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Los desacuerdos forman parte de cualquier relación estable. Ante una diferencia, una persona puede intentar imponer su posición, ceder constantemente para evitar problemas o buscar una alternativa aceptable para ambos.

Esta última opción no significa que cada integrante tenga que renunciar a la mitad de lo que quiere. Llegar a un acuerdo implica comprender qué necesita realmente cada uno y encontrar una solución que tenga en cuenta a las dos partes. 

El material que sirve de punto de partida para este artículo destaca precisamente el trabajo en equipo, la apertura a otras opiniones y la disposición a modificar la posición propia como elementos centrales de una negociación saludable.

Uno de los obstáculos aparece cuando la conversación se convierte en una batalla para determinar quién tiene razón. 

El psicólogo e investigador John M. Gottman, cuyo trabajo es citado en el material original, plantea que manejar bien un conflicto exige estar dispuesto a recibir la influencia de la pareja y considerar seriamente su punto de vista.

El Gottman Institute sostiene que las relaciones saludables no se caracterizan por la ausencia de desacuerdos, sino por la capacidad de discutirlos sin deteriorar el vínculo.

Entre las habilidades que propone están escuchar, aceptar influencia, reducir la intensidad de la discusión y negociar compromisos. Investigaciones sobre satisfacción marital también han encontrado que la comunicación y las habilidades para resolver conflictos están estrechamente relacionadas con la calidad percibida de la relación, aunque estas asociaciones no significan que exista una fórmula única aplicable a todas las parejas.

También importa cómo comienza una conversación difícil. Una queja concreta —“me preocupa cómo estamos distribuyendo los gastos”— abre un espacio muy distinto al ataque personal —“eres irresponsable con el dinero”—.

El enfoque de Gottman denomina a esta estrategia un inicio suave: describir el problema, explicar cómo nos hace sentir y pedir lo que necesitamos sin convertir la conducta de la otra persona en un juicio sobre su carácter. 

El tono inicial no garantiza que una conversación termine bien, pero empezar con acusaciones, sarcasmo o desprecio aumenta las posibilidades de que la otra persona responda a la defensiva. 

Cuando la tensión aumenta demasiado, también puede resultar útil interrumpir temporalmente la discusión, recuperar la calma y retomarla posteriormente en mejores condiciones.

Una estrategia práctica consiste en separar lo realmente importante de aquello en lo que podemos ser flexibles. Cada miembro de la pareja puede identificar qué necesita preservar, en qué aspectos estaría dispuesto a ceder y qué objetivos tienen ambos en común. 

El artículo original propone incluso escribir dos columnas —los puntos negociables y los que se consideran difíciles de modificar— y después compararlas para visualizar las coincidencias. Este ejercicio puede cambiar la pregunta de “¿quién gana?” por otra más productiva: “¿qué solución podemos construir?”. 

No todos los conflictos tendrán una respuesta perfecta. Algunos problemas recurrentes pueden necesitar más manejo que resolución definitiva, una distinción que también forma parte del enfoque desarrollado por Gottman para las parejas.

Llegar a acuerdos, finalmente, requiere aceptar que cambiar de opinión no equivale a perder. Una pareja puede descubrir una opción que ninguno había considerado al comienzo o comprobar que la propuesta del otro funciona mejor de lo esperado. 

El objetivo de negociar no debería ser contabilizar quién cedió más veces, sino crear la sensación de que las decisiones importantes pertenecen a ambos. 

Estudios que han observado directamente discusiones entre parejas muestran que el tipo de problema, su dificultad y la forma de comunicarse pueden modificar considerablemente el grado de negatividad o colaboración durante una conversación. 

Cuando las discusiones se vuelven repetidamente hostiles, existe miedo, control, violencia o resulta imposible abordar los problemas sin causar daño, el conflicto deja de ser simplemente una cuestión de aprender a negociar y puede requerir ayuda profesional especializada.

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