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SANTIAGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- El colesterol no es una sustancia que el organismo deba eliminar por completo: participa en la formación de las membranas celulares y en otras funciones esenciales. El problema aparece cuando determinadas lipoproteínas, principalmente las LDL, permanecen elevadas y favorecen el depósito de colesterol en las paredes arteriales. 

La cardióloga María Alejandra López, de Clínica Corominas, explicó que ese proceso puede terminar formando placas de aterosclerosis capaces de obstruir arterias del corazón, cerebro y extremidades. 

La American Heart Association (AHA) confirma que un LDL elevado incrementa el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular y que, con frecuencia, no produce síntomas, por lo que necesita ser medido mediante análisis de sangre.

Una de las claves, según López, es que no existe una cifra de LDL adecuada para todos. Durante la entrevista señaló que una persona de menor riesgo puede manejar objetivos cercanos a 100 mg/dL, mientras pacientes con enfermedad cardiovascular establecida pueden necesitar valores inferiores a 55 mg/dL e incluso objetivos más agresivos en situaciones seleccionadas. 

Las nuevas guías ACC/AHA de 2026 respaldan esa individualización: establecen una meta inferior a 100 mg/dL para riesgo limítrofe o intermedio, menos de 70 mg/dL para riesgo alto y menos de 55 mg/dL para pacientes con enfermedad cardiovascular aterosclerótica de muy alto riesgo

La Sociedad Europea de Cardiología contempla niveles cercanos a 40 mg/dL únicamente en escenarios de riesgo extremo, como determinados pacientes que sufren nuevos eventos vasculares pese al tratamiento, por lo que no debe presentarse como una meta general.

“El colesterol básicamente no da síntomas”, advirtió López, quien insistió en la importancia de conocer los valores individuales y prestar especial atención a antecedentes familiares, diabetes, hipertensión, tabaquismo y enfermedad cardiovascular previa. Ese énfasis coincide con las recomendaciones actuales, aunque la frecuencia de los controles debe individualizarse. 

La AHA señala que para la mayoría de los adultos de bajo riesgo resulta adecuado medir el colesterol aproximadamente cada cinco años desde los 19 años, mientras las personas con factores de riesgo pueden necesitar controles más frecuentes.

También recomienda que los niños que todavía no hayan sido evaluados tengan una primera medición entre los 9 y 11 años, con evaluación más temprana cuando existe riesgo de hipercolesterolemia familiar. Los perfiles lipídicos, además, pueden realizarse en muchas situaciones sin ayuno, algo que López también destacó durante la entrevista.

Cuando las modificaciones en alimentación, ejercicio y peso no permiten alcanzar la meta necesaria, entran en juego los medicamentos. 

López identificó las estatinas como la base del tratamiento y mencionó alternativas como ezetimiba, ácido bempedoico e inclisirán para pacientes que necesitan una reducción adicional. Aquí es necesaria una precisión: las estatinas no reducen habitualmente el LDL solo entre 10 % y 30 %, como se plantea en un momento de la conversación. Las de intensidad moderada producen reducciones aproximadas de 30-49 %, mientras las de alta intensidad pueden alcanzar 50 % o más.

Inclisirán, por su parte, se administra inicialmente, nuevamente a los tres meses y después cada seis meses; reduce considerablemente el LDL, aunque las guías estadounidenses de 2026 advierten que todavía continúan estudios destinados a determinar en qué medida esa reducción se traduce directamente en menos eventos cardiovasculares.

La especialista cerró con una recomendación sencilla: “conocer sus números”, mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física y no suspender por cuenta propia la medicación prescrita, especialmente cuando ya existe enfermedad arterial. 

La recomendación de acumular al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada coincide con la AHA. En materia de alimentación, las guías ponen especial énfasis en reducir grasas saturadas y trans y favorecer alimentos vegetales, proteínas saludables y grasas insaturadas. 

Tampoco existe fundamento para convertir un solo alimento en el “culpable” universal del colesterol: la AHA admite un consumo moderado de huevos dentro de una dieta saludable, mientras el riesgo debe evaluarse considerando el patrón alimentario completo y las características de cada paciente.

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