SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.– Una persona puede sentirse bien y, al mismo tiempo, acumular durante años factores que aumentan su probabilidad de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular.
Con motivo del Día Mundial del Corazón, que se conmemora cada 29 de septiembre, Hospiten Santo Domingo llamó a reforzar la prevención mediante evaluaciones periódicas y el conocimiento de indicadores como presión arterial, colesterol LDL, glucosa o hemoglobina glicosilada, peso y circunferencia abdominal.
La recomendación coincide con la evidencia internacional: la Organización Mundial de la Salud (OMS) mantiene a las enfermedades cardiovasculares como la principal causa de muerte en el mundo y calcula que provocaron 19,8 millones de defunciones en 2022, alrededor del 32 % del total global.
La doctora Wanda Peña, FACC, cardióloga, ecocardiografista y encargada de Cardiología de Hospiten Santo Domingo, sostiene que el infarto y el accidente cerebrovascular suelen representar el resultado final de alteraciones que comenzaron mucho antes de la emergencia.
Entre los factores que requieren seguimiento señaló hipertensión, colesterol LDL elevado, diabetes tipo 2, obesidad abdominal, sedentarismo, tabaquismo y alimentación inadecuada. La OMS respalda que presión arterial, glucosa y lípidos elevados, junto con sobrepeso y obesidad, son indicadores medibles que permiten identificar un mayor riesgo cardiovascular; también señala al tabaco, la mala alimentación y la inactividad física entre los principales factores modificables.
La prevención no depende exclusivamente de medicamentos o pruebas diagnósticas. Peña recomendó reducir el consumo de sal presente en productos procesados, limitar bebidas azucaradas y frituras, evitar tabaco y vapeo, mantener un descanso adecuado y realizar actividad física regularmente.
La recomendación de acumular entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, acompañada de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana, coincide con las guías de actividad física de la OMS. Caminar regularmente puede contribuir a alcanzar esas metas, aunque las necesidades individuales pueden variar según edad, condición física y enfermedades existentes.
La prevención cambia a una situación de emergencia cuando aparecen determinadas señales. Presión, opresión o dolor en el centro del pecho, dificultad respiratoria, sudor frío, náuseas, mareos o molestias que alcanzan brazos, espalda, cuello, mandíbula o estómago pueden acompañar un infarto.
Una caída repentina de un lado del rostro, debilidad o entumecimiento de un brazo, alteraciones del habla, pérdida súbita del equilibrio o cambios bruscos de la visión pueden advertir de un accidente cerebrovascular.
La Asociación Americana del Corazón recomienda llamar inmediatamente al servicio de emergencias ante estos signos, incluso cuando los síntomas neurológicos desaparezcan.
Para quienes no presentan síntomas de alarma, Hospiten plantea iniciar la valoración preventiva con historia clínica y examen físico y, de acuerdo con el riesgo individual, considerar mediciones de presión, perfil lipídico, glucosa y hemoglobina glicosilada, función renal, peso, circunferencia abdominal y electrocardiograma.
Peña resume el enfoque en actuar antes de que aparezca una complicación: controlar los factores modificables, mantener los tratamientos prescritos y continuar el seguimiento aun cuando el paciente se encuentre bien.
La OMS coincide en que la detección temprana y el tratamiento oportuno forman parte de las medidas fundamentales para reducir las complicaciones cardiovasculares.
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