrayó el ex primer ministro neerlandés.
En el marco de una «planificación» que contempla que la contribución de Estados Unidos «sigue siendo considerable, pero algo menor de lo que era en el pasado», Rutte sostuvo que los aliados europeos «ya están cubriendo esa diferencia».
«Parte de ello ya se ha hecho, otra parte está en curso. Estamos trabajando en ello y, por supuesto, aún nos queda trabajo por hacer en otras cuestiones, pero realmente estamos en una buena posición en este aspecto», resumió, sin dar mayores precisiones, por tratarse de información clasificada.
Asimismo, Rutte –que, en línea con Hegseth, habló de una «OTAN 3.0» con «una Europa más fuerte en una OTAN más fuerte»– señaló el jueves que los aliados europeos y Canadá gastaron el año pasado 90.000 millones de dólares más en defensa, un aumento del 20% con respecto a 2024.
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Como parte de las acciones para transmitir tranquilidad, el Grupo de Planificación Nuclear de la OTAN, el órgano de alto nivel para asuntos de disuasión nuclear, emitió su primer comunicado en 19 años, en el que ratificó que «las fuerzas nucleares estratégica de la Alianza sigue siendo la garantía suprema de la seguridad aliada».
Cabe destacar que Estados Unidos no tiene intenciones de retirar sus armas nucleares de Europa, ya que son un pilar fundamental de la arquitectura de la OTAN.
En el texto, además, los ministros de los países que forman el Grupo –todos los miembros de la Alianza, a excepción de Francia– acordaron «la modernización de sus capacidades nucleares, el fortalecimiento de su capacidad de planificación nuclear y la adaptación necesaria para alcanzar sus objetivos de seguridad».
Ucrania, otro asunto espinoso para la OTAN
Garantizar que Ucrania siga contando con el respaldo necesario para hacer frente a la invasión rusa sigue siendo un asunto primordial para los aliados europeos, que ven con recelo la volatilidad de Donald Trump frente al conflicto y en su vínculo con Rusia.
Por eso, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski fue invitado a Bruselas para participar este jueves de una reunión del grupo de contacto, una formación de unos 50 países que evaluará las necesidades militares de Kiev.
Según diversas fuentes de la OTAN, en la próxima cumbre de Ankara –en la que también estará Zelenski– podría anunciarse un compromiso de los aliados de entre 60.000 y 70.000 millones de euros anuales, que tienen en cuenta los 30.000 millones del préstamo que la Unión Europea concederá a Ucrania para gasto militar en 2026 y 2027.
Aunque Rutte aclaró que Estados Unidos no va a aportar dinero, afirmó que Washington sigue proporcionando «ayuda esencial» a Ucrania, como la defensa aérea que fabrica y vende a europeos y Canadá, para que estos sean quienes la donen a Kiev a través de la iniciativa PURL (siglas en inglés de Lista de Requerimientos Prioritarios de Ucrania).
En el marco de ese esquema, Suecia, Noruega y Canadá anunciaron este jueves un «quinto paquete» de apoyo por el valor de «unos 100 millones de dólares» para la adquisición de armas y munición fabricadas en Estados Unidos.
Con AP y EFE
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