La psicóloga, divulgadora y autora del libro El cerebro necesita abrazos, Ana Asensio
SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- Los videos de pocos segundos, el desplazamiento infinito en redes sociales y la búsqueda permanente de nuevos estímulos digitales están transformando la manera en que millones de personas interactúan con el mundo, aprenden e incluso se relacionan consigo mismas.
Así lo advirtió la psicóloga, divulgadora y autora del libro El cerebro necesita abrazos, Ana Asensio, quien alertó sobre las consecuencias que puede tener la exposición prolongada a este tipo de contenido, cada vez más presente en plataformas digitales utilizadas diariamente por niños, adolescentes y adultos.
Durante una entrevista concedida a NotiPress, la especialista afirmó que las aplicaciones digitales están diseñadas para aprovechar los mecanismos cerebrales vinculados a la recompensa inmediata, favoreciendo que los usuarios permanezcan conectados durante largos períodos de tiempo.
Según explicó, el problema no reside únicamente en el uso de la tecnología, sino en el espacio que esta termina ocupando en la vida cotidiana, desplazando actividades fundamentales para el bienestar físico y emocional, como el descanso, la convivencia familiar, la lectura, el ejercicio y las relaciones personales.
“Los vídeos cortos matan al cerebro, pero literal, no aprendes nada, pierdes atención”, afirmó Asensio durante la entrevista.
La atención, una víctima silenciosa
La psicóloga señaló que uno de los efectos más preocupantes de este fenómeno es el deterioro progresivo de la capacidad de concentración.
Explicó que la atención constituye un elemento esencial para el aprendizaje, la memoria y el desarrollo de habilidades cognitivas complejas. Sin embargo, cuando el cerebro se acostumbra a recibir estímulos rápidos, constantes y fragmentados, resulta cada vez más difícil sostener la concentración durante períodos prolongados.
De acuerdo con la especialista, la velocidad con la que se consume actualmente la información limita la capacidad de procesarla en profundidad y dificulta la selección consciente de contenidos relevantes.
Este escenario puede traducirse en una menor capacidad para reflexionar, analizar y consolidar conocimientos, especialmente entre las generaciones más jóvenes que han crecido en entornos altamente digitalizados.
La ilusión de estar conectado
Asensio también alertó sobre otro fenómeno que considera cada vez más frecuente: la falsa sensación de conexión social.
Aunque las redes sociales y las aplicaciones de mensajería permiten mantener contacto con cientos o incluso miles de personas, la experta sostiene que esta interacción no necesariamente se traduce en relaciones significativas o emocionalmente satisfactorias.
“Realmente crees que estás bien cuando estás conectado, pero estás desconectadísimo de todo, empezando de ti”, aseguró.
La autora denomina esta situación como un “vacío tecnológico existencial”, una sensación de desconexión interna que puede permanecer oculta detrás de una intensa actividad digital.
Según explicó, esta desconexión impulsa a muchas personas a buscar constantemente nuevas fuentes de gratificación inmediata, ya sea mediante redes sociales, compras en línea, videojuegos, contenido audiovisual o cualquier actividad capaz de proporcionar recompensas rápidas al cerebro.
Un experimento revelador
Como ejemplo de los efectos que puede tener la reducción del uso de pantallas, Asensio mencionó un caso analizado mediante electroencefalogramas y diversas evaluaciones comparativas.
La experiencia consistió en que una persona eliminara el uso de pantallas durante un mes completo.
Los resultados, según relató la especialista, mostraron mejoras significativas en distintos aspectos de su vida cotidiana.
Entre los cambios observados destacaron una mejor calidad del sueño, una mayor capacidad de concentración y una recuperación progresiva de actividades presenciales que habían sido abandonadas con el tiempo.
Asimismo, la persona retomó conversaciones familiares más frecuentes y volvió a dedicar tiempo a pasatiempos que había dejado de practicar.
Tecnología sí, dependencia no
A pesar de sus advertencias, la psicóloga aclaró que la tecnología no debe ser vista como un enemigo.
Por el contrario, considera que puede convertirse en una herramienta extraordinariamente útil cuando se utiliza de manera consciente y equilibrada.
La clave, según sostiene, consiste en evitar que las plataformas digitales sustituyan aspectos esenciales de la experiencia humana.
Para ello, recomienda preservar espacios destinados al descanso, la reflexión personal, el contacto social presencial y el desarrollo de actividades alejadas de las pantallas.
En un contexto donde los estímulos digitales son cada vez más intensos y permanentes, Asensio considera que proteger la atención y fortalecer los vínculos humanos se ha convertido en una necesidad urgente para preservar la salud mental.
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