Fibra en Diario de Salud

Imagen ilustrativa  123RF

NUEVA YORK,EE.UU./ DIARIO DE SALUD.- Las dietas ricas en alimentos vegetales pueden modificar no solo qué microorganismos habitan el intestino, sino también las sustancias que estos producen. 

Investigadores de Princeton University y del Ludwig Institute for Cancer Research identificaron un papel hasta ahora poco estudiado de ciertas proteínas vegetales resistentes a la digestión, que llegan al intestino grueso y son utilizadas por las bacterias. 

El trabajo, encabezado por Jenna E. AbuSalim y Joshua D. Rabinowitz, fue publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) y concluye que estas proteínas, junto con la fibra, pueden desplazar el metabolismo microbiano hacia compuestos asociados con perfiles metabólicos más favorables. 

El estudio apareció en línea el 27 de julio de 2026 y en la edición del 11 de agosto de la revista.

El equipo siguió mediante isótopos estables el destino de diferentes proteínas y descubrió una especie de competencia por el alimento dentro del intestino. Cuando los microbios disponían de fibra y proteínas dietéticas resistentes a la digestión, producían más 3-fenilpropionato y ácido hipúrico, metabolitos derivados de la fenilalanina que han sido asociados en investigaciones previas con características metabólicas favorables. 

En cambio, el sulfato de fenol y el sulfato de p-cresol, considerado este último una toxina urémica relevante particularmente en la enfermedad renal, procedían del procesamiento bacteriano de proteínas del propio huésped, incluidas las presentes en la mucosa intestinal. La fibra redujo esa degradación de proteínas secretadas por el organismo y, con ello, la producción de esos metabolitos derivados de la tirosina.

AbuSalim y sus colegas denominaron “Prif” a estas proteínas resistentes a la digestión por su capacidad de comportarse, en determinados aspectos, de manera similar a la fibra. La investigadora considera que podrían constituir una nueva categoría de nutrientes capaces de influir sobre la composición y actividad metabólica del microbioma. 

Rabinowitz llegó a plantear que, si futuras investigaciones confirman su relevancia nutricional, algún día el contenido de Prif podría aparecer en el etiquetado de los alimentos junto a la fibra. 

Esa posibilidad es todavía especulativa: el estudio de PNAS demuestra mecanismos metabólicos principalmente mediante experimentación animal y no establece que consumir determinados niveles de Prif reduzca por sí mismo el riesgo de enfermedad en personas.

Un segundo estudio del mismo equipo, publicado el 23 de junio de 2026 en Nature Metabolism, cuestionó además otra idea ampliamente aceptada: que numerosos metabolitos de indol y fenol encontrados en la circulación proceden exclusivamente de las bacterias intestinales. 

Mediante marcadores isotópicos en ratones, ratas y células de mamíferos, los investigadores comprobaron que el propio organismo puede producir cantidades importantes de compuestos como indol-3-lactato, indol-3-acetato y varios metabolitos derivados de la fenilalanina y la tirosina, independientemente de la microbiota. 

Otros, como el indol-3-propionato, el fenol, el p-cresol y determinados arilpropionatos, sí dependieron de la actividad bacteriana. Los resultados obligan, según los autores, a ser más cautos cuando se atribuyen automáticamente cambios en estos metabolitos al microbioma.

El hallazgo podría resultar importante para el desarrollo futuro de dietas, probióticos o tratamientos destinados a modificar metabolitos concretos, pero los autores reconocen que aún falta trasladar gran parte de estos resultados a estudios humanos. 

En el trabajo de Nature Metabolism, la evidencia clínica incluyó un análisis retrospectivo de 169 pacientes, de los cuales solo 13 tenían un antibiótico detectado en circulación, además de tres pacientes con leucemia mieloide aguda estudiados durante cambios intensos de la microbiota provocados por antibióticos. 

Rabinowitz, director de la filial de Princeton del Ludwig Institute y profesor de Química y del Lewis-Sigler Institute for Integrative Genomics, sostiene que comprender exactamente qué componentes de la dieta controlan determinados procesos microbianos será necesario antes de diseñar intervenciones terapéuticas precisas.

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