LONDRES, INGLATERRA/ DIARIO DE SALUD.- La obesidad no solo representa un problema de salud pública en Reino Unido. También podría estar afectando de forma directa la participación laboral, la productividad y el gasto social, según una investigación de la Universidad de York presentada en el Congreso Internacional sobre Obesidad, celebrado en México.
El estudio analizó datos de 284,258 voluntarios del UK Biobank, una gran base de datos biomédica británica, y examinó la relación entre obesidad, índice de masa corporal, proporciones corporales y situación laboral. Los investigadores concluyeron que la obesidad se asocia con una reducción de 4.2 puntos porcentuales en la probabilidad de estar empleado, incluso después de ajustar por otros factores que también pueden influir en el empleo.
La cifra permite dimensionar el problema. En Reino Unido, los datos oficiales muestran que alrededor de 30 % de los adultos vive con obesidad y que 66 % tiene sobrepeso u obesidad, según la Encuesta de Salud de Inglaterra de 2024. Si el efecto estimado por los investigadores se aplica a millones de adultos con obesidad, el impacto potencial en el mercado laboral puede alcanzar a cientos de miles de personas.
Algunos reportes hablan de cerca de 450,000 personas si se calcula sobre la población laboral de Inglaterra y Gales; otras estimaciones, usando una base más amplia de adultos con obesidad, se acercan a 600,000.
El autor principal del estudio, Aharon Katz, de la Universidad de York, afirmó que combatir la obesidad no debe verse únicamente como una cuestión sanitaria, sino también como una oportunidad para mejorar la productividad económica. “Combatir la obesidad no es solo una cuestión de salud pública, sino también una oportunidad para impulsar la productividad económica”, señaló, según reportes sobre la investigación.
Katz advirtió que la obesidad afecta a personas en edad laboral y puede tener consecuencias profundas sobre sus carreras, su salud individual y los costos sociales. El investigador sostuvo que los hallazgos exigen un enfoque más específico para reducir los efectos negativos de la obesidad en el empleo y mitigar pérdidas económicas derivadas del aumento sostenido de las tasas de obesidad.
Los datos también muestran diferencias entre hombres y mujeres. Según el análisis, la obesidad redujo la probabilidad de empleo en 6.6 puntos porcentuales en hombres, frente a 2.1 puntos porcentuales en mujeres. Katz explicó que estas diferencias pueden deberse a factores como tipo de ocupación, limitaciones laborales relacionadas con la salud, discriminación por parte de empleadores o roles sociales que influyen de manera distinta en las decisiones laborales de hombres y mujeres. No obstante, aclaró que esos mecanismos siguen siendo especulativos y requieren más investigación.
El nivel educativo también parece modificar el impacto. Los investigadores observaron que las personas con obesidad y menor nivel educativo tenían más probabilidades de estar desempleadas, mientras que contar con un título universitario parecía tener un efecto protector. Esto sugiere que el impacto laboral de la obesidad no actúa de forma aislada, sino que se cruza con desigualdades sociales, tipo de empleo, acceso a servicios de salud, condiciones de trabajo y oportunidades educativas.
El problema se produce en un país donde la obesidad ha aumentado durante décadas. La Cámara de los Comunes del Reino Unido reportó en julio de 2026 que 30 % de los adultos en Inglaterra vive con obesidad y que otro 36 % tiene sobrepeso. La Oficina de Mejora de la Salud y Disparidades también ha señalado una tendencia ascendente desde 2015-2016 en la proporción de adultos por encima de un peso saludable.
El impacto económico no se limita al desempleo. Investigaciones y reportes previos han asociado la obesidad con más ausencias laborales por enfermedad, menor productividad y mayor presión sobre los servicios de salud. Un estudio independiente citado por medios británicos indicó que pacientes tratados con fármacos GLP-1 para pérdida de peso redujeron en 45 % sus días de ausencia por enfermedad después de nueve meses, mientras que las ausencias prolongadas de cinco días o más cayeron 56 %.
El Gobierno británico ya ha explorado esta relación entre salud metabólica y empleo. En 2024, el entonces secretario de Salud, Wes Streeting, anunció estudios para evaluar si medicamentos como Mounjaro, de Eli Lilly, podían ayudar a reducir la inactividad laboral asociada a enfermedad de larga duración. Reuters reportó que el ensayo en Gran Manchester incluiría hasta 3,000 participantes y evaluaría calidad de vida, pérdida de peso y situación laboral.
Sin embargo, los fármacos no son una solución única. Organizaciones como la Obesity Health Alliance han advertido que la respuesta no debe limitarse a medicamentos, sino abordar también el entorno alimentario, la prevención, la discriminación y el trato justo en los lugares de trabajo. Según esa alianza, es necesario enfrentar los factores que impulsan enfermedades relacionadas con la dieta y garantizar que los empleadores no penalicen injustamente a las personas por su peso.
La advertencia es relevante porque hablar de obesidad y empleo puede convertirse fácilmente en estigma. El estudio no afirma que todas las personas con obesidad sean incapaces de trabajar ni que el peso sea una responsabilidad individual aislada. Lo que plantea es que la obesidad, como enfermedad crónica y multifactorial, puede afectar movilidad, salud cardiovascular, diabetes, dolor articular, salud mental y otros factores que influyen en la capacidad de sostener un empleo.
La analista Charlotte Refsum, del Tony Blair Institute, afirmó que la obesidad genera una presión intolerable no solo sobre la salud de las personas, sino también sobre el sistema sanitario, el sistema de beneficios y la economía. A su juicio, la investigación refuerza la necesidad de tratar la obesidad como una prioridad sanitaria y económica.
El estudio aún debe interpretarse con cautela. Fue presentado en un congreso y, hasta donde muestran las fuentes consultadas, no se dispone todavía de un artículo completo revisado por pares con todos los métodos, variables y limitaciones. Además, el UK Biobank no representa perfectamente a toda la población británica, por lo que las cifras deben leerse como una estimación, no como una medición definitiva.
Aun así, el mensaje central es claro: la obesidad ya no puede analizarse solo desde la consulta médica. Sus efectos alcanzan el empleo, los ingresos, la productividad, los servicios públicos y la desigualdad social. La respuesta, según los investigadores, debe combinar prevención, tratamiento, inclusión laboral y políticas que reduzcan tanto la enfermedad como la discriminación.
Para Reino Unido, el desafío es doble. Por un lado, necesita reducir una carga sanitaria que afecta a dos de cada tres adultos con sobrepeso u obesidad. Por otro, debe evitar que el debate económico convierta a las personas con obesidad en culpables de un problema que también depende de entornos alimentarios, condiciones laborales, pobreza, educación, acceso a atención médica y políticas públicas.
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