Alzhu00e9imer en Diario de Salud

Imagen ilustrativa/ 123RF

SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- En la investigación médica moderna existe una regla que rara vez se cuestiona: si un medicamento no demuestra beneficios estadísticamente significativos en un ensayo clínico, se considera un fracaso.

Durante décadas, esta lógica ha guiado el desarrollo de tratamientos para enfermedades cardiovasculares, cáncer, trastornos neurológicos y prácticamente cualquier condición médica.

Pero una nueva investigación publicada en la revista científica Genomic Psychiatry plantea una pregunta incómoda: ¿qué ocurre si las estadísticas están ocultando resultados importantes que afectan a determinados grupos de pacientes?

Ese es precisamente el caso del davunetide, un medicamento experimental que durante años despertó grandes expectativas en la lucha contra enfermedades neurodegenerativas relacionadas con la proteína tau, entre ellas el alzhéimer.

Tras fracasar en uno de los mayores ensayos clínicos realizados para este tipo de patologías, el compuesto fue prácticamente abandonado.

Ahora, un equipo liderado por la profesora Illana Gozes, directora del Laboratorio Elton de Neuroendocrinología Molecular de la Universidad de Tel Aviv, sostiene que la historia podría no haber terminado.

Un fracaso que escondía una anomalía

El davunetide fue diseñado para proteger las neuronas estabilizando los microtúbulos, estructuras microscópicas que funcionan como sistemas de transporte dentro de las células nerviosas.

La teoría era prometedora.

Al preservar estas «autopistas celulares», el fármaco podría ralentizar el deterioro neuronal característico de enfermedades como el alzhéimer y otras tauopatías.

Sin embargo, cuando fue sometido a ensayos clínicos en humanos, los resultados globales no mostraron beneficios suficientes para justificar su desarrollo.

A simple vista, parecía otro candidato fallido en la larga lista de tratamientos que no lograron vencer a las enfermedades neurodegenerativas.

Pero al revisar los datos con mayor detalle, los investigadores detectaron algo inesperado.

Cuando los resultados se analizaban por sexo, las mujeres parecían experimentar beneficios clínicos que no se observaban en los hombres.

La diferencia era suficientemente llamativa como para plantear una hipótesis inquietante: quizá el medicamento no había fracasado en todos los pacientes.

El experimento que cambió la perspectiva

Para investigar esta posibilidad, el equipo diseñó un estudio destinado a seguir el recorrido exacto del medicamento una vez administrado.

Utilizando marcadores fluorescentes y técnicas avanzadas de imagen en vivo, los científicos observaron cómo el davunetide era absorbido por ratones machos y hembras.

Pero añadieron una variable que históricamente ha recibido poca atención en muchos estudios farmacológicos: el ciclo hormonal femenino.

Los resultados mostraron diferencias notables.

Durante las fases del ciclo estral en las que los niveles de estrógeno alcanzaban sus valores más altos, las hembras absorbían significativamente más cantidad de medicamento en determinadas regiones cerebrales que los machos.

Cuando los niveles hormonales descendían, esa ventaja desaparecía.

El hallazgo sugería que los estrógenos estaban modificando directamente la capacidad del organismo para transportar el medicamento hacia el cerebro.

El papel de las hormonas

Según los investigadores, el estrógeno podría influir en múltiples mecanismos biológicos relacionados con la absorción y distribución del fármaco.

“Estas diferencias específicas de sexo probablemente reflejan una combinación de regulación hormonal, distribución de tejidos, fisiología nasal y función de la barrera hematoencefálica”, explicó la profesora Illana Gozes.

La barrera hematoencefálica es una estructura altamente especializada que protege al cerebro de sustancias potencialmente dañinas presentes en la sangre.

Sin embargo, también puede dificultar la llegada de medicamentos destinados al sistema nervioso central.

Los autores sugieren que las fluctuaciones hormonales podrían alterar temporalmente la permeabilidad de esta barrera, facilitando o limitando el acceso del tratamiento al tejido cerebral.

Cuando los datos humanos confirmaron la tendencia

Conscientes de que los resultados en animales no siempre se reproducen en personas, los investigadores buscaron evidencia adicional en estudios previos realizados con voluntarios humanos.

Aunque el número de participantes era limitado, los datos mostraron un patrón similar.

Las mujeres alcanzaban concentraciones máximas del medicamento en sangre aproximadamente dos veces superiores a las observadas en los hombres.

En contraste, los hombres retenían el compuesto durante más tiempo en su organismo.

Para los investigadores, esta coincidencia refuerza la posibilidad de que las diferencias observadas tengan una base biológica real y no sean producto del azar.

Más allá de un solo medicamento

Las implicaciones del estudio van mucho más allá del davunetide.

El alzhéimer afecta aproximadamente al doble de mujeres que de hombres en gran parte del mundo.

A pesar de ello, numerosos ensayos clínicos continúan diseñándose bajo esquemas que no siempre consideran las diferencias biológicas entre sexos o el impacto de los cambios hormonales.

Los autores advierten que esta práctica podría estar provocando la pérdida de tratamientos potencialmente eficaces para grupos específicos de pacientes.

“La optimización de las estrategias neuroprotectoras requerirá una consideración deliberada del sexo biológico como una variable central”, concluyen los investigadores.

Un debate que trasciende al alzhéimer

Durante décadas, gran parte de la investigación biomédica utilizó al cuerpo masculino como modelo de referencia para evaluar tratamientos, dosis y respuestas farmacológicas.

Sin embargo, un creciente número de estudios ha demostrado que hombres y mujeres pueden metabolizar medicamentos de manera diferente, presentar efectos secundarios distintos y responder de forma desigual a determinados tratamientos.

El caso del davunetide se suma ahora a esa evidencia.

Más que rescatar un medicamento olvidado, el hallazgo plantea una cuestión fundamental para la medicina del futuro: si la biología individual modifica la respuesta terapéutica, los tratamientos podrían necesitar ser diseñados y evaluados de forma mucho más personalizada.

Y en esa nueva era de la medicina de precisión, variables como el sexo biológico, las hormonas e incluso el momento del ciclo menstrual podrían resultar tan importantes como la propia enfermedad que se intenta tratar.

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