NUEVA YORK,EE.UU./ DIARIO DE SALUD.- Investigadores de la Icahn School of Medicine at Mount Sinai, en Nueva York, identificaron un mecanismo molecular que podría ayudar a explicar por qué los nervios dañados, especialmente los del sistema nervioso central, tienen una capacidad tan limitada para regenerarse.
El estudio señala al receptor de hidrocarburos de arilo (AhR o AHR) como una especie de “freno” neuronal: después de una lesión, esta proteína activa mecanismos que ayudan a la célula nerviosa a manejar el estrés y conservar su estabilidad, pero simultáneamente restringe el crecimiento de los axones, las prolongaciones que permiten a las neuronas transmitir señales.
El trabajo fue publicado originalmente el 1 de abril de 2026 en Nature, DOI 10.1038/s41586-026-10295-z.
El equipo, dirigido por Hongyan Zou, profesora de Neurocirugía y Neurociencia de Mount Sinai, utilizó aproximaciones genéticas y farmacológicas para reducir la actividad de AHR. Cuando eliminaron el receptor específicamente de determinadas neuronas o utilizaron compuestos que bloqueaban su señalización, los axones crecieron más que en los grupos de control.
En uno de los experimentos con neuronas de ganglios de la raíz dorsal, la eliminación genética de AHR aumentó aproximadamente un 70 % la longitud máxima de las neuritas en cultivo. En ratones con lesión del nervio ciático, los animales sin AHR neuronal mostraron axones regenerativos más largos y una recuperación funcional más rápida; también observaron mayor crecimiento axonal y mejores resultados motores y sensoriales después de una lesión por contusión de la médula espinal.
Los experimentos permitieron además explicar por qué existe esta aparente contradicción entre protección y reparación. Tras una lesión, AHR favorece programas de proteostasis, es decir, mecanismos destinados a mantener la calidad y estabilidad de las proteínas mientras la neurona enfrenta estrés celular. Ese proceso puede ayudarla a sobrevivir, pero reduce la producción de nuevas proteínas necesarias para reconstruir los axones.
Cuando los investigadores bloquearon AHR, las neuronas cambiaron de prioridad: aumentaron la síntesis proteica, activaron señales asociadas al crecimiento y utilizaron una vía dependiente de HIF-1α, un regulador que participa en respuestas metabólicas e hipoxia. “Descubrimos que AHR funciona como un freno que desplaza a las neuronas hacia el manejo del estrés en lugar de reconstruir las conexiones dañadas”, explicó Zou.
El hallazgo también resulta llamativo porque AHR es conocido principalmente como un receptor capaz de responder a toxinas ambientales, compuestos dietéticos y metabolitos. El nuevo estudio amplía ese papel y lo sitúa dentro de los mecanismos que deciden si una neurona lesionada prioriza sobrevivir o regenerarse. Sin embargo, no todos los experimentos produjeron el mismo grado de beneficio: el efecto dependió del momento en que se bloqueaba AHR, del tipo de lesión y del compuesto utilizado.
El propio artículo señala que aún deben estudiarse la especificidad de los fármacos, su distribución en el organismo, posibles efectos secundarios y qué tipos de neuronas responden mejor. Esto es especialmente importante porque AHR también cumple funciones en inmunidad, metabolismo y protección celular.
La investigación abre una posible vía para desarrollar tratamientos futuros contra lesiones de nervios periféricos y médula espinal, pero todavía existe una distancia considerable hasta llegar a pacientes. Algunos inhibidores de AHR ya han sido evaluados clínicamente en seres humanos por razones completamente diferentes, principalmente en oncología.
Por ejemplo, BAY 2416964, uno de los compuestos examinados también experimentalmente en el trabajo neuronal, pasó por ensayos de fase 1 en cáncer avanzado; uno de ellos concluyó y otro fue terminado en 2025. Esto aporta información previa sobre el uso de inhibidores de AHR en humanos, pero no demuestra que sean seguros o eficaces para regenerar nervios.
Mount Sinai plantea ahora estudiar con mayor precisión inhibidores farmacológicos y estrategias de terapia génica dirigidas específicamente a las neuronas antes de considerar ensayos para lesiones neurológicas.
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