Mireia Grossmann, fisioterapeuta especialista en suelo pélvico
MADRID, ESPAÑA / DIARIO DE SALUD. — Hay preguntas que pocas personas se atreven a hacer en voz alta. ¿Existe vida sexual después de los 60? ¿Puede una mujer después de la menopausia reconectar con su placer? ¿Qué pasa cuando el cuerpo cambia y nadie ha explicado qué hacer con eso? Mireia Grossmann lleva más de dos décadas respondiendo esas preguntas, primero en consulta, después en talleres y libros, y ahora también desde las redes sociales donde la siguen más de 150.000 personas.
Nacida en Barcelona en 1966, Grossmann es fisioterapeuta, fisiosexóloga y osteópata, conferenciante desde hace más de 10 años y autora de dos libros sobre salud femenina: El suelo pélvico al descubierto (RBA, 2020) y Menopausia. No hay reglas (Ara Llibres, 2024). En 2025, el Collegi de Fisioterapeutes de Catalunya la reconoció con el Premio a la Fisioterapeuta del Año por su labor divulgativa, y la Asociación HERA de Menopausia y Osteoporosis le otorgó el Premio a la Divulgación del Universo Menopausia.
Su punto de partida fue, como el de tantas mujeres a las que acompaña, el desconocimiento. Estudió Fisioterapia a los 40 años, y fue una asignatura optativa sobre salud de la mujer la que cambió el rumbo de su vida profesional: descubrió que no sabía nada del suelo pélvico, ella que llevaba más de 20 años vinculada al mundo del cuerpo. De ese impacto nació una vocación que hoy define su trabajo por completo.
El silencio detrás de la incontinencia
«Cuando las personas llegan a consulta o asisten a los talleres, empiezan a hablar mucho de las incontinencias, pero detrás normalmente siempre hay un problema sexual», explica Grossmann. Y añade: «Si en la incontinencia hay silencios, en el mundo sexual hay un silencio absoluto». Es ese silencio el que lleva años trabajando para romper.
La especialista señala un error conceptual de fondo en cómo la cultura entiende el cuerpo femenino.
«Nuestra cultura entiende el mundo sexual en la vagina, pero la naturaleza no lo ve así, porque la vagina es el canal de parto y pertenece al sistema reproductor. Y cuando las mujeres dejan de poder reproducirse, la naturaleza recoge todo lo relacionado con la reproducción para ahorrar energía, y en ese lote incluye la vagina. Pero hoy en día tenemos tecnología, conocimientos y la posibilidad de mantener la vagina viva. Sin ninguna duda», afirma.
Por qué las parejas mayores dejan de tocarse
El diagnóstico que Grossmann describe desde la consulta es directo y frecuente. «Llega una pareja a consulta, ves que se quieren, que él es sensible, y te dice que le hace daño a su mujer, pero que no sabe qué hacer. Y eso hay que acompañarlo con una sexualidad más allá del agujero. La gente ya no se toca, no se abraza, no se huele ni se pellizca el culo, y las parejas se convierten en compañeros de piso. Y pasa a todas las edades, pero es mucho más frecuente en personas mayores, que entran en un ritmo de convivencia pacífica», describe.
La raíz del problema, según Grossmann, es estructural. «Como la sexualidad históricamente ha girado en torno a la vagina y la penetración, si no acompañamos a la gente más allá del coito, cuando cae la penetración, cae todo». A eso se suma la realidad hormonal de ambos: una vagina en posmenopausia con déficit estrogénico que puede generar dolor, y hombres cuyas erecciones ya no son las de antes. Si el único modelo conocido es la penetración, el resultado es el abandono de la vida sexual.
Cambiar las palabras para cambiar el mapa mental
Grossmann trabaja con un obstáculo que conoce bien: el peso de ciertas palabras. «Para las mujeres la palabra ‘masturbación’ tiene una carga negativa. Aunque sepamos que es algo muy sano, llevamos demasiados años con ese peso. Y yo siempre les digo que cambien de palabra», explica. El mismo problema ocurre con el concepto de sexo: si lleva implícito el modelo tradicional de penetración, resulta imposible imaginar otro. La propuesta es concreta: «En vez de sexo, se le puede llamar experiencia erótica. No tiene forma y no sabes ni qué pasará».
También desmonta mitos construidos durante décadas: «Todos los tópicos sexuales están pensados para normalizar mentiras, como que las parejas tienen orgasmos simultáneos cuando se quieren de verdad. Eso, fisiológicamente, no es real. O que el sexo sin penetración no es sexo. Todos esos tópicos están creados para reforzar la penetración como único modelo».
El orgasmo terapéutico: fisioterapia vaginal sin pareja
Uno de los conceptos más llamativos que maneja Grossmann es el del orgasmo terapéutico, y su explicación es puramente fisiológica. «La vagina es un tubo muscular, pero es una musculatura automática y lisa, no se puede contraer voluntariamente, necesita un tipo de estímulo. Es el mismo tipo de músculo que el estómago o los intestinos. Y todos los músculos han nacido para contraerse; cualquiera que no lo haga, se atrofiará. Por eso hablamos de orgasmos terapéuticos: estás haciendo gimnasia vaginal. Y para eso no necesitas a nadie», explica.
Para quienes parten de cero, su primera recomendación es la lectura. «No hay nada más excitante que la imaginación: libros de contenido erótico, novelas románticas o cualquier lectura que encienda el calor del bajo vientre. Hace que las mujeres se despierten. Y donde se encienda la luz, que investiguen», dice.
Un cambio que ya se nota en consulta
Grossmann observa una transformación generacional en las mujeres que llegan hoy. «Antes la mujer tiraba la toalla y daba un paso al lado, y ahora ya lo pone sobre la mesa. Las mujeres ahora quieren placer en su vida, porque ya sabemos que el placer es lícito, y no quieren depender de que haya otra persona. Ahora tengo personas mayores que han aprendido a darse placer, a dormir sin ropa interior y reconectar con su cuerpo», señala.
Desde su sitio web y sus cursos online, Grossmann acompaña procesos que van desde pequeñas intervenciones hasta programas completos como el Viaje a la Plenipausia, dirigidos a mujeres que quieren reconectar con su cuerpo desde el conocimiento, no desde el miedo.
Su mensaje de fondo es coherente con toda su trayectoria: la sexualidad no termina con la menopausia, no depende de la pareja, no requiere ningún modelo preestablecido. Requiere, eso sí, conocimiento, vocabulario nuevo y la disposición de explorar un mapa que nadie enseñó.
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